21 dic. 2010

El vándalo Estilicón

Se acaba el año, y el blog ha cumplido seis mesecitos, todo un record teniendo en cuenta que durante gran parte de ese tiempo ha estado entretenido con las invasiones germánicas, con lo fácil que hubiera sido escribir sobre controladores aéreos y que toda España se pasase por aquí, pero ¡qué diantres! Aquí están toodas las entradas de esta saga de entradas:

Mahoma y Carlomagno - sobre la fecha de inicio de la Edad Media
La caída de Roma y el fin de la civilización
Otra entrada más sobre la caída de Roma
Los pueblos germánicos
La Era de las Invasiones: I y II

Una auténtica saga épica, si señor. Y hoy, de regalo, un bonus track inédito. Una curiosa biografía de alguien de esa época.
Normalmente no soy partidario de las biografías por mi recelo a exaltar "grandes personajes" del pasado, algo que muchas veces tiene el engañoso fin de resaltar según que virtudes, y eso no es muy científico que digamos. Pero esta me pareció muy interesante (y cinematográfica), y no me he podido contener.

Flavius Stilicho, más conocido como Estilicón, nació en 359, hijo de un militar vándalo y una romana, fue educado a la romana y conoció desde su juventud la clase alta romana.

Se integró en el ejército (romano), donde fue ascendiendo hasta que el éxito de una misión diplomática en Persia le valió un ascenso a general en 384, y como general defendió el Imperio de los ataques de los godos durante 20 años.

Tan bien se desempeñaba que el emperador Teodosio casó a su sobrina adoptada Flavia Serena con Estilicón. De la unión nació un hijo, Euquerio.

Después del asesinato del emperador occidental Valentiniano II (392), Estilicón acompañó al ejército que conduciría a la victoria a Teodosio en la batalla del Frígido. Uno de sus camaradas durante la campaña era el godo Alarico, que más tarde sería su contrincante en el campo de batalla. Estilicón se distinguió en la batalla, y Teodosio lo vio como un hombre digno de ser responsable de la seguridad futura del imperio. El último emperador de una Roma unida le designó como tutor de su hijo Honorio. Para asegurar su influencia sobre el nuevo y joven emperador, Estilicón casó a su hija con Honorio, lo cual fue un auténtico escándalo entre la nobleza y los cortesanos, que no aceptaban que la hija de un mestizo medio bárbaro, se casara con el emperador de Occidente.

Su primer gran desafío, ahora como magister militum, surgió en 395 cuando Alarico rompió su tratado con Roma y hubo de hacerle frente. Para ello convocó al ejército vencedor en Frígido, una combinación de fuerzas de oriente y occidente. Sin embargo, en oriente, el emperador Arcadio estaba en manos de un viejo enemigo de Estilicón, el Prefecto Pretorio Rufino que ordenó el retorno de las tropas a Constantinopla dejando al ejército demasiado débil como para perseguir a Alarico. Estilicón vio frustradas sus intenciones. Poéticamente, las mismas tropas mataron a Rufino a su retorno.

Estilicón conseguiría derrotar a Alarico dos años más tarde en Macedonia (397), aunque el propio Alarico logró huir. Ese mismo año sofocó la revuelta de Gildo en África. En 401, condujo una larga campaña contra sus "parientes", los vándalos, y otras hordas de bárbaros. Otro añito más y volvió a derrotar a Alarico en Pollentia (402) y Verona (403).

En 405 le llegó el turno a los suevos, que fueron derrotados, pero el Rin quedó casi sin defensas posibilitando la invasión del año siguiente. El 406 se enfrentó a Radagaiso, sitiándolo con fuertes trincheras hasta que el hambre los derrotó. Sin embargo, ese mismo año se produjo la invasión de los suevos, alanos y vándalos por un Rin casi sin defensas desde la campaña del año anterior, el resto ya se sabe...

En resumen, Estilicón había sido un guerrero competente que se había ganado la confianza del emperador Teodosio, se había casado con su sobrina Serena, llegó a ser quien realmente dirigía Occidente en nombre del joven Honorio (que se casó con la hija de Estilicón); obtuvo el consulado (la magistratura más prestigiosa del imperio) en dos ocasiones, y recibió del Senado el honor extraordinario de una estatua de plata dorada en el foro.

Pero sus orígenes nunca fueron olvidados.

Su ascendencia bárbara y su fe arriana provocaron rechazo a los ojos de los consejeros imperiales, que difundieron el rumor de haber planeado el asesinato de Rufino en connivencia con su viejo aliado Alarico, que había "invitado" a los bárbaros a invadir la Galia y que planeaba colocar a su hijo en el trono. Honorio, a pesar de haber sido educado por Estilicón, acabó cediendo a las presiones de su consejeros, declarándolo enemigo público.

El 22 de agosto de 408 fue ejecutado después de retirarle las insignias de magister militum. Su hijo Euquerio fue asesinado en Roma poco después.

Cuando se supo la noticia en las ciudades del norte de Italia se encendió la animadversión contra los bárbaros, produciéndose una masacre de las indefensas esposas e hijos de los germanos foederati que estaban sirviendo en el ejército. Al saber de esto, los soldados que habían perdido a sus familias desertaron en masa (se estima que fueron unos 30.000), y junto a grupos de esclavos fugitivos se unieron a las tropas de Alarico. Cuando dos años más tarde Alarico entraba en Roma, muchos de estos hombres participaron en el saqueo de la ciudad, que visto lo visto, no tuvo que ser bonito.

Supe de este hombre mientras me leía a Ward-Perkins y me pareció un buen resumen de todo lo que había estado poniendo por aquí, un ejemplo de como los bárbaros podían integrarse en la sociedad romana, pero al mismo tiempo, de como la integración dejaba mucho que desear, así como la gestión torpe que hizo la política romana de la irrupción de los germanos.

10 dic. 2010

Vicisitudes legendarias

Durante una de las entradas sobre la era de las invasiones y con motivo de la existencia o no de un rey Arturo real, comentaba Kike el otro día con bastante buen juicio que no debía mezclarse historia y mito en el mismo post. Y gracias a eso me dio una idea para publicar yo otro.

Podría hablar de como una leyenda sí que aporta información histórica; pero no acerca de los hechos supuestamente reales que narra, sino más bien acerca de la mentalidad de la época en la cual se cuenta y del público que lo oía: poco importa lo que realmente hiciera un oscuro caudillo del siglo VI; Arturo encarna los valores del monarca ideal del siglo XII, fruto de la imaginación de bardos del siglo XII para una audiencia del siglo XII. Y se hace famoso por eso.

Pero no. Hoy vamos a hablar de caca. De caca...y de magia. Y es que, Merlín, el mago por excelencia, cómo no, también se cree remotamente basado en personajes reales, en concreto dos, o por lo menos, en torno a esos dos se configuró su leyenda, y su leyenda no se llevaba bien con los hechos. De eso se dió cuenta en el
siglo XII alguien que sabía vender bien historias: Geoffrey de Monmouth.

Uno de estos personajes era un tal
Lailoken: un bardo que a finales del siglo VI realizaba profecías para un rey celta del sur de Escocia. La tradición dice que tras la batalla de Arfderydd (573) se volvió loco y se retiró al bosque de Caledonia desde donde en su demencia soltaba profecías.

El otro era
Myrddin Emrys, que aparece en la Historia Britonum de Nennius (siglo IX, mucho antes de que apareciese el rey Arturo en ningún escrito) Este Myrddin fue el que dijo al tirano Vortigern la famosa profecía de los dos dragones enfrentados entre sí. Myrddin habría nacido en Caemarthen, en galés: Caermyrddin, nombre que viene del britónico Moridonum (fuerte junto al mar) pero como ese nombre era muy soso le inventaron una traducción como "la fortaleza de Myrddin", para difundir la leyenda de que había nacido allí, y si colaba, atraer ingresos por el turismo.

Cuando Geoffry de Monmouth escribe su
Historia Regum Brittaniae en los años treinta del siglo XII, coloca a este Myrddin como consejero del rey Uther Pendragón y padrino de su hijo Arturo. Pero se encuentra con un problema: escribía en francés. Para una corte de señores normandos que hablaban francés. Los normandos, para legitimar su invasión de Inglaterra pretendían identificarse con el rey Arturo y su corte, y así aparecer ante sus nuevos súbditos como restauradores de una tradición más antigua que los sajones. Que siempre queda más bonito decir que vienes a restaurar algo que decir que vienes a invadirlo todo.

Tocaba pues "afrancesar" al personaje para contentar a los normandos. Bien,
Myrddin latinizado quedaba en "Merdinus", que suena a lo que suena. Efectivamente, EL mago superpoderoso y supersabio por excelencia iba a ser conocido por la posteridad como "El Mierda". Historia real y aura de maravilla no terminaban de casar muy bien.

El bueno de Geoffrey de Monmouth se dió cuenta del recochineo generalizado que aquello iba a provocar en toda Europa cuando vieran que el monarca ejemplar, y modelo de los normandos, estaba asesorado por un mierda.
Ni corto ni perezoso, cambió la "D" por una "L", lo convirtió en
Merlinus, (Merlín en castellano), se libró de la ignominia y pasó a ser un personaje recurrente en las nacientes novelas de caballerías. Geoffrey de Monmouth, privó a mucha gente de muchos chistes, pero a cambio, contribuyó al nacimiento de un mito, y eso es hermoso hombre.

Por eso, aunque yo defienda que si te documentas un poquito, queda todo más mejor, cuando critiques una serie o película exclusivamente por su escasa fidelidad histórica, tienes que pensar que sacrificar veracidad en aras del espectáculo y la épica es algo que se ha hecho desde el principio de los tiempos, y cómo no, también en la Edad Media. Porque toda época necesita su poquito de leyenda.

29 nov. 2010

Los españoles y el Patrimonio Documental

Trabajar en un archivo es una experiencia que puede dar no pocas satisfacciones, pero también algún momento "WTF?" El estremecedor relato que van a oír a continuación está basado en hechos reales.

Transcurre en el archivo de una institución cualquiera (llamémosla "Peich"), donde entre otras cosas se conserva documentación de carácter histórico (en España y para documentos con información delicada eso suele ser transcurridos 50 años desde el fin de la tramitación del expediente o 25 después del fallecimiento del interesado si lo hubiera):

-Archivero: ¿y esta documentación dónde estaba antes?

-Trabajador de Peich: no sé, cuando yo llegué ya estaba aquí. Pero estaba fatal, las ventanas estaban abiertas y se mojaba cuando llovía, como hoy. El invierno pasado, que llovió tanto, se estuvo mojando.

-Archivero: pero el invierno pasado no paró de llover desde noviembre ¿a nadie se le ocurrió cerrar las ventanas?

-Trabajador de Peich: no. ¿No ves que antes no había archivero?

-Archivero: ¿hace falta un archivero para que cierre las ventanas si los papeles se están mojando?

-Trabajador de Peich: claro. ¿No ves qué ellos no saben? Ellos ven que si está abierta será por algo. Y así se queda.


24 nov. 2010

Hits-tóricos

Si sigo haciendo chistes malos para titular las entradas van a tener que denunciarme. Pero el de hoy era taan evidente...
Resulta que me he hecho una cuenta de
Twitter... y ahí la tengo, en proceso de saber para qué carajo sirve exactamente.

Entretanto me ha servido para descubrir chorradas. Porque eso sí, soy follower de Carlomagno, ya que si no merece la pena seguir al emperador de los francos, ¿quién diantres la va a merecer? Bueno sí, el rey Arturo, pero el Pendragón siempre ha sido un clásico para estas cosas y no tiene Twitter.

El caso es que gracias a Charlemagne he descubierto ESTO:



¡ÉPICO!


Si hacemos caso de lo que pone su descripción en su cuenta en Youtube ("historyteachers") son justamente eso, profesores de Instituto norteamericanos de historia interpretando versiones de éxitos del pop-rock de toda la vida con letras de temática histórica. Porque tienen un montón: se atreven con los Beatles, The Knack, Lady Gaga, Creep de RadioHead, e incluso el ¡Hard Casio!, soberbia interpretación de Venus, de Bananarama:



Tomás de Aquino meets Stock, Aitken & Waterman, ¿cómo no se me pudo ocurrir antes?

¿Cuál es su objetivo? ¿Atraer a incautos jóvenes americanos a la Historia? ¿Mero frikismo? ¿Mezcla de los dos? Posiblemente. Pero antes de pensar algo como "menudos frikazos" y hacer el chiste fácil, pensad en el trabajo de esas letras y en el esfuerzo de hacer lo que tu voz buenamente puede (que tampoco es mucho, pero la mía no es como para andar criticando) para exponerte a la vergüenza ajena en Youtube; no, caballeros: en cada verso de cualquier versión de ésas hay más ganas de trabajar y más amor por la Historia (así, con mayúsculas) que en toda la obra completa perpetrada por César Vidal.

Maldita sea, creen en lo que hacen, y lo hacen con cariño, y en Camelot respetamos eso. Eso y que son pegadizas, así que lo siento por Blondie, pero ya nunca más podré evitar un sonoro ¡Charlemagne!

15 nov. 2010

La Era de las Invasiones (II)

Hacia 420 los hunos habían llegado a fundar una especie de Estado con centro en la gran llanura del Danubio, la (adoro esta palabra) Puszta, que les recordaba las estepas de donde provenían y desde donde se dedicaban a pedir tributo a Constantinopla al tiempo que se iban haciendo sedentarios.

En 425 Atila era rey, y algunos textos de la época lo presentan rodeado de cortesanos, así que la "estatalización" de los hunos iba adelante.

En una de éstas, el emperador Marciano (en serio) de Oriente, se negó a pagarle tributo a Atila y éste, rabioso, decide volcar toda su ira... sobre Occidente. Porque desde Teodosio II Constantinopla tenía unas murallas que la hicieron inexpugnable hasta la aparición de la pólvora, y Atila sería la ira de Dios, pero no era tonto: saquear al Imperio Occidental era mucho más fácil. De paso, Oriente había encontrado su solución a la "Edad Oscura": echarle el muerto al vecino.



No por obvia, iba a dejar de hacer la gracia

Atila saqueó ciudades de la Galia hasta que el magister militum Aecio pide ayuda a un ostrogodo, Teodorico. Juntos derrotaron a Atila en los Campos Catalaúnicos en 451, así que nadie se imagine esta batalla como "romanos" contra "hunos", a estas alturas del partido, del lado romano peleaban bárbaros más o menos romanizados, contra las tropas de los hunos, en las que peleaba una confederación de pueblos variados, incluyendo, como no, más germanos.


El mundo antes de la batalla de los Campos Catalaúnicos (o Chalons)

Atila tuvo que replegarse, pero al año siguiente entró en Italia, donde sólo le hizo frente el obispo de Roma León el Grande con toda la fuerza de... sus sobornos. Atila se volvió satisfecho a su Puzsta, se casó con una princesa germánica (¡qué sorpresa!), y la espichó en su noche de bodas.

El imperio huno no sobrevivió a su muerte, pero había tenido un papel convulsionador en Occidente, a la existencia del Imperio Romano como entidad política le quedaban poco más de veinte años cuesta abajo.

Mientras esto ocurría, la isla de Britania llevaba tiempo (desde 411) abandonada a su suerte por las legiones romanas, así que los celtas más romanizados de la isla se tuvieron que ir enfrentando en solitario a los
pictos y escotos del norte de la isla. De esto supieron aprovecharse los Pueblos del Mar: sajones, anglos y jutos, que se dedicaron a ocupar Britania. De la resistencia britana frente a los anglosajones surgiría la leyenda del Rey Arturo: un personaje mítico que supo unir a los indígenas y defender la isla frente al invasor. Y sí, he dicho mítico: no comparto el entusiasmo generalizado por localizar a un Rey Arturo real, que de haber existido seguro que era un caudillo con alguna victoria local. El personaje es más revelador como leyenda que como realidad: el anhelo por un rey único frente a los tradicionalmente fragmentados britanos, que por si no era poco lo que tenían encima, además se dedicaban a pelearse entre sí. Por cierto que tras la caída de la isla en el 500 muchos huyeron y se instalaron en Francia, dejándole su nombre a la región de Bretaña.

La
Galia septentrional se dividió en varios estados bárbaros: alamanes en Alsacia, con capital en Estrasburgo, francos ripuarios en torno a Colonia y francos salios en Tournai. En torno a Soissons se organizó un pequeño reino bajo el mando del romano Siagrio, y entre Lyon y Ginebra se organiza el reino arriano de los burgundios, el resto de la Galia y parte de Hispania estaba ocupada por el rey visigodo Eurico, que ocupa Auvernia y Provenza.

Volviendo a Roma...bueno no, la capital de Occidente ahora es Rávena, desde lo de Atila, el título imperial era un juguete en manos de diferentes caudillos germánicos que pululaban por la corte otorgándoselo a diferentes emperadores, cada uno más manejable que el anterior, hasta que Odoacro, hijo de un secretario de Atila, depuso a Rómulo Augústulo, último emperador...

Y aquí acaba el post, con el inicio de la Edad Media y el fin del Imperio Romano en
476.



...

Vengaa, que casi os lo habéis creído. Pero después de cierto post no podía dejar las cosas así.

...último emperador de occidente, porque en Oriente queda uno, y a él manda Odoacro sus insignias y sus respetos. Ni puso ningún nuevo emperador ni tomó para sí el título, se hizo nombrar cónsul por Oriente, de forma honorífica, y gobernó Italia como tal, actuando en teoría en representación del emperador de Constantinopla.

Que por cierto en Oriente apenas si se inmutaron por esto, estaban entregados a reformar su ejército para expulsar de él a los extranjeros y crear uno autóctono, reclutado principalmente en la región de Isauria. De hecho les fue tan bien, que del ejército sale la nueva dinastía de Constantinopla: los Isaurios. El primero de ellos, Zenón, se encontró de nuevo con el problema de los ostrogodos, que desde que se habían liberado de Atila andaban dando problemas por ahí. Por ello, Zenón envió al ostrogodo Teodorico el Grande a Italia a deshacerse de Odoacro, no fuera a acomodarse mucho, y así estaban entretenidos los dos (desviar los problemas a Occidente había dado resultados ¿para qué cambiar?). En el siguiente mapa se ve relativamente bien.


Se acaba el siglo V

Y el Mediterráneo occidental está en manos de germanos muy romanizados y de religión cristiana arriana: Teodorico en Italia, Provenza y parte de los Balcanes, los visigodos en Hispania, y los vándalos del norte de África. Las galias son un conglomerado de reinos: alamanes,turingios, burgundios-borgoñones...de religión arriana.

Pero pronto iba a cambiar esta situación: Clodoveo aglutinó a los francos, los menos romanizados de todos, en 481, derrotó a alamanes, turingios y burgundios, y se convirtió al catolicismo directamente desde su religión pagana, ganándose el favor del clero católico. En 511 toda la galia es franca exceptuando Provenza, al sur y el reino de los burgundios en la actual Borgoña.

Hay que tener en cuenta que en ocasiones la población germana era de un 5% del total de los reinos que fundaron, sobre millones de súbditos romanos, por eso eligieron para asentarse regiones o ciudades concretas de valor estratégico. Y ya sabemos que no cambió todo tanto.

Con Teodorico, por ejemplo, los comerciantes orientales siguieron nutriendo a Italia, donde no hubo nostalgia de la época anterior. De hecho, la Italia ostrogoda de Teodorico fue una formación muy curiosa en la que continuaban los juegos en el circo y en el anfiteatro, y las antiguas familias romanas contendían por las magistraturas como siempre. Quién sabe, quizás podría haber resucitado el título imperial de Occidente siglos antes que Carlomagno.

Tan interesante y tan bien les iba la fusión con lo romano que un agresivo emperador de Constantinopla, Justiniano, prefirió ser precavido y decidir que ya era hora de reconquistar lo que consideraba suyo en un momento en el que el Imperio Oriental vivía una auténtica edad de oro a mediados del siglo VI. Se acabó el reino ostrogodo. Y más adelante Justiniano seguiría con la restauratio imperii y también se acabaría el reino vándalo del norte de África.



Pero por ejemplo, en el reino franco de la década de 570 tenemos constancia de que Chilperico construyó circos para carreras de cuadrigas en Soissons y París, emulando abiertamente la práctica romana.
Y el visigodo Eurico (466-484), por ejemplo, tuvo gestos muy romanos: protegió a Lampridio, poeta latino, y contribuyó a la restauración del gran puente romano de Mérida, dejando constancia de esta empresa en una inscripción latina en verso.

Con esto hemos llegado al siglo VI, ¡hay que ver! desde los primeros post...allá por el siglo III. Durante un siglo más el experimento de los reinos germánicos fue declinando mientras el cristianismo arriano iba dejando paso al catolicismo, nuevos poderes aparecían: el Islam, el Papa de Roma y el Imperio franco, de cuya fragmentación surge el sistema feudal.

Es entonces, en el siglo VIII, con un Mediterráneo partido en tres, y con el Islam, rival secular que fuerza a Occidente a reinventarse a sí mismo cuando se puede considerar inaugurada la Edad Media.

And the story ends... habrá post especial desde el que podrán acceder a esta saga ¡ÉPICA! a la derecha del blog, y de paso incluirá un bonus track especial de lo más interesante. Luego me dedicaré a cosas más cortitas por una temporada, pero muy bonitas todas ellas.

3 nov. 2010

La Era de las Invasiones (I)

¡Noooo!¿Pero qué dices tío? ¡Llevamos desde septiembre oyendo hablar de invasiones! Sí amigos, y tengo el cuajo de ponerle un uno a esta entrada. Ahora que...la saga épica sobre la Caída del Imperio Romano se acaba. El uno responde a que he partido lo que era un único post en dos, que en realidad es donde hay más acción. Vamos, que trata sobre las invasiones propiamente dichas. Y la verdad: la acción es mejor en las películas, la entrada me ha quedado un poco rollazo. A pesar de todo la he puesto, porque en intenné y en español, aparte de la wikipedia no hay mucha información sobre el tema (como fuentes he consultado mi amada Civilización del Occidente Medieval de Jacques le Goff, y un manual universitario corriente y moliente: La Historia de la Edad Media de Salvador Claramunt y otros) y porque después de seguir las cuitas de Pirenne, escuchar al controvertido Ward-Perkins y toparnos todos con el dilema histórico del huevo y la gallina, me apetecía cerrar esta saga épica con algo un poquito más al uso. Quién sabe, lo mismo a alguien le entra el gusanillo por esta época.

Ese goce que los espíritus
delicados y apacibles encuentran en un ocio útil, ellos lo sitúan en
los peligros y en la guerra. Para ellos la suprema dicha es perder la
vida en un campo de batalla; morir de viejo o en un accidente es un
oprobio y una cobardía hacia lo que no sienten más que desprecio;
matar un hombre es un heroísmo hacia el que no hallan suficientes
elogios. El más hermoso trofeo es la cabellera de un enemigo
escalpado; les sirve de decoración para la montura de su caballo de
guerra. Para ellos no existen templos ni santuarios, ni siquiera un
agujero cubierto de paja. Una espada desnuda, clavada en tierra
según el rito bárbaro, se convierte en el signo de Marte. La honran
devotamente como a la soberana de las regiones que recorren

Amiano Marcelino sobre los germanos

Si las cosas hubiesen sido de otra forma, a lo mejor los germanos hubieran entrado en el Imperio, se hubieran asentado y hubieran sido romanizados, quién sabe. Porque tampoco eran tantos: la tribu germánica más grande no podía haber puesto en pie de guerra a más de 25.000 hombres... contra un Imperio de 25 millones de habitantes. Pero en el tiempo coincidieron muchas tribus en muchos puntos de la frontera, y el Imperio (para mí), no era ya el que era (aunque Ward-Perkins decía que sí). ¿Por qué se ponen en movimiento? Hay quién dice que aquella época coincidió con un cambio climático, un enfriamiento global que redujo las tierras de cultivo, y en Siberia y Escandinavia se enteraron bien. Comenzaban así unos movimientos migratorios del norte al sur en el que unos pueblos empujaban a otros.
Las grandes migraciones, 378-439 (fuente: La Historia con Mapas)

Sea como fuere, los germanos pidieron en principio asilo de forma pacífica, que se les concedía algunas veces en la forma de foedus: tribus enteras se instalaban en suelo romano con la condición de defenderlo.
Aunque a priori suene bien, la convivencia era difícil. Las elites terratenientes romanas vieron con suspicacia (por no decir manifiesto cabreo) como parte de sus terrenos de toda la vida dejaban de ser suyos para albergar a unos extranjeros, que no siempre actuaron como pacíficos vecinos.

Por otra parte, y como decía Ward-Perkins, no hay que olvidar el prejuicio negativo ("bárbaros")que los romanos mostraban hacia estos extranjeros, que los germanos se daban cuenta, y que se veían en la tesitura de defender una tierra en la que eran recibidos con desconfianza en el mejor de los casos. Con odio y hostilidad en el peor.

No hay buenos ni malos aquí. Eso sí, la reacción imperial fue la peor que podía darse: por lo general se optó por una política de hechos consumados ratificando a estos germanos como federados del Imperio, para luego, una vez dentro, hostilizarlos y tratarlos desdeñosamente. La conclusión fue pasar de tener bárbaros cabreados dentro de las fronteras a tener bárbaros MUY cabreados dentro de las fronteras. Cuando estos bárbaros se aprovechan de la situación y pasan a exigir cada vez más, contaron con el apoyo de las clases más desfavorecidas de la sociedad romana, bacaudae en las Galias e Hispania, circumcelliones en el norte de África... y en fin,bandas de desheredados al margen del Estado, que se dedican al pillaje. Y es que en un Imperio donde la situación económica era cada vez más chunga, a mucha gente no le quedaba otra que "echarse al monte". Llegado el momento se suman a los invasores, porque como dice Salviano:

"Los pobres se ven despojados, las viudas gimen, se pisotea a los huérfanos hasta tal punto que muchos de ellos, incluso gente de buena cuna que ha recibido una educación superior, se refugia en el enemigo. Para no sucumbir ante la persecución pública, van a buscar entre los bárbaros la humanidad de los romanos, porque ya no pueden soportar entre los romanos la inhumanidad de los bárbaros.
Son distintos de los pueblos entre quienes buscan refugio [...] sin embargo prefieren doblegarse a esta ausencia de parecido antes que sufrir entre los romanos la injusticia y la crueldad. Emigran pues hacia los godos o los bagaudas, o hacia los demás bárbaros que dominan por doquier y no tienen nada que reprocharse por este exilio. Porque prefieren vivir libres bajo la
apariencia de esclavos que vivir esclavos bajo una apariencia de libertad.

El nombre de ciudadano romano, hasta hace bien poco muy estimado, pero logrado a un alto precio, es hoy en día repudiado y evitado, ya no se le considera sólo como de escaso valor sino que se abomina de él... De ahí procede que incluso los que no huyen hacia los bárbaros, se ven obligados no obstante a convertirse en bárbaros, como les sucede hoy en día a la mayoría de los españoles, a una notable cantidad de galos y a todos los que, en toda la amplitud del mundo romano, la iniquidad romana empuja a dejar de ser romanos.
Hablemos, por ejemplo, de los bagaudas que, desposeídos por jueces malos y sanguinarios, apaleados, matados, después de haber perdido el derecho a la libertad romana, han perdido también el honor del nombre romano. Y nosotros los llamamos rebeldes, hombres perdidos, cuando somos nosotros
quienes les hemos obligado a convertirse en criminales"

Hace un par de post dejamos al último emperador de un Imperio unido, Teodosio, promulgando el Edicto de Tesalónica en 380 para hacer del catolicismo la religión oficial del Imperio. Volvamos un par de años antes de eso...

El pueblo godo se había dividido. Después de un largo peregrinar por las estepas, los ostrogodos habían fundado un reino en la actual Ucrania, mientras sus parientes, los visigodos, habían cruzado el río Dniéster instalándose en la desembocadura del Danubio. Fue entonces cuando una nueva amenaza asomaba desde el este: los hunos. Que en realidad no eran sino una confederación de pueblos euroasiáticos de diferente procedencia. Cuando convirtieron a los ostrogodos de Ucrania en tributarios, su anciano rey, Ermanarico decidió suicidarse.

El rey visigodo Fritigerno al ver el destino de sus primos del este, y por aquello de "cuando las barbas del vecino veas cortar..." pidió asilo en tierras de los romanos: en 376, unos 10.000 visigodos se instalan en la Tracia septentrional. Para encontrarse con que las tierras cedidas eran de escasa calidad, y que cuando pidieron annonas o recursos materiales para poder cultivarlas se encontraron con la corrupta administración imperial de aquellos tiempos. Lo que decía antes: visigodos cabreados en un entorno hostil.
Empezaron a llevar a cabo incursiones hacia el sur, y el emperador oriental, Valente, decidió hacerles frente el solo, sin contar con el emperador occidental, en la batalla de Adrianópolis en 378. Fue un fracaso, y el propio emperador perdió la vida. Ha comenzado la era de las invasiones.

Así quedaba el mundo en 378 (ya lo sé, no es la primera vez que uso este mapa) teniendo en cuenta que esos ostrogodos que se ven al este, en realidad estarían bajo dominio huno.

Al poco tiempo, el nuevo emperador Teodosio, decidía conceder a los visigodos nuevas tierras, esta vez en la fértil Mesia. Mientras estuvo él, todo bien, pero a su muerte, el Imperio vuelve a dividirse entre Arcadio, en Oriente y Honorio en Occidente.

Siglo V

A Honorio le tocó lidiar con una nueva reclamación goda de tierras en Panonia, cuando se negó a aceptarla, los visigodos cruzaron los Alpes, entraron en Italia y en 410, acaudillados por su rey Allareiks (castellanizado Alarico), saquearon la ciudad de Roma.

Un poco antes, otros pueblos se habían enterado de la llegada de los hunos: en el año 406 suevos, vándalos y alanos cruzaban el Rin y se desparramaban por toda la Galia. En 411 se repartían Hispania, situación que el Imperio tiene que aceptar reconociéndolos como federados. Tras ellos entraban burgundios y alamanes, que se instalan en la actual Borgoña, que precisamente toma su nombre de los burgundios.

El Mediterráneo en el año 410 (fuente: Universidad Autónoma de Madrid)

Entretanto, los godos que salían de saquear Roma se volvieron hacia el norte y se instalaron en el sur de la Galia, donde desde 413 tienen en Tolosa su centro de poder. Desde allí, se les pide que hagan honor al pacto de hospitalidad que ahora los liga al emperador y marchen a Hispania, a expulsar de la misma a los suevos, vándalos y alanos, con desigual éxito. El reino suevo resistiría aun un tiempo, pero los vándalos y alanos se unieron para huir de la Península Ibérica e instalarse en el norte de África, en una de las formaciones que más interesantes me resultan de esta época: el reino Vándalo norteafricano, fundado por el rey Genserico, quien conquista Cartago en 439.


A partir de 417 y hasta 423 la situación comienza a estabilizarse, Valentiniano III, sucesor de Honorio, encontró un imperio débil, pero no hundido. Aecio, magister militum, lugarteniente en la Galia, pudo contener las ansias de expansión de godos y de unos recién llegados, los francos, e instalar a los burgundios, pero no pudo intervenir en África, donde Genserico se había hecho dueño del Mediterráneo occidental, llegando a saquear Roma (de nuevo) en 445. Esta vez, sine ferro et igne. Claro que de todos modos la sede imperial hacía mucho que se había trasladado a Rávena. Pero antes de eso, a principios del siglo V, parecía que el Imperio tenía un respiro...pero iba a durar poco: los hunos, largo tiempo ausentes volvían a aparecer en el horizonte, esta vez liderados por el hombre que los iba a meter por la puerta grande en la historia: Atila.


Bonus track sin relación aparente con el resto del post
:

en un ejercicio de recreación histórica (de lo que vienen siendo las invasiones bárbaras), este viernes estaré en la Villa y Corte asistiendo a un concierto de los Blind Guardian, lo digo porquee...bueno, porque siempre es una buena excusa para poner esto:



¡Ah!Las ansias guerreras.

25 oct. 2010

Los pueblos germánicos

Una de las cosas que tiene la historia con la que hay que andar con más cuidado es que ésta se reinterpreta constantemente según las ideas dominantes en el presente. Por eso nunca está de más ser más bien escéptico. El caso de los bárbaros es muy típico. Por ejemplo, el siglo XIX es el siglo de los nacionalismos, y una de las cosas que suele tener cualquier movimiento nacional es la necesidad de legitimarse a través de la historia ¿cómo? buscando una "esencia patria" que haga único a un pueblo y tratando de demostrar que esa esencia se mantiene inalterable con los siglos, y cuanto más antigua sea, mejor. Europa siempre lo ha tenido chungo para identificarse con el Imperio Romano: deja fuera a toda la Europa nórdica y un antepasado común era incómodo para las naciones del XIX cuyo pasatiempo favorito era rivalizar unas con otras. Así que encontraron en los diferentes pueblos germánicos (godos, francos...) a sus perfectos candidatos.
En el caso de Francia y Alemania, no es casual que durante mucho tiempo historiadores de uno y otro lado se metieran en absurdos (e inútiles) debates sobre si Carlomagno era más francés que alemán o al revés. Hoy, tenemos la Unión Europea, y Carlomagno ha pasado a ser visto como el primer impulsor de un proyecto europeo. Y
francamente, creo que Carlomagno se hubiera reído bastante con unos y otros.

La verdad es que los pueblos germánicos tenían más cosas en común que diferenciadoras, misma cultura, misma religión, mismas costumbres, mismo todo. Pero fragmentados en tribus, con el paso de los años y por necesidad, esas tribus se iban reuniendo en grandes agrupaciones o confederaciones mayores que con el tiempo crearon una identidad grupal.

Vamos a ver un poquito de esta gente:

Lo primero es el escenario, al sur de la taiga siberiana de abedules se extiende la zona de las estepas, hasta Manchuria. Ha sido recorrida por pueblos de origen indoeuropeo, turco o mongol en busca de pastos para sus animales, imponiéndose el ritmo de vida del ganado a los hombres. En verano se produce una huida a las zonas altas en busca de pasto, bajándose en invierno. Su alimentación se basa en productos lácteos, y su arte en motivos animales sobre placas de bronce. El de las estepas es un jinete excelente que se apoya en el arco y el lazo, la huida fingida y la persecución envolvente. Aquí es donde viven originalmente los pueblos de las estepas:
ávaros, hunos, alanos y sármatas.

La zona de las estepas finaliza en los Cárpatos, donde la tierra se llena de bosques y ciénagas, poblada por pueblos indoeuropeos más sedentarizados (practican el nomadismo rural), estos pueblos pertenecen a dos grupos lingüísticos:
los eslavos y los germanos.

Eslavos: al norte de los Cárpatos, entre el Vístula y el Dniéper. Su origen está en la cuenca del Pripet en Polesia (región pantanosa entre Bielorrusia y Ucrania) Estos bárbaros son más ganaderos (ganadería ovina y porcina) que agricultores, se dedican también a la pesca y la agricultura. Su paganismo es una copia casi idéntica del sármata, veneran al sol cuyos símbolos son el gallo y el caballo, y a la gran diosa en calveros con el árbol sagrado, el abedul.

Germanos: ocupan la Europa del norte y la zona del Vístula al Rin, y al sur hasta el Danubio. No son un pueblo cohesionado sino dividido en grupos con relaciones frecuentemente hostiles. A finales del siglo IV se dividían en:

Francos en la desembocadura del Rin.

Alamanes en el río Main.

Marcomanos/bávaros, cuados, suevos y turingios en el alto Danubio.

Burgundios/borgoñones en Europa centro-oriental.

Lombardos/longobardos en el curso medio del Elba.

Vándalos (asdingos y silingos), al norte de Hungría.

Más al norte, en las islas entre la desembocadura del Rin y el Elba:
frisones, jutos en la actual Jutlandia, y anglos y sajones en el bajo Elba.

Al otro lado del báltico, en Escandinavia, la fuente de todas las migraciones germánicas, se encontraban los
noruegos, suecos y daneses.

Los godos comenzaron a emigrar en el siglo II d. C. desde el sur de Escandinavia, cruzando el Báltico. En el siglo III están instalados a orillas del Mar Negro y reciben la influencia de los indoeuropeos de las estepas (eslavos y sármatas) y de los grecorromanos. Más adelante se dividieron en dos grupos, los ostrogodos se asentaron en Ucrania fundando un reino de cierta entidad, mientras que otro grupo, los visigodos derrotaron al emperador romano Valente en Adrianópolis en 378 y ocuparon los Balcanes. Como se ve en el siguiente mapa:


Europa en 378


La fuente fundamental para conocer la historia de los godos es la Historia de Jordanes, a la que pueden echar un ojo aquí.

Tácito, en la Germania señala como principal diferencia del paisaje germano la ausencia de ciudades o pueblos. Aunque acierta en esto, si que había aldeas de considerables dimensiones, de más de 40 granjas y más de 10 personas en cada una, frecuentemente rodeadas de obras defensivas como empalizadas y fosos. Había dos tipos de granjas: la más común era rectangular, tripartita, con pórtico, vivienda y establos con otras pequeñas dependencias para telares, almacenes, cocinas... la granja aristocrática se dotaba de obras defensivas y disponía de una gran sala rectangular, el hall, donde desarrollaba su vida el señor rodeado del
gefolge (séquito guerrero).
El individuo no tiene existencia más que en el seno de la comunidad, de la que la familia, patriarcal, es la célula base, formada por marido, mujer e hijos y sus dependientes, esclavos y libertos. La mujer participaba de todos los ámbitos de la vida del hombre acudiendo a la batalla a animarles y curarles, y en caso de necesidad, entrar en combate. Aunque el
mund era la autoridad total del padre sobre la mujer e hijos. La mujer germánica podía alcanzar un papel importante en el grupo. Los niños se sometían al mund hasta los 10 o 15 años en que en presencia de guerreros se les cortaba el cabello y pasaban a formar parte del gefolge.

La mayor parte de las leyes germánicas muestran que el germano no es sólo un guerrero sino también un campesino, símbolo de ello es la francisca, un tipo de hacha utilizada a la vez como herramienta de roturación y arma arrojadiza.
La agricultura y la ganadería estaban equilibradas en grado tal que sorprendió a los romanos, más agrícolas. El arado era parecido al romano en principio, pero al ser tierras más duras tuvieron que crear un arado pesado para que la reja pudiera profundizar. El cereal era esencial en su dieta, fundamentalmente la cebada, seguida de la avena y el centeno, y por último el trigo. La propiedad privada estaba muy metida en esa sociedad, aunque es verdad que había campos comunes para la ganadería, en la que destacaba el ganado vacuno, una raza pequeña que daba leche principalemente y carne.

Eran maestros en la metalurgia armamentística. El acero germánico era de mejor calidad que el romano, y la siderurgia germana un préstamo del mundo céltico, gozando los herreros de gran popularidad.


Europa en el año 400


Fuentes de las imágenes
:

La Historia con mapas

Cuadernos de Historia Medieval de la Universidad Autónoma de Madrid


Euratlas.net


19 oct. 2010

Otra entrada más sobre la caída de Roma

La mayoría de los que comentaron el post anterior se sumaron a la idea de una decadencia romana, algunos, con las lógicas reservas. Aquí no vamos a resolver lo que pasó, pero el caso es que con decadencia o sin ella, lo que sí está claro es que el Imperio había cambiado. Muchas veces se tiene la sensación de que el Imperio Romano fue una cosa inmutable puesta ahí por Octavio Augusto en 31 a.C. que se mantuvo básicamente igual (pero decadente) hasta que en el siglo V unos señores bajados del norte le pusieron fin. Cuando la política o la sociedad romana sí que variaron con el paso de los años. El mismo palabro "Imperio" es engañoso: imperio era para los romanos la potestad que algunos cargos tenían para mandar tropas, así que el emperador tenía "imperium", pero un cónsul, un procónsul o un praetor también eran técnicamente "emperadores". En realidad, Augusto y sus sucesores se llamaban a sí mismos "Príncipes", por aquello de que aunque tuvieran un poder casi absoluto, en teoría tan sólo eran "el Primer Ciudadano" (que pechá de comillas llevo puestas).
Por eso a los dos primeros siglos o Alto Imperio se los llama también Principado, el siglo III es de inflexión en la historia romana (la Anarquía), y al Bajo Imperio de los siglos IV y V se lo llama a veces Dominado porque el Princeps deja de andarse con chiquitas y empieza a intitularse Dominus (Señor), lo cual, aunque sea simbólico, ya indica un cambio de mentalidad, porque desde Constantino además, la religión cristiana les viene muy bien para afirmar que actúan como vicarios de Cristo en la Tierra y en consecuencia permitirse actuar con unas formas más despóticas.

A lo largo de la historia de Roma, además de cambiar eso cambian otras muchas cosas, por ejemplo la sociedad y la economía. Durante la República y el Principado, mucha gente al oir la palabra "Imperio" y "conquista", tiene la imagen de que detrás de las legiones venía una tropa de recaudadores de impuestos, censores, gobernadores, burócratas y civiles a asentarse en el territorio y despojar a los vencidos sistemáticamente de su cultura y su todo, pero en realidad la Administración romana no funcionaba así, sino que más bien practicaba un "dejar hacer". A las elites senatoriales lo que les interesaba era hacer negocio sin complicarse mucho la cabeza, sin voluntad de asimilar a nadie. En principio.
Pero estaba el tema del derecho, un municipio conquistado seguía regiéndose por su propia costumbre como si nada hubiese cambiado: aparte de satisfacer un
tributum una comunidad indígena podía ver pasar años desde la conquista sin que su vida variase sustancialmente. Pero si a ese municipio se le otorgaba el ius latii, el derecho romano, obtenía importantes privilegios, principalmente fiscales, además de que las elites indígenas podían especular con hacer carrera política, incluso quién sabe, en Roma (y de hecho, la tendencia terminó siendo la aparición de emperadores hispanos, galos, árabes...) La clave para conseguir esta distinción era parecer más romano que los romanos, así que la famosa "romanización" no fue un proceso consciente impuesto desde Roma: era algo de lo que mucha gente podía sacar tajada. Por la fuerza hubiese sido imposible mantener unido tanto territorio tanto tiempo.
Mientras tanto la explotación de minas, impuestos y demás riquezas se concedían a sociedades privadas o
publicani, que podían dedicarse a forrarse mientras pagasen puntualmente en Roma. Aunque Augusto ya crease un cuerpo de funcionarios, la confusión de lo público con los negocios privados fue una constante durante mucho tiempo.

Entonces llegó el siglo III:

El siglo III fue una racha más bien mala para el Imperio, para empezar, en el exterior se le acumulaban los enemigos, principalmente los persas (en 260, el emperador Valeriano fue derrotado por el persa Sapor I, victoria que quedó reflejada en una estela con Sapor pisando al emperador romano).Pero el mayor problema en el siglo III era la economía: un aumento galopante de la inflación que se intentó corregir bajando la cantidad de plata en las monedas y así poner más dinero en circulación, con un resultado: la inflación se disparó aún más.

Una soldadesca con problemas adquisitivos por lo caro que se estaba poniendo todo, y con un protagonismo desmesurado debido a que eran más necesarios que nunca en las fronteras provocaron una época de guerras civiles constantes que duraron todo el siglo III, en que prácticamente todo cristo aspiraba a ser nombrado emperador por la guarnición de su pueblo.

A finales del siglo, el emperador Diocleciano vino a arreglar un poco las cosas, o eso pretendía, porque a mí siempre me han contado que Diocleciano era una mente preclara de la política cuando lo que vino a hacer fue liarlo todo aun más.

Sin dejar de ser emperador, nombró "César" (285) y luego "Augusto" (286) a Maximiano que tendría control sobre el occidente, mientras que el propio Diocleciano se reservaba la que ya era la parte más jugosa del Imperio: la oriental. En 293 nombró otros dos "césares": Constancio Cloro bajo la tutela de su "Augusto" en occidente y Galerio en Oriente bajo tutela de Diocleciano. Para reforzar aún más la lealtad mutua cada uno de los césares se casó con las hijas de sus respectivos augustos.
Se supone que las cosas debían haber funcionado así: los dos augustos controlan directamente unos territorios, el resto, se lo reparten los dos césares, cada uno de ellos supervisado por su superior. En 305 los dos augustos tendrían que retirarse y dar paso a sus dos césares, que pasaban a su vez a ser augustos.

La Tetrarquía, como se la conoce, no duró ni dos días (se veía venir): hay una serie de chanchullos entre Augustos y Césares y...bueno, en lugar de reforzarse la unidad del Imperio, lo que provoca es un montón de guerras civiles en las que se suceden emperadores por todas partes hasta que sólo queda uno:
Constantino, después de derrotar a Majencio en la Batalla del Puente Milvio (312) supuestamente gracias al símbolo cristiano que pintó en los escudos de su ejército.

El siglo IV

Y ya con Constantino nos metemos en el siglo IV. Se puede poner el reinado de Constantino como punto de partida de la "cristianización" del Imperio, a pesar de que él mismo fue pagano hasta sus últimos días, permitió "oficialmente" la existencia del Cristanismo dentro de sus fronteras, y convocó el Concilio de Nicea en 325 para poner fin a las disputas entre las diferentes facciones de la Iglesia, condenar la llamada herejía arriana (que era la religión de los germanos) y en fin, el Imperio empezó a ser un Imperio cristiano. (Aquí la polémica que se generó en el magnífico blog HistoriaClásica.com con motivo de Nicea).

Constantino es además famoso por haber fundado Constantinopla y haber puesto allí la capital imperial, confirmando así que el centro del Imperio se trasladaba a Oriente.

Pero el emperador que realmente hizo del Cristianismo religión oficial del Imperio fue Teodosio en 380 con el Edicto de Tesalónica. Además, Teodosio es también conocido por ser el último emperador de un Imperio unificado, a su muerte, se divide entre sus dos hijos: Arcadio en Oriente y Honorio en Occidente. A partir de entonces la historia de Occidente, será la de las invasiones hasta la extinción definitiva de la dignidad imperial. A la parte Oriental todavía le quedaba un largo camino por recorrer hasta 1453.

El imperio estaba dividido teritoralmente en prefecturas, subdivididas en diócesis presididas por un vicario. A su vez, cada diócesis se dividía en provincias, gobernadas por un cónsul o procónsul. Las provincias en conventus, y los conventus en municipios.


Sociedad y economía

A mí siempre me ha dado la sensación de que al Imperio le terminó llegando lo que a otros, una crisis de expansión. Mientras hubiese nuevas tierras que conquistar, nuevas remesas de metal llegando a Roma y nuevos mercados que abrir, todo bien, pero detenida la conquista y su efecto dinamizador de la economía, llega el estancamiento, y la principal consecuencia suele ser la inflación. Lo que supone pérdida de poder adquisitivo y de bienestar para las clases "medias" y por tanto, inestabilidad social. Pero también una bajada en los ingresos de la Administración: ¿qué medidas toma para compensar? pues desde Diocleciano, básicamente dos:

1) La falta de movilidad: tanto física como laboral, prohibir por ley el cambio de residencia y que un hijo tomase otra profesión que no fuese la de su padre. Así se aumentaba el control sobre la población y se ponía más difícil la evasión del fisco.

2) Aumentar la burocracia para asegurarse el cobro de los impuestos, con el inconveniente de que una burocracia más pesada es más cara de mantener, así que a su vez hay que ir aumentando los impuestos para sostener un estructura que a su vez se tiene que hacer más gorda para poder seguir controlándolos...¿me siguen?

Así que al final el efecto conseguido fue justo el contrario: la elites que podían pagar pero no querían fueron emigrando al campo convirtiéndose en auténticos señores al margen del Estado, en ocasiones con ejércitos propios, y los más humildes de la ciudad se fueron también al campo a ser "protegidos" del Estado por esos señores. En la ciudad cada vez queda menos gente y el Estado tiene cada vez menos recursos.

Claro que es una opinión mía: que los siglos bajoimperiales estuvieron caracterizados por el anquilosamiento del Estado y la inflación es un hecho, yo sólo me apunto a la opinión de que esto fue lo principal, otros le echarán la culpa a la presión militar en las fronteras, etc. Y al final lo de siempre:
¿presión en las fronteras aprovechándose de la decadencia?¿Decadencia por culpa de soportar la presión en las fronteras? He aquí uno de los grandes problemas que se encuentran los historiadores de todas las épocas en cualquier parte: el del huevo y la gallina.

Y yo no lo voy a resolver, así que dejo ya en paz al Imperio, que ya les llega el turno a mis amigos los bárbaros.

7 oct. 2010

La caída de Roma y el fin de la civilización

Hace poco me terminé La caída de Roma y el fin de la civilización (2005) de Bryan Ward-Perkins. Y me ha gustado. Me ha gustado mucho a pesar de que el libro defiende una idea central de la que no ha logrado convencerme. Eso sí, por el camino dice muchas otras cosas valiosas, y todo muy bien defendido, muy bien citado, y...y...¡maldición!, que cuesta trabajo llevarle la contraria.

Aparentemente Ward-Perkins defiende justo lo contrario a lo que decía Pirenne en su día: vamos, que vuelve a la idea de una extinción brusca y dramática del Imperio Romano.
Aparentemente, porque en realidad ambos defienden lo mismo en muchas ocasiones, la continuidad de muchos aspectos notables del Imperio en los reinos germánicos. El problema que tengo con Perkins no es lo que dice para el después de la caída, sino para el antes.

A ver, en los últimos tiempos algunos historiadores defendieron una visión muy rosa de la desaparición del Imperio como unidad política, sin violencias de ningún tipo y con muy buen rollo todo. La reacción vino en 2005 con dos británicos que recuperaban una visión más tradicional: Peter Heather y La caída del Imperio Romano y el señor que nos ocupa hoy.

Ward-Perkins defiende que el Imperio Romano fue brillante hasta los últimos momentos antes de la caída, que el nivel de bienestar de la gente era enorme hasta sus últimos días, que el campesino más humilde tenía acceso a productos de calidad, y que todo cambia por un único factor externo, chispa de todos los internos: las invasiones germánicas. Y que si Occidente cae y el Oriente no, es por mala suerte (como suena) y unos pocos errores de gestión. Vamos, ni decadencia ni causas sociales: conquista pura y dura.

Esto, que dicho así suena muy mal, lo defiende admirablemente bien y con sentido del humor: se nota que Ward-Perkins viene del mundo de la arqueología, y acude a una herramienta utilísima que todo estudiante de historia aprende a odiar con toda su alma: los putos cacharritos de cerámica. Con ellos demuestra una bajada dramática de la población a principios de la Alta Edad Media, un descenso en el comercio y en general en el nivel de vida.

Pero hasta que todo se acaba de golpe y porrazo, el Imperio se conservaba con una salud envidiable, como diría uno que yo me sé: Roma va bien.

Cosas que opongo:

Siglo III: el Imperio entró en una anarquía política y militar de 75 años en que hasta la guarnición del último pueblo de Britania nombraba a su propio emperador. Cuando se recupera el orden ya en el siglo IV lo hace Diocleciano partiendo el Imperio en 4 trozos, Constantino lo reunifica después, pero a partir de ese día, la división no hará sino agrandarse.
Vale, son cosas de política que en principio no tienen porque afectar a la población, pero después de 200 años de paz, que de repente se líen a guerras civiles por todas partes tiene que ser síntoma de algo.

Bacaudae y herejes: bandas de campesinos desheredados que sacuden todo occidente desde el siglo III. Como dice Ward-Perkins, en el siglo V las derrotas militares a manos de germanos alimentaron el descontento de estos grupos sociales y leyéndolo, da la sensación de que los bacaudae aparecen el mismo tiempo que los bárbaros, pero no llega a afirmarlo claramente. No lo afirma porque el caso es que los descontentos ya estaban ahí de antes. Puede que se hagan notar más con las sucesivas derrotas imperiales, pero en un Imperio donde, como defiende, el bienestar seguía llegando a todas las capas de la población, no se forman bandas de salteadores. Hace falta un descontento muy grande previo a la llegada de nadie desde fuera.

El avance del latifundismo: desde la anarquía del siglo III muchos habitantes de las ciudades y muchos pequeños propietarios que ya no podían pagar sus impuestos se ven obligados a ceder sus tierras a un gran propietario que los "protege" (en el sentido de "proteger" de El Padrino) mientras ellos seguían trabajando, pero ahora, como colonos.

Y, en general, la propia experiencia histórica: hay montones de ejemplos de Imperios que siempre tienen la misma presión en la frontera, pero que sólo se hace insoportable cuando se colapsan ellos solitos por dentro.

Ahora bien, tiene cosas muy interesantes:

Los romanos tuvieron la inmensa suerte de que sus invasores, si algo sentían por ellos, era admiración, y lo único que buscaban era participar de la riqueza material del imperio. Eso facilitó mucho las cosas para una posterior coexistencia de unos y otros, y la fusión de ambos pueblos. No dice lo mismo de los romanos, de los que cuenta que despreciaban a los germanos, y éstos, que tontos no eran, se daban perfecta cuenta, dando un par de testimonios interesantes al respecto:

En 393, el aristócrata romano Símaco llevó a Roma un grupo de prisioneros sajones con intención de que se matasen entre sí públicamente, en unos juegos gladiatorios que iba a celebrar en honor de su hijo. Sin embargo, antes de que los exhibieran, veintinueve de ellos se suicidaron del único modo que tenían a su disposición: estrangulándose unos a otros con sus propias manos. Para nosotros, su terrible muerte supone un valiente acto de desafío. Pero Símaco entendió su suicidio como la obra de un «grupo de hombres más viles que Espartaco» que había sido enviado para ponerlo a prueba.

Además señala un aspecto para mí fundamental en la derrota militar del Imperio: la sociedad romana estaba hiperespecializada, los romanos compraban su cerámica a talleres profesionales, las ciudades importaban los productos agrícolas de un campo especializado y confiaban su defensa a un ejército profesional. Los germanos no tenían esta especialización, así que mientras todo varón (y si era necesario toda mujer) germano era un guerrero en potencia, una vez desmantelada una legión romana no era tan fácil de reponer, y lo mismo ocurre con lo demás: acabar con la industria de un sólo lugar suponía dejar sin abastecimiento a regiones muy alejadas incapaces de producir por sí mismas incluso los bienes más básicos. Los pueblos menos complejos eran los más autosuficientes. Imaginen si eso ocurriese hoy: el Ikea consistiría en tener que ir al bosque a cortarse los maderos uno mismo. Un drama.

Pero en fin sigo pensando que hubo decadencia previa. En cuanto a las causas de ésta...un estudioso alemán se dedicó en 1984 a glosar todas las posibles causas de la decadencia que se habían ido alegando en la historiografía: reunió 210. Incluyendo las más chorras como la ¡impotencia! (Cipolla hace buena burla de esto en Allegro, ma non troppo). Y yo, como todo hijo de vecino, tengo mis propias opiniones...pero las veremos en el próximo episodio que ya me estoy colando.

Entretanto los invito a que opinen: ¿decadentistas o rupturistas?
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