19 oct. 2012

Poderosos y humildes


En la última entrada comentaba lo difícil que resulta en una sociedad agraria (y más en una como la altomedieval) recaudar impuestos.

He empezado a leerme el estupendo —parece— libro de Chris Wickham Una historia nueva de la Alta Edad Media: Europa y el mundo mediterráneo 400-800 y casualmente me encontré con un pasaje que explica esto bastante mejor que yo:




No es fácil recaudar impuestos en una sociedad agraria. En realidad, tampoco es demasiado fácil cobrar las rentas, debido a que, en cualquier sociedad, los campesinos que viven en el nivel de subsistencia están, comprensiblemente, poco dispuestos a detraer de sus propios excedentes cantidades con las que pagar a un poder exterior, o a que, si lo hacen, albergan siempre un notable resentimiento. No obstante, los terratenientes tienden por lo menos a saber quién tiene el usufructo de sus tierras, y sus adversarios estructurales son los propios campesinos, que rara vez disponen de una fuerza de choque suficiente o de determinación bastante para asumir los riesgos que se hacen necesarios si se proponen desafiar a la aristocracia. Sin embargo, los recaudadores de impuestos cobran los ingresos a ricos y a pobres por igual, esto es, se ven obligados a exigírselos tanto a los «poderosos como a los humildes», pues tal era la denominación de las clases a lo largo de toda la época que aquí estudiamos. Sin embargo, los ricos y los poderosos son unos adversarios más peligrosos, tanto si se supone que deben pagar los impuestos en persona (tras habérselos arrancado previamente a sus campesinos, cosa que no tenían problema en hacer), como si se limitan simplemente a dejar pasar pasar a los recaudadores para que éstos cobren los impuestos directamente a quienes dependían de ellos, con lo que veían  disminuir el excedente que pudieran reclamar para sí mismos. Estas dos últimas pautas de recaudación eran ambas parte integrante de las prácticas fiscales tardorromanas —consistentes,
grosso modo, en que los arrendatarios (coloni) que debían todas sus tierras a un único terrateniente pagaran los impuestos por mediación suya, mientras que los inquilinos que poseían  algunas tierras propias los abonaran directamente. Era relativamente más sencillo aterrorizar a los campesinos, pero sus señores eran piezas más difíciles de cobrar.

y sigue:

Apenas puede extrañarnos que los recaudadores de impuestos viajasen acompañados de una escolta armada, tanto en el imperio romano como en la mayoría de los demás Estados fuertes. A menos que realmente tuviera uno necesidad de recaudar impuestos, es difícil imaginar que sus rituales hubieran logrado prevalecer frente a tantos enemigos estructurales

El autor está hablando del Imperio Romano del siglo V pero aún así creo que ilustra bastante bien las dificultades que tenía el poder centralizado para tender una red fiscal decente. La otra opción que el autor contrapone a ésta era montar un Estado basado en la propiedad de la tierra, cosa que finalmente ocurrió.

El texto da una imagen muy vívida de funcionarios imperiales recorriendo el terreno acompañados por una escolta armada. En la próxima entrada veremos cómo en la Baja Edad Media, una vez que la economía se decide a despegar, los reyes optan por un método más barato —¿y efectivo?— para recaudar.

24 sept. 2012

Estado, mercados y el fin de la Alta Edad Media

Supongamos que estamos en el siglo VIII: un rey que quisiera sanear sus cuentas y recaudar algún tributo de su reino lo tenía un poco complicado.

El poder político estaba tremendamente fragmentado. En teoría nuestro rey es el depositario del ban: la autoridad que desde tiempos de los germanos permitía exigir tributos, impartir justicia o acaudillar a su pueblo en la guerra -entre otras cosas-. Un ban para todo el reino, en teoría, pero en la práctica no tenían la fuerza para hacer valederos esos derechos, cuyo ejercicio se fue dejando en manos de grandes señores en cada zona, y aunque al principio actuaban como agentes del rey, la transmisión de estas funciones de padres a hijos fueron consolidando lo evidente: el ban se había parcelado y vendido a trozos, y cada señor ejercía como un reyezuelo en sus tierras [1][2].

Jean Francois Millet, Cosecha del trigo
Pongamos por caso la península ibérica: los campesinos de cada dominio debían a sus señor ciertos «usos» (que cuando se iban de madre pasaban a llamarse malos usos, origen de variadas revueltas ya en la Baja Edad Media). Algunos de los más conocidos son las martiniegas, una renta por aprovechamiento de la tierra; o las sernas, la obligación de dedicar parte del tiempo a trabajar la reserva señorial (las tierras que el señor explota de forma directa, que obtiene así una bonita mano de obra de gratis), el yantar era la obligación de alojar y alimentar al señor o sus enviados, normalmente y cómo máximo una vez al año, similar obligación tenían los señores con respecto al rey, si pasaba por sus tierras [3].
La mayoría de estos tributos solían pagarse en especie, que se llevaban a la casa del señor.

A cambio, los campesinos tenían el derecho de aprovechar los bienes comunales del señorío: bosques, prados, ríos y lagos que aportaban un complemento indispensable a su subsistencia.

...

¿Y el rey, qué?

Si los señores vivían como reyes, el rey vivía como un señor -literalmente- lo que no es muy bueno.
 
Veamos, la vida cotidiana se basa en la economía de subsistencia y los pagos en especie, los tributos eran locales y ya se encargaba la nobleza de recaudarlos -y el rey en su reserva, claro-.

Además, desde la época de las invasiones la moneda había desaparecido casi completamente de occidente, «casi»: desde luego que se seguía acuñando, pero era más una señal de prestigio que un instrumento monetario que pudieras usar para comprar nada realmente útil en tu vida diaria. El comercio no había desaparecido del todo, pero las dinares de oro procedentes del Imperio Islámico, o los trientes bizantinos circularon por toda Europa y eran perfectamente válidos para las escasas transacciones, limitadas a productos de gran lujo.
triente bizantino de Justino II. fuente: http://www.tesorillo.com

Así que lo dicho, cualquier monarca empeñado en implantar una fiscalidad medianamente decente no hubiera tenido mucho que hacer por aquí.

Había, no obstante, un apartado en el que todavía mantenía la plena autoridad (más o menos): la dirección de la guerra. El rey mantenía sus atribuciones guerreras, y en una economía sin apenas excedentes como la altomedieval, complementarse con los despojos de los vencidos nunca venía mal. Además, la guerra es siempre una buena manera de tener ocupados a unos señores que de otro modo estarían dando problemas. Así que en un proceso que recuerda a la «guerra productiva» de Ian Morris [4] ciertos reinos altomedievale se lanzaron a expandirse geográficamente.

El caso más evidente es el de los reyes carolingios: Carlos Martel, Pipino el Breve y Carlomagno batallaron sin cesar contra saqueadores musulmanes, avaros y sajones hasta expandir sus fronteras de una forma nunca vista. Cierto que después los nórdicos trajeron un breve período de inestabilidad (bastante exagerada luego) pero a partir del siglo X el mundo había cambiado: las fronteras de los diferentes estados se han ampliado y las hostilidades quedan ahora más lejos del centro de los reinos, donde hay una cierta estabilidad -la doctrina de la Paz de Dios, impuesta por la Iglesia contribuyó a mantener este equilbrio interno-.

Paralelo a esto, la actividad guerrera contribuyó a rellenar los tesoros del rey y de los nobles... el proceso es un poco más complicado pero resumiendo: una vez se llegó a una «masa crítica», los señores decidieron que era hora de dejar de tesaurizar y empezar a consumir. La relativa tranquilidad favoreció la aparición del comercio en Europa, el mejor ejemplo de esto son las ferias de Champagne que mantienen un mercado abierto durante todo el año. Pero por todas partes los poderes públicos alentaron y protegieron la creación de puntos de encuentro para mercaderes. Volvamos a la península ibérica: en Castilla, Alfonso X (1252-1284) dió un gran impulso a la creación de ferias, que venían fundándose desde el siglo XII, y que se sumaban a la principal -y permanente- de Medina del Campo, desde este monarca, y hsta comienzos del siglo XIV se crearon 50 ferias, la mayoría en tierras «de realengo» [5].

la región de Champagne, en la actualidad. fuente: Wikipedia.
Mientras tanto, la moneda se había fraccionado, había dejado de ser un producto raro, circulando de bolsillo en bolsillo y utilizándose para operaciones cotidianas. El comerciante ya no era un agente de un noble, sino un «estado» más, un profesional independiente con contactos en toda Europa. El siglo XII fue el de una auténtica «revolución comercial».

Resulta que el Estado y «los mercados» habían aparecido en el panorama europeo, y ambos formaban parte del mismo fenómeno.

Ahora, por cierto, el redescubrimiento del Derecho Romano vino muy bien a la hora de seguir expandiendo el poder de los reyes, que ahora sí, estaban listos para reclamar lo que era suyo y ponerse a recaudar tributos en condiciones. Pero eso lo dejo para otra ocasión.

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[1] De ban procede la expresión "señorío banal", que en español se refiere a las funciones de hacienda, justicia u otras que un señor ejerce sobre tierras que no le pertenecen de forma directa.
[2] Duby, Georges, Guerreros y campesinos: desarrollo inicial de la economía europea, 500 - 1200, 2009, Madrid, Siglo XXI, p.57
[3] Suárez Bilbao, Fernando, La sociedad altomedieval y sus recursos, en Álvarez Palenzuela, Vicente Ángel (dir.), Edad Media: Historia de España, 2005, Barcelona, Ariel.
[4] La revolución naturalista: Ian Morris: por qué la guerra nos ha hecho más pacíficos
[5] Ladero Quesada, Miguel Ángel;
Fiscalidad regia y génesis del Estado en la Corona de Castilla (1252-1504) en Espacio, Tiempo y Forma, s. 3, HªMedieval, t. 4, 1991.

7 ago. 2012

Santa María la Real de Obona

"I have a tender spot in my heart for cripples, bastards and broken things"
Tyrion Lannister

A la vista está que llevo ya varios meses sin poder actualizar el blog por variados motivos. Durante esta temporada, he pasado bastante tiempo en Asturias donde una vez encontré tiempo libre me dediqué a hacer turismo. Y en Asturias, cualquiera mínimamente interesado en el arte en general y medieval en particular (¡prerrománico!), lo puede pasar muy bien.

fuente: http://www.hispanianostra.es/lista-roja/Monasterio_de_Obona
Vía twitter, la cuenta @salvemosObona me había servido para conocer el Monasterio de Santa María la Real de Obona (Concejo de Tineo): un conjunto formado por un templo románico del siglo XIII adosado a un claustro del siglo XVII. Si queréis una descripción de elementos arquitectónicos y escultóricos, hay una bastante completa aquí. El turista ocasional puede que no le encuentre demasiado atractivo en un primer momento: aunque el románico está lleno de portadas esplendorosas, el austero estilo cisterciense del lugar no destaca por su abundancia en la decoración. Además, está la cuestión del estado de conservación del conjunto.

Actualmente se encuentra en estado de ruina, a pesar de que ya el 14 de mayo de 1982 fue declarado Monumento Nacional, por lo que a día de hoy, al ser un inmueble, se considera automáticamente Bien de Interés Cultural (según la Ley 16 de 1985 de Patrimonio Histórico Español), dentro de la categoría "Monumentos". Nada de eso parece haber servido para mucho y desde el año pasado está incluido en la Lista Roja del Patrimonio, que gestiona la asociación Hispania Nostra con "aquellos elementos del Patrimonio Histórico español que se encuentren sometidos a riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores". Además del inmueble, en su interior se encuentra un valioso cristo del siglo XII dañado a causa de los excrementos de aves y de la carcoma.
I'm the Keeeper of the Seven Keys

Me acercé a verlo. Y no os engaño: el estado de abandono es lamentable, a pesar de que el paraje me resultó maravilloso y el conjunto no carece de interés.

De hecho, leyendo sobre la historia del sitio me pareció interesante contarla aquí, ya que es ilustrativa de la evolución de un monasterio del Camino de Santiago a lo largo del tiempo.

La tradición fecha la fundación del monasterio en el siglo VIII, por Adelgastro o Adelgaster (presunto hijo del rey astur Silo, 774-783), figura que es un auténtico enigma, ya que para unos autores se trata de un ente ficticio, y un ser real para otros como J.M. Quadrado (Recuerdos y bellezas de España: Asturias), Aurelio de Llano Roza de Ampudia (Bellezas de Asturias de Oriente a Occidente). Ambrosio de Morales, Sandoval y Yepes (siglos XVI y XVII) testifican que el monasterio tiene una escritura original de su fundación, aunque no vieron de ella más que una copia con lo que algunos autores ponen seriamente en duda su autenticidad ya que… "faltando en el Monasterio de Obona escrituras casi por dos siglos enteros contados desde la data del privilegio de fundación en adelante, se haya conservado precisamente la primera tan sana como pondera Sandoval…" Resulta sospechoso, además de que pone por fundador de este Monasterio al citado Adelgastro hijo del Rey Silo, cuando el Cronicon Albeldense testifica expresamente que de este Príncipe no quedó hijo alguno: Prolem nullam dimisit, como escriben E. Flórez, M. Risco, A. Merino y otros autores en España sagrada: Theatro geographico-historico de la iglesia de España. Para terminar de liarlo todo, la propia España sagrada se contradice más adelante al reconocer a un hijo natural de Silo, ya casado en el momento en que su padre accede al trono. 

Con o sin hijo, la crónica no duda de una fundación temprana, ya que cuenta que en torno a 784, un tal Mabillon, abad del monasterio, se destacó en la defensa de la ortodoxia frente a la herejía adopcionista, que se extendía por el reino.

La presencia en las fuentes es algo más clara a partir del siglo XI donde ya parece que había una pequeña comunidad de monjes dependiente del Monasterio de Corias. En 1222, el rey Alfonso IX de León (1188-1230) favorece al monasterio convirtiéndolo en lugar de paso obligado para los peregrinos del Camino de Santiago, fastidiándolos, ya que se veían obligados a dar un poco práctico rodeo. El mismo rey había estado residiendo en el monasterio, y algún tiempo antes (1214) había otorgado la carta puebla a Tineo. De esta época data la construcción más antigua conservada, el templo, de un estilo románico-cisterciense, si bien algunos elementos apuntan a la transición al gótico. Es muy interesante ver como aunque la comunidad no abandonó la regla benedictina para apuntarse a la reforma del Císter, en lo arquitectónico no le hizo ascos al nuevo estilo, basado en la austeridad más absoluta.
fuente: http://www.arquivoltas.com/32-Asturias/01-Obona01.htm
El actual claustro adosado data del siglo XVII, merced a una reforma auspiciada por Melchor de Velasco, sin que se conserve nada del original románico. Y es en esta centuria cuando nuestro monasterio reaparece en la historia.

vista del claustro
Acogió como huésped al padre Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), filósofo, autor del Teatro crítico universal, y uno de los padres de la Ilustración española. Su presencia en Obona sería anecdótica si no fuera porque quedó encantado con la calidad de las aguas del lugar, especialmente de la que manaba de la Fuente del Matoxo, que se hizo llevar en cántaros especiales a su celda durante el resto de su vida. Para que nadie pudiese adulterarla había mandado hacer dos llaves para cántaro: una se la quedaba el cirujano Fray Valentín Calviño en Obona y la otra la custodiaba él mismo. Etimológicamente además, es probable que Obona provenga del latín aquam bonam (agua buena).

Espero que algún día pueda escribir sobre la recuperación del sitio, y beba mucha gente de esas aguas.

Bibliografía

Adams Fernández, Carmen. El arte asturiano. 2006, Gijón, Picu Urriellu.

http://www.arquivoltas.com/32-Asturias/01-Obona01.htm

12 mar. 2012

Bizancio: una introducción

Para muchas personas la civilización bizantina sigue siendo una gran desconocida. Uno de los factores que suelen aducirse a la hora de explicar el relativo poco interés que por aquí hemos tenido tradicionalmente por la romanidad oriental es el eurocentrismo occidental: existe y está ahí. Pero como país tampoco puede decirse que la Grecia actual «venda» su herencia bizantina. La marca Grecia que yo sepa incluye la época clásica (incluyendo Micenas en el paquete). Aunque si tenéis la oportunidad de ir a Atenas os recomiendo el Museo Bizantino y Cristiano, el cual tuve la suerte de visitar hace ya unos años. Me resisto a creer que no se haya conservado nada más de Bizancio que merezca la pena verse.

Una opinión personal que se me ocurre es que la Europa surgida de las invasiones bárbaras despierta en occidente la pasión por «los orígenes» que muchos llevan dentro, el mundo post-romano occidental, sea fruto de una transición más o menos natural o de una ruptura brusca, ofrece el encanto de ser un panorama muy diferente de lo anterior y el punto de partida de la evolución de los Estados europeos modernos. Frente a esto, Bizancio ha sido descrito muchas veces como un resto del pasado, un Imperio romano en constante decadencia. Sin embargo es difícil creer la supervivencia de una formación política durante ¡1000 años! en constante caída. Por eso hoy se habla más bien de sucesivas Edades de Oro y Crisis. No hubo, eso sí, transiciones bruscas, sino una historia de adaptación gradual al medio al tiempo que los propios bizantinos se consideraban herederos de la Roma imperial, eran resistentes al cambio y procuraron en la medida de lo posible mantener formas que recordasen un pasado glorioso, es por esto que a veces transmiten una imagen de inmovilismo del todo inexacta.

En esta entrada vamos a ver unas pinceladas muy generales a modo de introducción...
Una puntualización: la palabra «Bizancio» es un concepto acuñado en el siglo XVI, el origen está en la ciudad griega del mismo nombre sobre la que en 330 Constantino decidió fijar su nueva capital, a la que dió nombre. Los bizantinos llamaban a su tierra basileia ton Rhomaion (equivalente en griego al imperium romanum latino), y el emperador era el basileus romaion. Bizancio es la continuidad de Roma en oriente, así que cada vez que yo escriba «Bizancio» o «bizantino» hay que leer «Imperio romano» y «romano».

Como ya hemos visto, que la formación subsista en el tiempo no significa que sea inmutable, de hecho puede decirse que en el transcurso del siglo IV al VI se transformó en algo diferente, un Estado original y digno de estudio por méritos propios.

Una periodización [1]

Siglos IV - VI. 
Época protobizantina.

Surgen las primeras querellas de tipo religioso y, con ellas, los roces doctrinales entre Occidente y Oriente. El primero se llevó la peor parte de las invasiones hasta hundirse de forma definitiva en 476. Oriente continúa el proceso de re-helenización iniciado tiempo atrás, mientras los basileos se resisten a dejar de inmiscuirse en los asuntos del oeste.

610-842. 
El repliegue.

El enemigo secular de Roma, la Persia sasánida, colapsa y se ve sustituído por un nuevo adversario, el islam, que llega a poner a Constantinopla contra las cuerdas. Pasado este primer momento, sin embargo, se han puesto los cimientos para su supervivencia a largo plazo.

No está de más recordar que en 732 mientras Carlos Martel se enfrentaba a una incursión andalusí en Poitiers, Constantinopla hacía lo propio por su lado, en un enfrentamiento que posiblemente fuese más relevante a la hora de proteger al resto de Europa de los avances del islam.
 
No es el único problema externo: en el norte se ven amenazados por búlgaros y eslavos.
 
En el interior, en la segunda mitad del siglo VIII y primera del IX ven otro problema religioso: la iconoclastia. A pesar de todos estos problemas o precisamente gracias a ellos, se ponen las bases de una nueva etapa de esplendor. Aquí es cuando la mayoría de autores empiezan a hablar de «Bizancio» como Estado medieval original.

842-1056. 
El apogeo.

Dos siglos en los que la dinastía macedónica se lanza a la contraofensiva en todos los frentes, en el mediterráneo oriental y sometiendo a los búlgaros. Comienza además la evangelización de los eslavos, a los que se termina por integrar en el esquema sociocultural y geopolítico del Imperio.

1056-1261. 
El declive.

La entrada de los turcos en Anatolia, los ataques de los normandos, el trastorno ocasionado por el movimiento cruzado... los signos de agotamiento eran evidentes. A pesar de todo, algunos emperadores de la dinastía Comneno dieron muestras de auténtico genio político a la hora de lidiar con las situaciones que les tocaron en suerte.

Agonía. 
1261-1453

Después del saqueo de Constantinopla por la Cuarta Cruzada, es la dinastía paleólogo de Nicea la que recupera la capital años más tarde. Desde ese momento y hasta la conquista por los turcos otomanos, Bizancio queda reducido a un Estado como otro cualquiera con escaso peso internacional, ahora sí en franca decadencia...


Desplazando la barra superior puede verse la extensión del imperio en diferentes momentos.
                                                                                                                      
Ya se sabe, todas las periodizaciones son discutibles y no hay que tomárselas al pie de la letra, pero es interesante tener esta presente para apreciar que la historia de aquella parte del mundo dio para mucho, rompiendo la imagen de un Imperio inmutable detenido en el tiempo. Vamos a centrarnos en la primera, o «protobizantina».

Ya hice una serie de entradas sobre la desaparición del Imperio Romano de Occidente: allí tocaba a la parte oriental de forma colateral, pero en esencia, los sucesores de Teodosio (378-395) en oriente, empezando por su hijo Arcadio se dedicaron a contener como pudieron las sucesivas invasiones bárbaras de visigodos, hunos y ostrogodos, aunque más que «contener» la palabra es «desviar» hacia occidente que como sabemos se llevó la peor parte.

Esta política resultaba a veces humillante, pero efectiva al fin y al cabo. El emperador Zenón (474-491) obtuvo un gran éxito al desviar a los ostrogodos a Italia, donde a la sazón derrocaron a Odoacro, aquél que había destronado al último emperador en 476 y fundaron un reino efímero, aunque bastante interesante.

La política seguida con los bárbaros no fue el único acierto. Afirmaba Lemerle que la decisión de elegir Constantinopla como nueva capital del Imperio Romano no fue casual, en el Mediterráneo oriental era donde se reunía la mayor parte de la intelectualidad del Bajo Imperio, la economía estaba más desarrollada, las ciudades conservaban aún el papel de sede del poder y la administración que habían ido perdiendo en el resto del mundo romano...por supuesto que los Balcanes podían verse amenazados por los bárbaros, pero el núcleo formado por Asia Menor y Grecia se mantuvo a salvo, y mientras la flota imperial mantuviera el control de los mares, el grano podía seguir fluyendo desde Egipto, de hecho, cuando el Imperio árabe se haga con esta provincia en el siglo VII, la propia ciudad de Constantinopla nunca se recuperaría del todo del golpe a su economía. Pero de momento seguían teniéndolo bajo control, junto al rico comercio que llegaba a la costa sirio-palestina y el Mar Negro.

Por supuesto, siempre quedaba la rivalidad con los persas sasánidas, pero era un enemigo "civilizado" y un viejo conocido de los romanos.

Por cierto, al sucesor de Arcadio, Teodosio II (401-450) le debían un motivo no menor por el que Consantinopla no fue tomada jamás por asalto hasta 1453: las murallas teodosianas [2]. Con esas murallas y una excelente ubicación estratégica, Constantinopla permaneció prácticamente inexpugnable hasta la invención de la pólvora.

Los últimos años de reinado de Zenón estuvieron caracterizados por la inestabilidad social con la aparición de las herejías nestoriana y monofisita. Sobre las protestas y su relación con la transformación de la sociedad diré algo en futuras entradas. Las frecuentes revueltas e intrigas de palacio y una perenne situación de inestabilidad comienzan a vislumbrar su final con el advenimiento de una nueva dinastía, cuyo representante más destacado fue Justiniano, quien de hecho, da nombre a todo el siglo VI.

Tras variadas invasiones y revueltas el ejército proclamó emperador al jefe de la guardia de excubitores de palacio, que ocupó el trono con el nombre de Justino I (518-527). Justino procedía de Skupi (la actual Skopje, en la región de Illyria) y después de los problemas habidos con las diferentes herejías, es posible que su fe ortodoxa le ayudara a subir al trono, pero procedía de una familia campesina, y aparte de un gran prestigio como militar, su formación intelectual era bastante deficiente, así que se buscó la colaboración de su sobrino: Flavio Pedro Justiniano, a quien asoció al trono, sucediéndole en 527 como Justiniano I (527-565).
 
A esta primera serie de emperadores que siguen a Teodosio hasta Justiniano I se los ha llamado a veces «de transición», nunca me gusta calificar así ningún período, me parece un injusto, pero si es verdad que el mundo y la sociedad estaban cambiando, el Imperio venía sufriendo un proceso de helenización (o más bien re-helenización) desde el siglo IV, mientras el pueblo llano y las elites intelectuales hablan en griego, el emperador y los soldados continúan aferrados al latín. Aunque la capital, Constantinopla está abocada a mirar al mundo oriental por su posición estratégica, los basileos no pueden resistir la tentación de meterse en los asuntos del oeste, que sólo les trae problemas y fricciones, empeñados en desempeñar el papel imperial que Roma había dejado vacante en el Mediterráneo occidental.

Si hay que marcar un punto crítico en esta evolución, ése es el reinado de Justiniano (527-565). Así que si os parece, en futuras entradas tenía algo preparado sobre este señor.

No quiero centrarme en los detalles de sus guerras en Italia o Hispania que se pueden encontrar fácilmente, sino tratar de mostrar como se produce la mutación de lo que era una mitad de un imperio latino decadente en un Estado heleno renovado, pero sin olvidar su pasado, con otros problemas y otras dinámicas. La entrada ha quedado pelín larga y densa, pero las próximas confío en que serán más específicas, y no condensar tanto.
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[1] Como referencia para escribir la mayor parte de esta entrada, así como la periodización, he utilizado la Historia de Bizancio de Emilio Cabrera (1998). En futuras entradas aparecerán otras obras especializadas.
[2] Más sobre las murallas teodosianas aquí  y aquí

8 mar. 2012

Día Internacional de la Mujer (con alma)

Cuenta Gregorio de Tours (538-594) en su Historia de los Francos, que en el sínodo de Mâcon de 486 un prelado dijo que «no se debía incluir a las mujeres bajo el nombre de hombres», dándole a la palabra homo el sentido restrictivo del latín vir. Pero los argumentos del resto de obispos, apelando a las Sagradas Escrituras, hicieron «cesar la discusión» sobre la falsa interpretación. El incidente ni siquiera se menciona en los cánones del concilio.

Siglos después, en el XVIII, los autores de la Enciclopedia explotaron el incidente como base para la afirmación de que en la Edad Media se creía que la mujer no tenía alma.
 
Una lástima que los primeros santos venerados como mártires fueron mujeres y no hombres.

Feliz Día Internacional de la Mujer.

Visto en Pernoud, R. Para acabar con la Edad Media, 2010.

1 feb. 2012

Elsevier y el Open Access.

Aquel breve receso que se tomó el blog allá por noviembre se ha transformado en un largo interregno que dura ya desde el año pasado. La desidia y la anarquía reinan aquí, y lo peor es que es posible que sigan haciéndolo por un tiempo.

Pero para intentar que no sea así voy a hacerme eco de algo que ayer, inopinadamente, estuvo dando vueltas por las redes sociales.

Además de la consabida Ley Sinde española y la SOPA estadounidense, otras batallas importantes andan librándose por ahí, y desde hace más tiempo, en el campo de la difusión de contenidos en Internet, ayer, el periódico El Mundo les daba difusión (es recomendable leerse el artículo).

Elsevier es una editorial especializada en journals de medicina, muy famosas todas y de esas que dan prestigio a los investigadores por publicar, algo que le permite exigir precios exorbitantes a, por ejemplo, las bibliotecas -universitarias principalmente- que quieran contratar el acceso a sus publicaciones.

Recientemente ha dado su apoyo a la Research Works Act, ley que de aprobarse blindaría las publicaciones científicas, aquellas que siguen un riguroso proceso de revisión por pares, etc., frente a su puesta a disposición del público siguiendo los principios del Open Access ("OA", esto es: acceso abierto a las publicaciones científicas en general sin barreras económicas o restricciones derivadas de los derechos de copyright sobre las mismas). Normalmente hay dos formas o "vías" de publicar en acceso abierto:

La vía dorada, que consiste en publicar artículos directamente en revistas open access, como las indexadas en el directorio DOAJ. Como nada es gratis, alguien tiene que correr con el coste de la publicación, normalmente es el propio autor el que paga porque su trabajo aparezca publicado (práctica que es común también entre las revistas "de pago" con mayor índice de impacto).

La vía verde consiste en depositar el resultado de la investigación en una base de datos de artículos en acceso abierto, las bibliotecas universitarias, asociaciones sin ánimo de lucro etc. suelen encargarse de mantener estos "repositorios".

No sé yo como será el sector de la investigación en Estados Unidos, pero en España, algo así sería el equivalente a impedir la difusión entre el público general de los resultados de las investigaciones, a las bibliotecas establecer canales alternativos de publicación, bibliotecas que en la mayoría de casos, pagan el oro y el moro (en dinero público), por el acceso a los resultados de investigaciones que, en su mayor parte, han sido financiadas con dinero público.

Algunos enlaces:
 
El artículo original de El Mundo, que se explica mejor que yo.

También hay quien se aprovecha del OA, son los "lobos" editoriales: un post de Francis th(E) Mule.

Un artículo aparecido hace tiempo en El País: un crítico con el OA, pero que da una idea de los problemas que suelen rodear el mundo de la edición especializada.
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