20 may. 2011

Agitaciones populares en Castilla (en el siglo XV no había Twitter, pero sí campanas)

Otrosy muy poderoso sennor vuestra sennoria bien conosce quantos dapnos e escandalos e leuantamientos se cabsan en las vuestras çibdades e villas e logares delos vuestros rregnos, por que algunos se atreuen arrepicar canpannas syn auer cabsa para ello e syn ningund mandamiento que para ello ayan dela justicia nin rregidores delos tales logares, por donde cada dia con el tal bolliçio se fazen grandes ayuntamientos de gentes, de que por muchas vezes se han rresutado o rresultan muchos e diuersos delitos e dapnos de que vuestra sennoria es deseruido e se rrecreçen grandes dapnos en las dichas çibdades e villas e logares por cabsa delos dichos alborotos; por ende suplicamos a vuestra alteza que mande e ordene que qual quier que fuere osado de rrepicar las dichas canpannas syn mandamiento delas justiçias dela tal çibdad o villa o logar e de quatro regidores della donde los aya, que muera por ello e pierda los bienes e sean para vuestra camara e fisco.

A esto vos respondo que se faga e cunpla asy en los lugares donde ouier los dichos quatro rregidores e podiendo ser auidos, e donde non pudieron ser auidos todos quatro, que basten dos con la dicha justicia; e sy fuere tal logar en que non ouiere los dichos rregidores, que a lo menos ninguno non sea osado de rrepicar la dicha canpanna syn mandamiento dela dicha justiçia so la dicha pena de suso contenida.

Cortes de Toledo de 1462, petición 10.

Resumen: "como toques las campanas y reúnas a la gente, te matamos".

El reinado de Enrique IV de Castilla (1425 - 1474) se caracterizó porque en una época en la que el poder real se suponía en pleno ascenso, cerca ya de la aparición del Estado moderno (esos reyes autoritarios y más tarde "absolutos" de la Edad Moderna) la nobleza se resistió a ceder su plaza y reaccionó, produciéndose una auténtica "reseñorialización" del reino. La misma guerra civil castellana entre partidarios y detractores de Enrique IV favoreció esta circunstancia en la que los nobles campaban a sus anchas.

Hubo dos fenómenos sintomáticos: por un lado las llamadas "tomas". La alta nobleza se dedicó a usurpar tributos que pertenecían a la Hacienda real para quedárselos ellos. Como el rey no podía pagar sus sueldos en una época en la que necesitaba su apoyo para hacer la guerra, terminaba ratificando esta situación, que además permitía a los nobles tomarse la justicia por su mano. Es tanto como decir que se estaba recompensando al que tomaba las cosas por la fuerza, dando lugar a todo tipo de desmanes, mientras, el contribuyente terminaba pagando el pato.

Había otro fenómeno que a veces venía ratificado de forma oficial por una carta de privilegio. Pero otras veces se hizo también por la fuerza, consistía en lo siguiente:
un señor entraba en una ciudad o territorio, hasta entonces de derecho real, y se lo apropiaba, pasando a ser jurisdicción del señor (señorío). Las ciudades con representación en Cortes protestaron contra esto... con escaso éxito.

También había deuda pública en el siglo XV: los juros. Debido a las necesidades de financiación de la Corona, estos juros se otorgaron de forma indiscriminada, con lo que muchos de los titulares se quedaron sin cobrarlos. ¿La alta nobleza? No. Instituciones eclesiásticas y sobre todo la baja nobleza, hidalgos que no tenían poder suficiente como para realizar tomas y terminaban cayendo en la pobreza.

Además la Hacienda tenía otros problemas: durante la guerra civil, aquellos campesinos o habitantes de las ciudades que habían alcanzado una posición acomodada podían permitirse un equipo militar y un caballo con el que ir a la guerra a servir al rey, pero al no haber dinero para pagarles fueron recompensados con un título de hidalguía: ellos ascendían socialmente, pero también quedaban exentos de algunos impuestos. De esta forma, la Corona se quedaba sin las
rentas de aquellos que más podían aportar mientras el resto pagaba, y de paso, cabreaban a los hidalgos viejos que veían con recelo como se convertía en nobles a los que veían como advenedizos.

Todo esto tenía que traer consecuencias:

Fuenteovejuna es una obra de la literatura española del siglo de Oro escrita por Lope de Vega. Pero se basa en un hecho real de 1476: en ocasiones, la población de una villa reaccionaba contra la llegada de un nuevo señor, de forma más o menos organizada, a veces con derramamiento de sangre, pero otras con la simple oposición armada. En varias ocasiones, una resistencia popular logró frustar la usurpación de la villa por un señor, tuviera o no el apoyo del rey.

De la misma manera, en Castilla surgieron las Hermandades, una especie de policía costeada por la unión de varios concejos urbanos, que se protegían así de los abusos de los nobles en la recaudación de tributos. En Galicia la cosa fue más allá: varios concejos montaron una Hermandad en la que tomaron parte los segundones de la baja nobleza, los campesinos y el mismo clero. Entre 1467 y 1469 protagonizaron la revuelta de los irmandiños y los grandes linajes gallegos vieron como sus torres iban cayendo una a una, hasta que el conde de Lemos se puso al frente de la alta nobleza y acabó con la revuelta.

Castillo de Sandiás, destruído por la revuelta irmandiña.

La idea de la Hermandad fue aprovechada más adelante por los Reyes Católicos, que la extendieron por todo el territorio de la Corona, la encargó de la vigilancia de los caminos y les encargó una nueva contribución económica obligatoria que logró un reparto más equitativo de las cargas fiscales.

Las revueltas sociales no siempre estuvieron bien dirigidas. El siglo XIV es tristemente conocido por las persecuciones o pogrom de judíos y judeoconversos. Los problemas económicos de la monarquía, las alteraciones monetarias y la subida de precios se cebaban con los más desfavorecidos, como muchos de los encargados de la recaudación regia eran judíos o judeoconversos, la ira popular se dirigió contra estos sectores, de forma totalmente injusta.

5 comentarios:

Uriel dijo...

Gran entrada Hans. Lo cierto es que era una época difícil para organizar cualquier tipo de "juntadas".
Cada vez que leo algo como esto me acuerdo de una historia que me conto mi padre (aunque aún no he leído, se llama Miguel Stogoff, el correo del zar de Julio Verne que cuenta como en plena invasión tártara de Rusia, un correo del Zar es obligado a recorrer Siberia para advertir de la invasión, una travesía más que larga. Hoy en día con un Twitter o mail se enterarían enseguida.
Por otro lado, la carrera hacia el absolutismo fue bastante dura y dependía mucho de los ingresos fiscales y las fuerzas militares movilizarles. Sin dudas los nobles hicieron muy bien atacando eso puntos, aunque claro, esto se debía también a que ellos también dependía de esos ingresos.
Saludos.
Uriel

Anónimo dijo...

bueno, bueno, bueno, el conde de Lemos. Lo veo en todos los lados (entiéndase EL SEÑOR DE BEMBIBRE).

Infiero por lo que dices que los mangas verdes eran una de esas hermandades.

En fin, aquellos tiempos, donde tu cuello corría peligro, sí eran heróicos. Hoy en día es más fácil todo. Lo que hoy en día no apetece es moverse, pero más fácil es. O lo parece.

ANGELUS

HansHelm dijo...

Me has quitado de la boca, Angelus, algo que iba a decirle a Uriel, y es lo mucho que me admira lo que tenía que ser formar cualquier clase de resistencia en una época en que fácilmente podías tirarte toda tu vida sin salir del mismo pueblo, en la que lo que estaba pasando fuera era una incógnita, y en la que como dices, tu vida corría peligro. Es muy interesante de estudiar eso.

Anónimo dijo...

Permíteme que haga un comentario a tú última frase, es un comentario lingüístico.

Dices: "interesante de estudiar", has unido dos adjetivos "interesar", el que quieres usar es sin "de", lo correcto sería: "es interesante estudiar eso". "interesante de" es cuando interesante funcionade predicativo: "un niño interesante de presentar a la gente, porque cae bie", pero cuando es atributo como aquí no.

Creo que lo he explicado acorde con la gramática española, espero haberlo explicado bien, entendible.

Saludos.

ANGELUS cuasiPHILOLOGUS

Uriel dijo...

Es cierto. En aquel entonces había que ser valientes para oponerse así a los poderosos.
Las rebeliones eran toda una proeza, puesto que implicaban juntar mucha gente, algo de por si complicado, y a la vez esta gente debía ser lo suficiente valiente para arriesgar su vida en lo que posiblemente fuera una contienda perdida.
Un saludo.
Uriel

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