16 nov. 2011

Sepan quantos esta entrada vieren...

..como tengo bastantes ideas para entradas en el tintero y no me pongo a ello. Probablemente hayáis notado que llevo un tiempo sin escribir. O no. La cuestión es: por motivos personales (1) voy a seguir sin escribir al menos hasta el día 17 de diciembre.

No es un período de tiempo dilatado en exceso, incluso he pensado en no decir nada, pero prefiero avisar, que los blogs en situación de semiabandono quedan muy feos y dan mucha lástima. Este está vivo y con muchas ganas por mi parte, pero ¡ah!, la Rueda de la Fortuna es cruel. Así que no es un hasta luego blogger ni nada por el estilo. Casi ni llega a parada técnica. Volveré.


1. "Motivos personales" es una forma elegante de referirme a los mercaos horas de biblioteca y  a un infierno muchos folios por delante.

18 oct. 2011

Sucede que Uriel, del blog vecino Saber Historia a tenido a bien conceder un premio a éste, mi humilde blog. Premio que lleva aparejado ¡un juego de memes! (hacía tiempo que no veía yo uno). La cuestión es la siguiente: tengo que sincerarme con el respetable, diciendo tres verdades y tres mentiras sobre uno mismo, luego haré extensible el premio a otros cinco blogs.

3 mentiras:

- Me llamo Hans.
- Soy alemán.
- La Montaña Mágica me parece un libro entretenidísimo.

3 verdades:

- No, no me llamo Hans Helm en realidad, es mi pseudónimo interneteiro de toda la vida (desde que empecé con el Messenger hace muchos, muchos años). Y es sólo la "germanización" chusca de mi nombre. Que igual podría haberlo latinizado. Pero eso estaría más visto.

- Nací en los 80. Así que a diferencia del "internauta" (sea lo que sea que eso signifique) medio no los recuerdo demasiado ni me dan demasiada nostalgia. A ver cuando se puede empezar a reivindicar los 90.

- Cuña propagandística: mi grupo favorito desde hace ya algún tiempo es Camel.

Y por último el premio. La verdad es que tampoco quiero que nadie se sienta obligado a confesar cosas deshonrosas, así que simplemente aprovecho para hacer una relación de algunos de los blogs que más miro últimamente (NO están todos los que son) y de paso, les animo a que les echen un vistazo:

Cabovolo : blog de viajes y curiosidades del mundo entero con una rica documentación y un excelente criterio a la hora de seleccionar las fotografías que ilustran sus entradas.

La bitácora de Jenri : es mi fuente diaria de actualidad arqueológica.

La Canción de Malapata : blog de ilustración, cortometrajes y pequeños detalles cotidianos sumamente recomendables.

Poder Friki pues eso, como la misma leyenda reza es mi "momento friki" de cinco minutejos diarios. Que no todo va a ser Historia. Furthermore, lo descubrí a través de uno de los mejores blogs de humor ever: Vicisitud y Sordidez.

Salvemos-Málaga : aquí me pongo serio, es la principal guía que sigo a la hora de conocer los desmanes urbanísticos y atentados contra el patrimonio de mi ciudad. Es una alegría de recomendación, lo sé, pero lo sigo y considero que merece atención.

17 oct. 2011

Carlos I el Bueno, Conde de Flandes (1119 -1127)

Occidente tiene una larga tradición de asistencia a los más desfavorecidos, sea por lo que fuere. En la sociedad romana, y hasta la crisis del Bajo Imperio nunca faltaron los repartos gratuitos de pan (y otros productos) a las clases urbanas más bajas; esto se complementaba con la organización de espectáculos para dejarnos la famosa expresión "pan y circo". A día de hoy suelen usarse estas palabras para indicar que se quiere tener entretenida la atención del pueblo de otros asuntos más importantes, pero esta no era la intención primordial de los potentados romanos que organizaban estos eventos: también era una forma de ganarse una reputación a nivel local para ascender en la política municipal, en una cultura, la romana, en la que los méritos y el prestigio lo eran todo.

En la Edad Media, señores laicos y eclesiásticos también procedieron en alguna ocasión al reparto a los más pobres, sobre todo la Iglesia, de cuya importante labor asistencial no se puede dudar. El caso de la Iglesia es curioso, por un lado predicaba la solidaridad con los más desfavorecidos y la practicaba, pero, en caso de subversión del orden social tomaba parte por la clase a la que en realidad pertenencía: la de los señores. Y de hecho, en el mundo lleno de tensiones sociales que fue la sociedad feudal, el resentimiento campesino era mucho más grande contra el clero que contra la nobleza, quizás porque a pesar de las obras de caridad, la distancia entre lo que predicaban y lo que hacían se percibía mejor.

Pero en fin, la asistencia medieval no pasaba de mera limosna en aras de la salvación de la propia alma, y dejaba mucho que desear, en un mundo con un miedo constante a las malas cosechas como veíamos el otro día. En ese contexto aparece la figura de Carlos I el Bueno, Conde de Flandes entre 1119 y 1127.

Vamos a la Wikipedia misma:

Carlos fue hijo de Canuto IV de Dinamarca y Adela de Flandes. Su padre fue asesinado en 1086 y Adela huyó hacia Flandes, llevándose al joven Carlos con ella. Carlos creció en las corte de su abuelo Roberto I y su tío Roberto II. En 1092 Adela se mudó al sur de Italia para casarse con Roger Borsa, duque de Apulia. Carlos al crecer fue nombrado como caballero y acompañó a Tierra Santa a su tío Roberto II en la Primera Cruzada.
En 1111 Roberto II murió, y el primo de Carlos, Balduino VII, se convirtió en conde. Carlos fue un asesor muy cercano del nuevo conde (era varios años mas joven), quien arregló el matrimonio de Carlos en 1118 con la heredera del conde de Amiens, Margarita de Clermont. El conde Balduino (no tenía hijos) fue herido en una batalla en nombre del rey de Francia, Luis IV, en contra de Enrique I de Inglaterra en septiembre de 1118; designó a Carlos como su sucesor antes de morir en julio de 1119.
 
La ciudad de Brujas en 1562. A la derecha se observa la iglesia de San Donaciano, destruida en 1799 durante la Revolución Francesa. Fuente: Wikipedia.

El cronista "oficial", además de mano derecha del recién nombrado conde, fue el clérigo Galberto de Brujas, quien nos cuenta las acciones que llevó a cabo una vez en el poder. En el año 1125 se afanaba por luchar contra el hambre en sus Estados:

«Pero el buen conde se ocupaba de atender las necesidades de los pobres por todos los medios, distribuyendo limosnas en las ciudades y aldeas que dependían de él, ya fuese personalmente o por medio de sus intendentes. Alimentaba cada día a cien pobres de Brujas, entregándoles un gran pan a cada uno desde antes de la cuaresma hasta la nueva cosecha. Tomó las mismas medidas en las demás ciudades suyas. El mismo año el señor conde decretó que en la época de la sementera, quien tuviera dos medidas de tierra debía sembrar una de habas o de guisantes, ya que ese género de plantas es más temprano y produce con mayor rapidez, lo cual permitiría sustentar más pronto a los pobres, si el hambre y la carestía no cesaban durante el año. Del mismo modo había hecho recomendaciones en todo su condado para remediar en el porvenir las necesidades de los pobres en la medida de lo posible. Reprochó a las gentes de Gante su conducta vergonzosa, ya que habían dejado a los pobres morirse de hambre ante sus puertas en vez de darles de comer. Prohibió la fabricación de cerveza para poder alimentar mejor a los pobres. En efecto, ordenó hacer pan con la avena, para que los pobres pudiesen al menos subsistir con pan y agua. Tasó el precio del vino en seis sueldos la cuarta, con el fin de detener la especulación de los mercaderes que, de este modo, se verían obligados a cambiar sus remanentes de vino por otras mercancías, lo que permitiría subsistir más fácilmente a los pobres. Hizo que cada día se tomase de su propia mesa con qué alimentar a ciento trece pobres...».

Castigó a los clérigos que olvidaron sus deberes de distribuir limosnas de alimentos cuando la gran escasez del 1125:

«Sucedió que algunos comerciantes del sur trajeron en un navio una gran cantidad de cereales. Enterados de esto, Lamberto de Straet, caballero, hermano del preboste de San Donaciano, y su hijo Boscardo, compraron a bajo precio todos esos cereales meridionales y, además, todos los diezmos de las colegiales y monasterios de San Winnoc, de San Bertín, de San Pedro el Grande y de San Bavón. Sus graneros quedaron abarrotados de trigo y de toda clase de cereales; y, no obstante, los vendían tan caros que los pobres no podían comprarlos.

Las protestas de la multitud, y en particular las de los pobres, llegaron a oídos del piadoso príncipe Carlos, el cual convocó al preboste y a Lamberto, su hermano, y les preguntó qué cantidad de cereales tenían en sus graneros, reprochándoles su falta de humanidad y su dureza y, sobre todo, su crueldad para con los pobres. El preboste juró entonces al conde que a duras penas tenía para sustentar a sus canónigos durante siete semanas, y Lamberto de Straet que no tendría de qué alimentarse él y su familia durante un mes.

Entonces, el piadoso Carlos ordenó que le entregasen todo su grano y que él se encargaría de alimentar tanto a los canónigos de San Donaciano, con el preboste y su "familia", como a Lamberto con todos los suyos durante medio año. Después el piadoso conde ordenó a Tammard, su limosnero, que abriese todos los graneros del preboste y de Lamberto, que vendiese el grano al pueblo a un precio digno, que lo entregase de balde, por el amor de Dios, a los pobres y a los enfermos y, en fin, que reservase la cantidad suficiente para la alimentación de la colegial de dicho preboste y de su hermano Lamberto con su familia durante un año. [...]

Distribuido el grano, cesó la carestía. Esos cereales bastaron a la ciudad de Brujas, a Ardenburg y a Udenburg durante un año.»


Todo un prohombre. El caso es que Carlos es famoso por su generosidad para con los pobres, que le valió ser beatificado ya en el siglo XIX.Lo más interesante de sus  actuaciones son, sin embargo, las medidas disponiendo la siembra de legumbres, de germinación rápida (aunque en realidad esto ya era una práctica común en la Plena Edad Media, habría que ver si Carlos sólo estaba ratificando lo evidente o es que la costumbre no estaba arraigada en Flandes, por aquello de dedicarse más bien a cultivos especulativos) o la lucha contra la especulación. Otras medidas, como la prohibición de fabricar cerveza me resultan comprensibles, pero a mí, personalmente, me supondrían un enorme dilema.

En su lucha contra los especuladores, el conde no se andaba con chiquitas. El preboste de San Donaciano, Bertulf, y la familia que aparece en el texto pertenecían al  clan Erembald, que se habían hecho de oro a base de especular con el precio del trigo. Carlos intentó reducirles por las malas: reclamándolos como siervos. El final es fácil de imaginar: una mañana del 2 de marzo de 1127, mientras el Conde se encontraba arrodillado rezando en la iglesia de San Donaciano, en Brujas, un grupo de hombres armados entraron en la iglesia y lo golpearon hasta la muerte. Tal era el afecto que el pueblo llegó a sentir por su conde que el acontecimiento fue el detonante de una sublevación popular, a la que siguió el arresto, tortura y muerte de los Erembald a manos de nobles de Brujas y Gante apoyados por Luis VI de Francia, quien quería, y en efecto lo consiguió, colocar a su propio candidato para el Condado de Flandes, pero eso es otra historia.

Personalmente, me ha parecido muy interesante por cuanto Carlos el Bueno demostró no predicar solamente la limosna con el ejemplo, sino intentar acometer reformas (acertadas o no, me temo que va a ser difícil de comprobar) para prevenir la carestía, y no rehúye el enfrentamiento con un grupo influyente en aras de cierta idea del bien común. Aunque no anduvo muy fino, tenía visión de Estado.

Mira que es interesante Flandes, Borgoña y las formaciones "extrañas" medievales. No todo va a ser Inglaterra, Francia y las Cruzadas.

22 sept. 2011

¡Aquí hay una basura suculenta!

Pues resulta que el otro día estaba leyendo este post cuando descubrí que Terry Jones era historiador. No sólo eso, sino que además tenía una serie para la BBC y un libro donde se dedicaba a desmontar mitos sobre la Edad Media. Eso podría resultar sorprendente viniendo del que fuera codirector de Monty Python and the Holy Grail (o Los caballeros de la Mesa Cuadrada), pero no lo es tanto. Y es que esa película, más que una parodia de la Edad Media, es un genial compendio de la imagen de la Edad Media en la cultura popular.


Vamos a detenernos en uno de los aspectos reflejados en el flin y que hasta ahora no había aparecido por el blog: los campesinos.




Seres escrofulosos de cara tiznada revolcándose entre montañas de porquería con dudosa finalidad. Palurdos aporreando una charca a la caza de algún pececillo sin demasiado éxito. Yo pienso que esto hace referencia a una de las imágenes más firmemente arraigadas sobre el campesino medieval: la dureza de su vida. En el imaginario colectivo, además de la opresión de las clases superiores, el hambre y la dureza de las condiciones de vida del campesinado suelen ir asociadas la pobreza técnica, una extremada inadecuación de las herramientas con las que el hombre se enfrentaba a la naturaleza.
El caso es que la vida del campesino medieval ERA bastante dura y abnegada (ello no quita para que siempre hubiera campesinos más espabilados que llegaban a acumular riqueza, del mismo modo que había miembros de la baja nobleza con apuros económicos, aunque no fuera la norma). Pero por otras causas.

La vida del hombre desde que decidió dejar la caza y la recolección y dedicarse a arrancarle cosas a la tierra nunca fue un camino de rosas. La Edad Media no cambió demasiado esto, pero sí algo: aunque fuera una época escasa en innovaciones técnicas, haberlas, haylas. Y fueron importantes aunque no espectaculares:
la implantación del arado de ruedas y vertedera, un nuevo collar para el tiro de las bestias de trabajo que cansaba mucho menos al animal, el sistema de herraduras... fueron pequeñas innovaciones, que sin ser espectaculares ni ocupar grandes páginas en la historia de la técnica, se difundieron rápidamente y contribuyeron a hacer más llevadero el día a día de miles de personas. En general, el campesino medieval estaba mejor dotado para la labor que sus antepasados grecolatinos.

Aunque es cierto, que estas innovaciones seguían siendo mediocres para determinados suelos, como los de la Europa nórdica.

Precisamente, y aunque estos inventos fueran de gran utilidad práctica, no fueron los responsables del aumento espectacular de los rendimientos habidos con el sistema feudal. El aumento de la producción y la duplicación de la población europea entre el siglo X y el XIV tuvieron más que ver con una extensión de las tierras cultivadas, impulsado, precisamente, por el sistema feudal. Tierras ganadas normalmente a base de calveros en los bosques.

Y sin embargo, a pesar del aumento espectacular de la población, el hambre siempre inspiró pavor en la Edad Media: y con razón, con cierta frecuencia podía producirse una hambruna.
¿Por qué?
Para explicar esto, lo mejor es recurrir a una comparativa; el Imperio Romano también conoció las hambrunas, pero había una diferencia fundamental: con el Imperio, un poder político más o menos estable amparaba una auténtica comunidad económica y cultural, que favorecía la existencia de buenos canales de comunicación; en caso de necesidad era factible importar grandes cantidades de alimento desde regiones más favorecidas y a un coste razonable. Y los que hemos jugado al Civilization II sabemos la importancia de una caravana de alimentos en un momento dado.


Frente a eso, el mundo medieval está tremendamente fragmentado, cada rey y cada señor territorial cobra peaje en los puntos de paso obligado, y desde luego, nadie se ocupa de velar por el estado de los caminos; no es que no hubiera intercambios, pero el único comercio rentable era el de productos de poco volumen y alto precio: bienes de lujo.

En realidad, un año de malas cosechas era perfectamente asumible, pero dos años malos seguidos eran garantía de hambre, y ocurría con cierta frecuencia.

Como ya hemos visto, las mejoras técnicas facilitaron la tarea agrícola, la producción aumentó porque se pusieron en uso nuevas superficies, pero no aumentaron demasiado los rendimientos por tierra cultivada, así que la productividad de cada semilla plantada no era demasiado alta.

A esto hay que añadir la influencia de la mentalidad, el mismo sistema feudal que por un lado estimuló el crecimiento de la economía, por otro lado, le imponía un límite al crecimiento: el ideal feudal era el de la autosuficiencia; el campesino tiene una parcela con la que debe mantener a su familia, el señor, un feudo que le permita vivir sin descender de categoría (pero tampoco sin elevarse, lo que sería soberbia). La obsesión por ser autónomo llevaba a cultivar especies vegetales en climas y suelos del todo inadecuados para tener de todo, pero con frecuencia el resultado era que se obtenían malos rendimientos.

Sería fácil echar a esta mentalidad ciertamente conservadora la culpa de todo, pero tenía una razón de ser, en parte era un recurso adaptativo al mundo fragmentado resultante de la era de las invasiones.

Resumiendo:

En la Edad Media hubo inventos, sencillos, pero de agradecer. No eran tontos, ni se revolcaban tristemente en la tierra... la situación económica tenía más que ver con una cuestión de mentalidades, y sobre todo, era un reflejo de la situación sociopolítica.

En el próximo post continúo con la economía campesina y las hambrunas, con una biografía: traeremos a un personaje de la época muy interesante y lúcido, que por desgracia no, no es demasiado conocido.


Para saber más:

Duby, G., Guerreros y campesinos: desarrollo inicial de la economía europea 500 - 1200.


Le Goff, J., La civilización del Occidente medieval.

12 jul. 2011

Armamento ofensivo en la Edad Media: la espada

Pues igual que en su día ya hubo una entrada sobre armamento defensivo, tocaba hacer lo propio con el ofensivo. O con el más conocido: espadas. Mazas, martillos y demás no los vamos a tocar hoy.

Antes del siglo XI

Desde el siglo VIII Europa estaba interactuando con los vikingos: fundamentalmente a hostias. Sea porque en las cosas de la guerra tarde o temprano te terminan copiando, sea porque aunque a veces se olvide los nórdicos también desempeñaron una intensa actividad comercial, las espadas vikingas son el modelo inspirador de las que se fabriquen a partir de entonces en toda Europa. Sobre todo desde la fundación del Ducado de Normandía en el norte de Francia (911): las espadas normandas son el modelo a partir del que evolucionan todas las demás desde ese momento.

En aquella época escaseaba el acero homogéneo de calidad, por lo que los nórdicos habían puesto en marcha la ingeniosa técnica del pattern-welding, con la que bastaba una tira de acero homogéneo que se doblaba sobre sí misma formando una "v" y se soldaba a martillazos sobre una barra de hierro forjado común, que formaba el centro de la espada. De esta forma se obtenía un filo resistente con un mínimo de acero. Las armas así obtenidas no superaban los 75 cm. de largo. Esta técnica se siguió empleando hasta mediados del siglo XI, en que fue reemplazada por otras más simples que permitían obtener espadas casi tan fuertes como las pattern-welded.

Siglo XI

Para entonces, habían comenzado a aligerar su peso y hacerse más perforantes, aunque siguieron siendo armas fundamentalmente de corte. La hoja es recta, de doble filo y con acanaladuras en los lados que reducían su peso sin restarle resistencia. La empuñadura de estas espadas tienen un guarda en forma de cruz corta, empuñadura y pomo semicircular con el peso suficiente para equilibrar la hoja. A medida que el siglo avanza la cruz se va alargando y aparecen los pomos en forma de Nuez de Brasil, que aparecen en el tapiz de Bayeux.
Además, del sentido de pestigio y herencia familiar heredado de los nórdicos, se fue dotando a las espadas de un significado religioso, por lo que la hoja, además del nombre del herrero suele presentar inscripciones tales como IN NOMINE DOMINI.

Siglo XII

En el siglo XII la espada sigue siendo fundamentalmente un arma de corte manejada con una mano, con una hoja que oscila entre los 63 y 76 cm. La tendencia es a ser cada vez más largas y estilizadas. Los pomos pasan a ser redondos, de hierro, bronce o piedras semipreciosas, que a veces podían contener una reliquia en su interior, ahondando en la concepción religiosa de la espada.
Las "típicas" espadas medievales según la tipología de Oakeshott: el tipo X es una espada vikinga. El tipo Xa aparece en el siglo XI, y los tipos XI, XII y variantes son los predominantes durante el siglo XII, aunque mantuvieron su popularidad hasta finales de la Edad Media, e incluso después, como elemento ritual y de prestigio.

Siglo XIII

Aparecen unas espadas más grandes conocidas en inglés como arming sword, sword of war e incluso knightly sword) en cierto sentido siguen siendo similares a las antiguas espadas vikingas pero con un pomo circular muy grueso para compensar una hoja más larga y pesada, de hasta más de un metro de longitud.

El tipo XIII y variantes corresponden a la espada de caballerías típica del siglo XIII. En cambio, los tres últimos modelos presentan una forma triangular característica de las espadas estoqueadoras, que comienzan a desarrollarse a partir de esta fecha.


Esto se debe a la mejora de las armaduras y la aparición del gran yelmo, que ya no podían ser perforados fácilmente por lo que se hicieron necesarias armas con un mayor poder de hendidura. Precisamente por la mejora en las defensas corporales, a finales de siglo comenzaron a darse dos tipos diferentes de evolución:

Mientras la mayoría seguían siendo manejadas a una mano dejando la otra libre para portar un escudo
o broquel, poco a poco una evolución paralela fue alargando los mangos para permitir su manejo a dos manos por la infantería, las nuevas "espadas bastardas" (hoy conocidas como de "mano y media") podían ser empleadas para cortar pero demostraron ser mucho más útiles dando poderosas estocadas que traspasaran la armadura.

También hacia el final de este siglo el uso de la espada se complementó con el bracamante (en castellano antiguo se lo conocía simplemente como "cuchillo" o "cuchillo puñal" en las Partidas) un arma de corte cuya hoja se ensancha hacia la punta. Normalmente se lo relaciona con las clases populares.

Siglo XIV

La espadas de estoqueo que habían comenzado a desarrollarse a finales del siglo XIII continuaron refinándose. Incluso a una sola mano, fueron haciéndose más pesadas y con una punta reforzada, sin embargo, la forma triangular, más ancha en su base, colocaba el centro de gravedad cerca de la empuñadura, de manera que resultaban incluso más fáciles de manejar.
En ocasiones podían incorporar un recazo (del italiano ricasso), un borde romo en la hoja que arrancaba de la empuñadura y se prolongaba por 3'8 cm. El recazo permitía apoyar un dedo sobre él para dar al portador un mayor control sobre la punta de la espada.

A dos manos, el estoc fue una variante de las espada bastarda diseñado específicamente para combatir contra las sofisticadas armaduras de placas, con una longitud media de 1'37 m. y una hoja de 90 cm, no tenía filo y sí una sección en forma de diamante o triangular con una punta muy alargada para perforar los puntos vulnerables de la armadura.


Siglo XV

Las espadas caballerescas tradicionales fueron quedando obsoletas contra la nueva armadura blanca. Las nuevas espadas de estoqueo eran ideales para conseguir atacar puntos débiles de la armadura con bastante precisión que una espada más grande jamás podría alcanzar.

Las espadas cortas llegaron a ser populares entre la infantería reemplazando a cuchillos y dagas, en Italia las espadas cortas incorporaron una guarda curva que ofrecía una protección extra para los infantes sin armadura.

Fuentes
  • Y para saber más sobre la guerra siempre están los libros de Matthew Bennett, y el volumen de la Historia Militar de España correspondiente a la Edad Media , coordinado por Miguel Ángel Ladero Quesada.

24 jun. 2011

¡El blog cumple un año!

Pues eso. Y para celebrarlo, que mejor que...¡una auditoría pública! Yo soy así de emotivo.

Y es que me sorprendo mucho de haber llegado hasta aquí, ya que mi anterior experiencia bloguera resultó ser bastante irregular en cuanto a ritmo de publicación. Es verdad que desde que comenzó 2011 he venido publicando menos entradas al mes, pero es una decisión consciente, al principio me propuse publicar una vez a la semana, y cuando vi que aquél ritmo era demasiado lo bajé un poco. Prefiero hacerlo bien y por gusto que andar agobiado. Que uno tiene una vida.

El caso es que estoy muy satisfecho, aunque hay cosas que tengo que mejorar. Me hice este blog por varios motivos:

1. Porque leía otros blogs. Y es inevitable, al final terminas queriendo uno.

2. Para hacer un poquito de difusión histórica como buenamente pudiera, que nunca viene mal. Además, descubrí que la medieval es con diferencia la rama que menos presencia tiene en la blogocosa, y eso está mal. Siempre ha sido terreno abonado para que cualquiera diga tontadas y falsedades varias, y por alguna razón las inexactitudes vertidas sobre ella suelen ser creídas por muchos sin cuestionar nada, algo que no pasa con otros campos del saber.

3. Por mí. Porque terminar una carrera como Historia no te convierte en nada, y mucho menos en un historiador. Como todas las demás ciencias, la Historia es puñetera, pero también estimulante: si no procura uno mantenerse al día y enriquecer lo poco que sabe con nuevas ideas termina anquilosándose y al final no sirve para nada. Esto, Henri Pirenne (por boca de Marc Bloch) lo explica mucho mejor que yo:

Acompañaba a Henri Pirenne en Estocolmo. Apenas habíamos llegado, me dijo: "¿Qué vamos a ver primero? Parece que hay un ayuntamiento nuevecito. Empecemos por él". Después, como si quisiera evitar mi asombro, añadió: "Si fuera anticuario, no tendría ojos más que para las cosas antiguas. Pero soy historiador. Por eso amo la vida".

Marc Bloch himself también tenía algo que decir sobre esto:

"Un buen historiador se parece al ogro de la leyenda: allí donde huele carne humana, sabe que está su presa”.

Así que el blog me debía servir de estímulo para leer más, mantenerme al día y tal. Bien, la verdad es que fundamentalmente me ha servido para crearme mala conciencia acerca de los libros que tengo amontonados y debería leerme, pero todo se andará.

And, last but not least: agradecer a la gente que me ha acompañado hasta aquí. No cito a nadie porque al final seguro que me olvidaba de alguien y terminaría cometiendo un imperdonable agravio. Pero en fin, todos los lectores que han contribuido a mantener este tinglado en pie. Sois la compañía que el rey Arturo hubiera querido tener en su mesa.

¡Ellos están celebrándolo!

1 jun. 2011

Armamento defensivo en la Edad Media

Al igual que casi prácticamente todo, el equipamiento militar en los primeros tiempos de la mal llamada Edad Media no tiene nada que ver con el de finales de la misma. De hecho, uno de los aspectos en los que más avances técnicos se dieron durante ese tiempo fue, cómo no, en el noble arte de matarse unos a otros. Cosas del ser humano. La fantasía y la ficción histórica, han dejado por contra una imagen de una "Edad Media standard" que afecta también a la imagen del guerrero, en el imaginario popular, a lo largo de mil años conviven las armaduras completas estilo Excalibur con las cotas de mallas y los bárbaros semidesnudos al más puro estilo Conan. Sin embargo, a lo largo del tiempo hubo una evolución. También es verdad que es complicado definir el armamento defensivo-tipo para cada fecha, ya que resultaba costoso de adquirir y mantener, y normalmente los guerreros lo heredaban, lo compraban o lo rapiñaban y lo iban "parcheando" con el tiempo como buenamente podían, así que en un momento dado, la variedad debía ser la nota dominante en el campo de batalla.

El armamento defensivo durante la Alta Edad Media (siglos VI al X)

Desde el siglo VI el Estado había dejado de proporcionar el equipo militar a sus soldados, así que las armaduras podían conseguirse por compra, donación, herencia o pillaje, y hasta el siglo X era raro el que podía costearse un equipamiento defensivo en condiciones, es normal pues, que aquellos guerreros que podían permitirse (y mantener) uno, le dedicaran grandes atenciones.

La armadura más frecuente era la brunia, byrnie en anglosajón, o loriga en latín: una especie de túnica corta hecha de malla (anillos de metal entrelazados).
Nunca en la Edad Media la armadura se llevó directamente sobre la piel (no habría pomada de aloe vera que areglara el estropicio cutáneo subsiguiente) sabemos que una vestidura interior, llamada hacketon o gambeson protegía la piel y amortiguaba los golpes, pero no se conoce exactamente en qué consistía, por su propia naturaleza, es muy raro que quede evidencia arqueológica de estos vestidos, y al ser una prenda interior no ha quedado representada en la pintura o la escultura.

Spangenhelm Ostrogodo del siglo VI.

El yelmo es el complemento ideal para la defensa de la cabeza, sin embargo, muy pocos podían permitirse uno, la mayoría de guerreros debían conformarse con una gorra de cuero. Había una gran variedad de yelmos, aunque la mayoría tomó como modelo el spangenhelm tardorromano, de forma cónica.

Todos los guerreros portaban escudo, generalmente redondo u oval, con una abrazadera para sujetarlo, que los protegía desde el cuello a los muslos.

Plena Edad Media: la cosa se va sofisticando

Ya a finales del siglo XI se hacieron frecuentes las armaduras que vemos en el Tapiz de Bayeux: el hauberk, una túnica larga (frente al byrnie, más corto) de malla con una abertura entre las piernas que permitiera montar a caballo. Además aparece la famosa "cofia de malla" que protegía el cuello y la parte posterior de la cabeza. La cofia solía disponer de una solapa que se ataba con una correa por la parte inferior del rostro.

Al principio, el hauberk normando (imagen izquierda) apenas cubría los brazos, pero a finales del siglo XII las mangas se alargaron hasta cubrir el antebrazo, incorporaron manoplas de malla y se empezaron a utilizar perneras de malla que mejoraran la protección en las extremidades inferiores. El equipo se completaba con la sobreveste, una túnica de tejido ligero que se ponía sobre la cota de malla, generalmente adornada con emblemas heráldicos.

El escudo en esta época es de forma triangular y se llevaba colgado al cuello con una correa.

Mientras tanto los yelmos habían seguido evolucionando desde el primitivo spangenhelm: en el siglo XII aparecía un tipo de casco redondo con una máscara que protegía la cara, y en el siglo XIII hizo su aparición el "gran yelmo" por excelencia, cilíndrico y plano por encima con apenas una abertura para los ojos.

Con el tiempo, a la cota de malla se fueron añadiendo placas de cuero o de metal liso, bien por debajo, cosidas al vestido, o, desde 1250 por encima.

Escena de batalla en el siglo XIII: se aprecian las cotas de malla que recubren el cuerpo y la sobreveste. La mayoría portan un gran yelmo.

La Baja Edad Media: la Armadura Blanca.

Poco a poco, la evolución tendía a ir sustituyendo malla por placas lisas, con piezas articuladas para los brazos, muslos y espinillas sobre una malla ligera. Así hasta la llamada "armadura blanca" que aparece ya en el siglo XV: sin malla, con piezas articuladas y completamente lisa. Este proceso se dio en toda Europa, pero fue más rápido en España e Italia. A la izquierda, una armadura de este tipo datada en 1505.

Las técnicas para el forjado de estas armaduras eran extremadamente complicadas, empleando aceros con alto contenido en carbón y con técnicas especiales para endurecer las superficies exteriores, que podían ir acanaladas para desviar los golpes.

El grado de protección que ofrecían era muy elevado (las mejores estaban hechas a prueba de ballestas) dejando de emplearse los escudos. El gran yelmo desapareció dejando paso a bacinetes, almetes y celadas que ya no descansan directamente sobre la cabeza, sino sobre una pieza específica llamada gorguera.

A veces se ha exagerado la limitación de movimientos que una armadura imprime: una del siglo XV pesaba entre 23 y 27 Kgs, aproximadamente lo mismo que el equipo de la infantería de los siglos XIX y XX y tenía las cargas mejor distribuidas que la antigua cota de malla. Si bien es verdad que ser derribado a tierra suponía el fin del combate en la mayoría de los casos.

Los infantes no podían permitirse un equipo tan completo como éste. Aunque aquellos mejor equipados sí disfrutaban de una buena protección: en la batalla de Hastings (1066) sabemos que había hombres a pie protegidos con cota de malla, normalmente thengs, guerreros-propietarios al servicio de una casa nobiliaria.

¿Eran efectivas las armaduras? Según el historiador del siglo XII Orderic Vital, en la batalla de Brémule (1119) de 900 caballeros participantes sólo murieron 3 gracias a la cota de malla, y fuentes musulmanas hablan de caballeros cristianos combatiendo en Tierra Santa con hasta 10 flechas clavadas en la armadura. También es verdad que el estilo de guerra aristocrática hacía más rentable apresar al enemigo para pedir luego un rescate por él, que simplemente acabar con su vida.

Fuentes:
Hooper, Nicholas; Mathew Bennett, Atlas Akal La Guerra en la Edad Media 768 - 1492, 2001, Akal.
Porter, Pamela, La guerra medieval en los manuscritos, 2006, AyN.
Wikipedia.

20 may. 2011

Agitaciones populares en Castilla (en el siglo XV no había Twitter, pero sí campanas)

Otrosy muy poderoso sennor vuestra sennoria bien conosce quantos dapnos e escandalos e leuantamientos se cabsan en las vuestras çibdades e villas e logares delos vuestros rregnos, por que algunos se atreuen arrepicar canpannas syn auer cabsa para ello e syn ningund mandamiento que para ello ayan dela justicia nin rregidores delos tales logares, por donde cada dia con el tal bolliçio se fazen grandes ayuntamientos de gentes, de que por muchas vezes se han rresutado o rresultan muchos e diuersos delitos e dapnos de que vuestra sennoria es deseruido e se rrecreçen grandes dapnos en las dichas çibdades e villas e logares por cabsa delos dichos alborotos; por ende suplicamos a vuestra alteza que mande e ordene que qual quier que fuere osado de rrepicar las dichas canpannas syn mandamiento delas justiçias dela tal çibdad o villa o logar e de quatro regidores della donde los aya, que muera por ello e pierda los bienes e sean para vuestra camara e fisco.

A esto vos respondo que se faga e cunpla asy en los lugares donde ouier los dichos quatro rregidores e podiendo ser auidos, e donde non pudieron ser auidos todos quatro, que basten dos con la dicha justicia; e sy fuere tal logar en que non ouiere los dichos rregidores, que a lo menos ninguno non sea osado de rrepicar la dicha canpanna syn mandamiento dela dicha justiçia so la dicha pena de suso contenida.

Cortes de Toledo de 1462, petición 10.

Resumen: "como toques las campanas y reúnas a la gente, te matamos".

El reinado de Enrique IV de Castilla (1425 - 1474) se caracterizó porque en una época en la que el poder real se suponía en pleno ascenso, cerca ya de la aparición del Estado moderno (esos reyes autoritarios y más tarde "absolutos" de la Edad Moderna) la nobleza se resistió a ceder su plaza y reaccionó, produciéndose una auténtica "reseñorialización" del reino. La misma guerra civil castellana entre partidarios y detractores de Enrique IV favoreció esta circunstancia en la que los nobles campaban a sus anchas.

Hubo dos fenómenos sintomáticos: por un lado las llamadas "tomas". La alta nobleza se dedicó a usurpar tributos que pertenecían a la Hacienda real para quedárselos ellos. Como el rey no podía pagar sus sueldos en una época en la que necesitaba su apoyo para hacer la guerra, terminaba ratificando esta situación, que además permitía a los nobles tomarse la justicia por su mano. Es tanto como decir que se estaba recompensando al que tomaba las cosas por la fuerza, dando lugar a todo tipo de desmanes, mientras, el contribuyente terminaba pagando el pato.

Había otro fenómeno que a veces venía ratificado de forma oficial por una carta de privilegio. Pero otras veces se hizo también por la fuerza, consistía en lo siguiente:
un señor entraba en una ciudad o territorio, hasta entonces de derecho real, y se lo apropiaba, pasando a ser jurisdicción del señor (señorío). Las ciudades con representación en Cortes protestaron contra esto... con escaso éxito.

También había deuda pública en el siglo XV: los juros. Debido a las necesidades de financiación de la Corona, estos juros se otorgaron de forma indiscriminada, con lo que muchos de los titulares se quedaron sin cobrarlos. ¿La alta nobleza? No. Instituciones eclesiásticas y sobre todo la baja nobleza, hidalgos que no tenían poder suficiente como para realizar tomas y terminaban cayendo en la pobreza.

Además la Hacienda tenía otros problemas: durante la guerra civil, aquellos campesinos o habitantes de las ciudades que habían alcanzado una posición acomodada podían permitirse un equipo militar y un caballo con el que ir a la guerra a servir al rey, pero al no haber dinero para pagarles fueron recompensados con un título de hidalguía: ellos ascendían socialmente, pero también quedaban exentos de algunos impuestos. De esta forma, la Corona se quedaba sin las
rentas de aquellos que más podían aportar mientras el resto pagaba, y de paso, cabreaban a los hidalgos viejos que veían con recelo como se convertía en nobles a los que veían como advenedizos.

Todo esto tenía que traer consecuencias:

Fuenteovejuna es una obra de la literatura española del siglo de Oro escrita por Lope de Vega. Pero se basa en un hecho real de 1476: en ocasiones, la población de una villa reaccionaba contra la llegada de un nuevo señor, de forma más o menos organizada, a veces con derramamiento de sangre, pero otras con la simple oposición armada. En varias ocasiones, una resistencia popular logró frustar la usurpación de la villa por un señor, tuviera o no el apoyo del rey.

De la misma manera, en Castilla surgieron las Hermandades, una especie de policía costeada por la unión de varios concejos urbanos, que se protegían así de los abusos de los nobles en la recaudación de tributos. En Galicia la cosa fue más allá: varios concejos montaron una Hermandad en la que tomaron parte los segundones de la baja nobleza, los campesinos y el mismo clero. Entre 1467 y 1469 protagonizaron la revuelta de los irmandiños y los grandes linajes gallegos vieron como sus torres iban cayendo una a una, hasta que el conde de Lemos se puso al frente de la alta nobleza y acabó con la revuelta.

Castillo de Sandiás, destruído por la revuelta irmandiña.

La idea de la Hermandad fue aprovechada más adelante por los Reyes Católicos, que la extendieron por todo el territorio de la Corona, la encargó de la vigilancia de los caminos y les encargó una nueva contribución económica obligatoria que logró un reparto más equitativo de las cargas fiscales.

Las revueltas sociales no siempre estuvieron bien dirigidas. El siglo XIV es tristemente conocido por las persecuciones o pogrom de judíos y judeoconversos. Los problemas económicos de la monarquía, las alteraciones monetarias y la subida de precios se cebaban con los más desfavorecidos, como muchos de los encargados de la recaudación regia eran judíos o judeoconversos, la ira popular se dirigió contra estos sectores, de forma totalmente injusta.

30 abr. 2011

Guía de lectura de la mitología artúrica (II)

Nos habíamos quedado por 1140: los normandos están firmemente instalados en el trono deseando ver como se escriben historias que les agraden, y falta poquito para que aparezca Leonor de Aquitania patrocinando trovadores, y esto es importante, porque así es como se introduce uno de los elementos más importantes de los romances artúricos: el Amor Cortés.

Vamos a seguir con Campbell, que subidivió esta última etapa de desarrollo del mito, en otras cuatro:

1) Épica patriótica anglo-normanda 1137 - 1205.

2) Novelas corteses francesas 1160 - 1230.

3) Leyendas religiosas del Grial 1180 - 1230.

4) Épica alemana 1200 - 1215.

Los alrededores de 1140 son la fecha de inicio de todo porque es cuando se publica la Historia Regum Brittanniae de Geoffrey de Monmouth. Que como dice el propio título es una obra "histórica". Lo que ocurre es que es historia adornada con muchos elmentos fantásticos. Como las series de Showtime. O como los libros de César Vidal.

Sea como fuere, en Geoffrey ya está casi todo,
narrado en prosa latina: Arturo ya no es un caudillo sino un rey feudal hecho y derecho, Merlín el mago está presente, y no olvidemos que gran parte del éxito de Merlín en las leyendas se lo debemos a Geoffrey de Monmouth, están el brutal Uther Pendragón, Gawain, Excalibur, y la infidelidad de Ginebra...con la diferencia de que aquí el amante de la reina es...¡Mordred!

Sí, Mordred. Lanzarote, y su hijo Galahad son los últimos añadidos medievales a la leyenda. En concreto son un invento francés posterior, mientras que caballeros como Gawain o Yvaín son trasuntos de héroes solares célticos mucho más antiguos. Lo que me hace recordar que en cierta película que se vendía como "
la verdadera historia tras la leyenda" salían Lancelot y Galahad sin falta.
Así que aquí sigo, esperando que algún día alguien investigue al verdadero personaje histórico tras el Príncipe Valiente, o tras Darth Vader, por ejemplo.

Pero aunque Geoffrey de Monmouth sea el responsable de terminar de dar forma al cuento, el pistoletazo de salida para la difusión de todo esto por Europa es otro:
Wace, que traduce la prosa latina de Geoffrey al verso francés para el rey Enrique II Plantagenet, marido de Leonor de Aquitania, y como sus dominios se extendían por toda Europa pronto la Materia de Bretaña se iba a poner de moda en todo el continente.

Romances corteses franceses (1160 - 1230)

Los que pulieron el mito. Inventaron a Lancelot/Lanzarote y al singracia de Galahad, que muy pronto veremos. Destaca un nombre:
Chrétien de Troyes.
Chrétien es sobre todo conocido por su
Cuento del Grial y por Lanzarote o el Caballero de la Carreta. Sin embargo, mi obra preferida de él es Yvain o el Caballero del León. Un libro cortito donde encontramos:

Apuestos caballeros.
Apuestos caballeros luchando entre sí.
Un león mágico.
Un dragón con su fuego y todo.
Un anillo que vuelve invisible al portador.
Amor.
Aventura.
¡Y que esto aún no haya sido llevado al cine!

Pero ya en serio, es normal que el neófito piense en los romances caballerescos como en historias de pijos enfundados en hojalata, damiselas cuya única función en la vida es esperar a ser rescatadas y tufillo a cuento ñoño. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, a diferencia de muchos guionistas actuales, Chrétien tenía claro lo que importa en sus historias: los personajes. Los dilemas, las meteduras de pata y la preocupación por los propios actos son una constante en la obra de Chrétien, hasta en las mujeres, que ocupan un papel importante y activo en la historia.
En sus historias, los personajes cobran vida, carisma y resulta fácil sentir simpatía por ellos. Hasta por los villanos, siempre es curioso descubrir que el caballero sobrenatural que aterroriza al bosque de turno, tiene detrás una familia que lo quiere y echa de menos.

Las leyendas religiosas del Grial (1180 - 1230)

Aquí entran los poemas de Robert de Boron sobre José de Arimatea o Merlín, el
Perlesvaus y, sobre todo la Vulgata artúrica.

Ya Chrétien tenía su propia historia sobre el Grial con Perceval como protagonista. Perceval es un héroe bastante penco que poco a poco y a costa de errores se va perfeccionando hasta resultarnos carismático. El Grial es un objeto mágico indeterminado cuyo significado queda oculto ¡porque la dejó inconclusa!

El ciclo de la
Vulgata se divide en tres partes: el Lanzarote en Prosa (recomendable), la Queste o Demanda del Santo Grial y la parte final o Morthe d'Arthur (MUY recomendable). Todas ellas editadas por separado en la actualidad.

William Ernest Chapman, The Departure of the Knights

La Queste del Grial incluída en la Vulgata es completamente diferente a las desventuras de sir Perceval que Chrétien puso en verso. Aquí, todo Camelot parte en busca del "Santo" Grial, una vil excusa para meternos dosis ingentes de imaginería eclesiástica. Y presentarnos a un nuevo héroe: el meapilas de
Galahad/Galaz, una figuración de Jesucristo y el caballero con menos carisma de toda la Tabla Redonda. Viene al mundo sin pecado,todo le sale bien, y triunfa sin problemas donde todos los demás van fracasando.

Otro autor de esta fase es
Robert de Boron, cuya poemas no están editados, pero sí los de sus imitadores en prosa, que ofrecen grandes dosis de épica muy recomendables.

Épica alemana (1200 - 1215)

Aquí destaca
Wolfram von Eschenbach. Coge el Perceval de Chrétien, lo adapta al alemán, añade cosas de su cosecha y le da fin: el resultado es Parzival, una joya de la literatura alemana. Esotérico y lleno de encanto como él sólo. Nada más que merecería la pena por la magnífica introducción con la vida de Gahmuret, padre de nuestro héroe griálico favorito.


Finalmente...
Nos falta un autor importante, pero muy posterior:
Thomas Malory (siglo XV). Su Muerte de Arturo es lo más parecido al megalibraco artúrico que decía el otro día. En ella se basa el Camelot de T.H.White, del siglo XIX, y a través de él las películas Excalibur o The Sword in the Stone con notables licencias. Pero Malory, a pesar de ser inglés, sólo se inspira en los autores franceses, ello se nota en personajes como sir Gawain, que mientras en obras inglesas es un caballero ejemplar, en Malory, como en Chrétien, es un tío un poco bruto, aunque de noble corazón. Además Malory añade cosas de su cosecha, como la historia de Balin y Balan.

La versión legendaria de Malory no es mi preferida, pero hay que reconocerle que escribía estupendamente bien, que es lo que cuenta. Un rasgo típico suyo es la impronta del destino en sus personajes: no hay buenos ni malos, cada cual tiene sus motivaciones, y hasta Mordred resulta ser en última instancia un individuo razonable, pero la fatalidad de los acontecimientos es la que al final termina precipitando las cosas. Porque ni siquiera el rey que fue y que ha de volver
se libra de la Rueda del Destino.


Incunable de Morthe d'Arthur de Malory. El ejemplar digitalizado completo puede verse aquí.

Si alguno tuviera interés en el tema, dos obritas muy recomendables son la Historia del rey Arturo y de los nobles y errantes caballeros de la Tabla Redonda de Carlos García Gual y el Breve diccionario artúrico de Carlos Alvar. Dos autores que se dedican a la difusión pero con seriedad (y agradable lectura, ojo).

Sobre temas griálicos, una obra rigurosa y completa es El Santo Grial de Richard Barber.

11 abr. 2011

Guía de lectura de la mitología artúrica (I)

Cuando hace ya unos cuantos años me dio por asomarme al mundo de los romances artúricos, descubrí la que hasta hoy ha sido la literatura que más me ha llenado y enriquecido en mi vida. Lamentablemente no fue tan satisfactoria mi experiencia a la hora de compartir mis intereses e inquietudes con el mundo, encontrando dos tipos de reacciones. Por lo general, en la mentalidad colectiva impera este esquema:

Me gusta Homero y la literatura grecolatina: ¡qué exquisita formación!¡Qué manejo de la cultura clásica! Seguro que también te gusta el viiino.

Me gusta la literatura del Siglo de Oro: ¡hombre! Los Cervantes, Quevedo, los grandes próceres de nuestra lengua. Ya mismo le vemos ocupando un sillón en la RAE.

Me gusta la literatura medieval: eres un friki sin remedio. Déjate de fantasías.

Para muestra un botón:

A mí, en lo personal, las historias del Rey Arturo, Exacalibur y las espadas caprichosas dejaron de importarme a los quince años. Pero esta Merlin es una joya incluso para los que, como yo, preferimos el realismo y los cuentos en los que nadie se disfraza. (Sacado de aquí).Enlace

En efecto, no sólo defiende una bazofia inmunda como el Merlín de la BBC, sino que califica así en bloque a varias obras imprescindibles en la literatura universal de lecturas para quinceañeros. Cuando cualquiera que haya leído a Chrétien de Troyes sabe que ese señor tan medieval él sabía más de psicología y emociones humanas que todo el equipo de guionistas de Perdidos.

Otro efecto secundario es que la gente que te rodea y se interesa por el tema aprende a odiar una palabra. Y esta es...: "Versión". Aquí la peli Excalibur ha hecho mucho daño. Que sí, es una grandísima película. Pero también es verdad que se basa muy remotamente en lo que escribió Thomas Malory, y hay muchas más versiones del cuento, porque prácticamente todo autor que decidía contar su versión de la historia lo hacía a su manera, no hay un "megalibraco artúrico" donde esté contenida la versión canónica del mito. Así que a veces se dan conversaciones tal que así:

- Amigo: Oye, Arturo se acuesta con su hermana Morgana ¿no?, jaja.
- Tu: pss, pues yo eso no lo he visto en ninguna versión, en realidad casi siempre aparece que se acuesta con otra hermana, Margawse, pero vamos, que a mí me da que en realidad...
- A.: Aaaah, bueno, ¿pero luego está sir Gawain no? Ése es to buena gente.
- T.: Pues depende, para los ingleses era el modelo de todas las virtudes, pero en la versión francesa del mito es más bien brutote. En Malory también.
- A.: ¿pero Malory no era inglés?
- T.: psíííí, pero se inspira en las versiones francesas y...
- A.: dejémoslo.

Todo esto despista mucho al que desde fuera ve el mito artúrico como una saga densa y laberíntica como el mismo bosque de Broceliande.Y es una pena, porque grandes nombres pasan sin pena ni gloria sin ocupar el lugar que les corresponde en la historia de la literatura. Para solucionar eso aquí presentamos la fantástica

Guía de lectura de la mitología artúrica
¡en dos cómodas entradas!

Decimos que es mitología porque el compendio de historias que hoy pueblan el imaginario colectivo hunde sus raíces más profundas en una serie de relatos populares, de transmisión oral, surgidos a partir de vagos hechos históricos ocurridos entre finales del siglo V d. C. y principios del siglo VI d. C. Y como ocurre por ejemplo con la mitología clásica, las líneas generales del mito están más o menos claras, y los caracteres de los personajes se mantienen más o menos fijos (con excepciones) pero hay un montón de variantes según autor, lugar o fecha.

Por estas fechas (retirada de los romanos de Britania), en la actual Gran Bretaña, el britano Wortigern había llamado a tres pueblos germanos; jutos, anglos y sajones, para ayudarle a mantener el poder. Como todos sabemos, la idea le salió rana y los germanos terminaron adueñándose de la isla. Un compendio de historias que hablaban sobre la heroica resistencia de caudillos romano-britanos fueron con el tiempo codificadas, al principio en obras "históricas" y más tarde en "romances", o lo que es lo mismo "novelas corteses". Esas historias se fueron cargando de valores ideológicos, morales y de personajes ejemplares que se repiten como una constante.

Esto de las leyendas que se pierden en la bruma y el humus legendario suena muy bien, pero fuera de generalidades y del pastiche céltico-new age que a veces nos quieren vender, la mitología artúrica que hoy conocemos es el resultado de una serie de autores, en verso o prosa, con nombre propio y que escribían una literatura "de entretenimiento" para un público noble. Estos autores exaltaban las virtudes caballerescas, en un mundo, el de los siglos XII y XIII en que la caballería se sentía asqueada por el ascenso de nuevos grupos sociales tales como la burguesía, mezquina y avara a los ojos de los caballeros.

Por si fuera poco, la iglesia surgida de la reforma gregoriana (siglo XI) también quería dar su propia versión sobre el mito, faltaría más.

Estudiando todo esto J. Campbell definió cuatro estapas en la formación de la Materia de Bretaña:

1) El momento mitogenético 450-950

En el siglo VI el sabio Gildas recuerda hechos de su infancia sobre la resistencia frente al invasor pero no cita a ningún rey. El caudillo de la resistencia en este caso era un romano de nombre Aurelio Ambrosio. En el poema Gododdin, se dice de cierto héroe que tenía un valor excepcional "a pesar de que no era Arturo", sin embargo, la fecha de este poema no está nada clara, pudiendo corresponder la estrofa en la que aparece Arturo a una interpolación posterior, del siglo XIII.

estatua de San Gildas en Francia.

La primera mención directa de Arturo es la que hace el monje Nennius en la Historia Britonum (siglo IX ¡al menos tres siglos después de los hechos!), y Arturo no pasa de simple dux bellorum, un jefe militar. Otro siglo más, y en el X, en los Annales Cambriae, un tal Merdraut (Mordred) aparece luchando junto a Arturo.

¿Existió realmente Arturo? Quién sabe. Pero no es algo que me preocupe en exceso.

2) y 3) El período oral de desarrollo

Estas dos fases son en realidad una sola que va desde el 950 hasta el 1140 ¿Por qué en dos trozos?

Porque en 1066 tiene lugar un hecho importante en el desarrollo del mito: los normandos conquistan Inglaterra y los trovadores britanos entran en contacto con los conteors de la Bretaña francesa. Mientras tanto, los nuevos amos aprovechaban para adueñarse del mito: presentaban a los sajones como los malvados invasores y los normandos pasaban de ser conquistadores a "libertadores", herederos de Arturo. Que suena mucho mejor, donde va a parar.

Desde 1140
de la mano de Geoffrey de Monmouth el mito inicia su andadura literaria con la cuarta y última fase de desarrollo, que es la que nos interesa , pero eso será en la siguiente entrega.
Related Posts with Thumbnails