17 oct. 2011

Carlos I el Bueno, Conde de Flandes (1119 -1127)

Occidente tiene una larga tradición de asistencia a los más desfavorecidos, sea por lo que fuere. En la sociedad romana, y hasta la crisis del Bajo Imperio nunca faltaron los repartos gratuitos de pan (y otros productos) a las clases urbanas más bajas; esto se complementaba con la organización de espectáculos para dejarnos la famosa expresión "pan y circo". A día de hoy suelen usarse estas palabras para indicar que se quiere tener entretenida la atención del pueblo de otros asuntos más importantes, pero esta no era la intención primordial de los potentados romanos que organizaban estos eventos: también era una forma de ganarse una reputación a nivel local para ascender en la política municipal, en una cultura, la romana, en la que los méritos y el prestigio lo eran todo.

En la Edad Media, señores laicos y eclesiásticos también procedieron en alguna ocasión al reparto a los más pobres, sobre todo la Iglesia, de cuya importante labor asistencial no se puede dudar. El caso de la Iglesia es curioso, por un lado predicaba la solidaridad con los más desfavorecidos y la practicaba, pero, en caso de subversión del orden social tomaba parte por la clase a la que en realidad pertenencía: la de los señores. Y de hecho, en el mundo lleno de tensiones sociales que fue la sociedad feudal, el resentimiento campesino era mucho más grande contra el clero que contra la nobleza, quizás porque a pesar de las obras de caridad, la distancia entre lo que predicaban y lo que hacían se percibía mejor.

Pero en fin, la asistencia medieval no pasaba de mera limosna en aras de la salvación de la propia alma, y dejaba mucho que desear, en un mundo con un miedo constante a las malas cosechas como veíamos el otro día. En ese contexto aparece la figura de Carlos I el Bueno, Conde de Flandes entre 1119 y 1127.

Vamos a la Wikipedia misma:

Carlos fue hijo de Canuto IV de Dinamarca y Adela de Flandes. Su padre fue asesinado en 1086 y Adela huyó hacia Flandes, llevándose al joven Carlos con ella. Carlos creció en las corte de su abuelo Roberto I y su tío Roberto II. En 1092 Adela se mudó al sur de Italia para casarse con Roger Borsa, duque de Apulia. Carlos al crecer fue nombrado como caballero y acompañó a Tierra Santa a su tío Roberto II en la Primera Cruzada.
En 1111 Roberto II murió, y el primo de Carlos, Balduino VII, se convirtió en conde. Carlos fue un asesor muy cercano del nuevo conde (era varios años mas joven), quien arregló el matrimonio de Carlos en 1118 con la heredera del conde de Amiens, Margarita de Clermont. El conde Balduino (no tenía hijos) fue herido en una batalla en nombre del rey de Francia, Luis IV, en contra de Enrique I de Inglaterra en septiembre de 1118; designó a Carlos como su sucesor antes de morir en julio de 1119.
 
La ciudad de Brujas en 1562. A la derecha se observa la iglesia de San Donaciano, destruida en 1799 durante la Revolución Francesa. Fuente: Wikipedia.

El cronista "oficial", además de mano derecha del recién nombrado conde, fue el clérigo Galberto de Brujas, quien nos cuenta las acciones que llevó a cabo una vez en el poder. En el año 1125 se afanaba por luchar contra el hambre en sus Estados:

«Pero el buen conde se ocupaba de atender las necesidades de los pobres por todos los medios, distribuyendo limosnas en las ciudades y aldeas que dependían de él, ya fuese personalmente o por medio de sus intendentes. Alimentaba cada día a cien pobres de Brujas, entregándoles un gran pan a cada uno desde antes de la cuaresma hasta la nueva cosecha. Tomó las mismas medidas en las demás ciudades suyas. El mismo año el señor conde decretó que en la época de la sementera, quien tuviera dos medidas de tierra debía sembrar una de habas o de guisantes, ya que ese género de plantas es más temprano y produce con mayor rapidez, lo cual permitiría sustentar más pronto a los pobres, si el hambre y la carestía no cesaban durante el año. Del mismo modo había hecho recomendaciones en todo su condado para remediar en el porvenir las necesidades de los pobres en la medida de lo posible. Reprochó a las gentes de Gante su conducta vergonzosa, ya que habían dejado a los pobres morirse de hambre ante sus puertas en vez de darles de comer. Prohibió la fabricación de cerveza para poder alimentar mejor a los pobres. En efecto, ordenó hacer pan con la avena, para que los pobres pudiesen al menos subsistir con pan y agua. Tasó el precio del vino en seis sueldos la cuarta, con el fin de detener la especulación de los mercaderes que, de este modo, se verían obligados a cambiar sus remanentes de vino por otras mercancías, lo que permitiría subsistir más fácilmente a los pobres. Hizo que cada día se tomase de su propia mesa con qué alimentar a ciento trece pobres...».

Castigó a los clérigos que olvidaron sus deberes de distribuir limosnas de alimentos cuando la gran escasez del 1125:

«Sucedió que algunos comerciantes del sur trajeron en un navio una gran cantidad de cereales. Enterados de esto, Lamberto de Straet, caballero, hermano del preboste de San Donaciano, y su hijo Boscardo, compraron a bajo precio todos esos cereales meridionales y, además, todos los diezmos de las colegiales y monasterios de San Winnoc, de San Bertín, de San Pedro el Grande y de San Bavón. Sus graneros quedaron abarrotados de trigo y de toda clase de cereales; y, no obstante, los vendían tan caros que los pobres no podían comprarlos.

Las protestas de la multitud, y en particular las de los pobres, llegaron a oídos del piadoso príncipe Carlos, el cual convocó al preboste y a Lamberto, su hermano, y les preguntó qué cantidad de cereales tenían en sus graneros, reprochándoles su falta de humanidad y su dureza y, sobre todo, su crueldad para con los pobres. El preboste juró entonces al conde que a duras penas tenía para sustentar a sus canónigos durante siete semanas, y Lamberto de Straet que no tendría de qué alimentarse él y su familia durante un mes.

Entonces, el piadoso Carlos ordenó que le entregasen todo su grano y que él se encargaría de alimentar tanto a los canónigos de San Donaciano, con el preboste y su "familia", como a Lamberto con todos los suyos durante medio año. Después el piadoso conde ordenó a Tammard, su limosnero, que abriese todos los graneros del preboste y de Lamberto, que vendiese el grano al pueblo a un precio digno, que lo entregase de balde, por el amor de Dios, a los pobres y a los enfermos y, en fin, que reservase la cantidad suficiente para la alimentación de la colegial de dicho preboste y de su hermano Lamberto con su familia durante un año. [...]

Distribuido el grano, cesó la carestía. Esos cereales bastaron a la ciudad de Brujas, a Ardenburg y a Udenburg durante un año.»


Todo un prohombre. El caso es que Carlos es famoso por su generosidad para con los pobres, que le valió ser beatificado ya en el siglo XIX.Lo más interesante de sus  actuaciones son, sin embargo, las medidas disponiendo la siembra de legumbres, de germinación rápida (aunque en realidad esto ya era una práctica común en la Plena Edad Media, habría que ver si Carlos sólo estaba ratificando lo evidente o es que la costumbre no estaba arraigada en Flandes, por aquello de dedicarse más bien a cultivos especulativos) o la lucha contra la especulación. Otras medidas, como la prohibición de fabricar cerveza me resultan comprensibles, pero a mí, personalmente, me supondrían un enorme dilema.

En su lucha contra los especuladores, el conde no se andaba con chiquitas. El preboste de San Donaciano, Bertulf, y la familia que aparece en el texto pertenecían al  clan Erembald, que se habían hecho de oro a base de especular con el precio del trigo. Carlos intentó reducirles por las malas: reclamándolos como siervos. El final es fácil de imaginar: una mañana del 2 de marzo de 1127, mientras el Conde se encontraba arrodillado rezando en la iglesia de San Donaciano, en Brujas, un grupo de hombres armados entraron en la iglesia y lo golpearon hasta la muerte. Tal era el afecto que el pueblo llegó a sentir por su conde que el acontecimiento fue el detonante de una sublevación popular, a la que siguió el arresto, tortura y muerte de los Erembald a manos de nobles de Brujas y Gante apoyados por Luis VI de Francia, quien quería, y en efecto lo consiguió, colocar a su propio candidato para el Condado de Flandes, pero eso es otra historia.

Personalmente, me ha parecido muy interesante por cuanto Carlos el Bueno demostró no predicar solamente la limosna con el ejemplo, sino intentar acometer reformas (acertadas o no, me temo que va a ser difícil de comprobar) para prevenir la carestía, y no rehúye el enfrentamiento con un grupo influyente en aras de cierta idea del bien común. Aunque no anduvo muy fino, tenía visión de Estado.

Mira que es interesante Flandes, Borgoña y las formaciones "extrañas" medievales. No todo va a ser Inglaterra, Francia y las Cruzadas.

2 comentarios:

Angelus-Ruy dijo...

Me ha resultado muy interesante, sí. Y ahora que mencionas a Borgoña, me gustaría leer cosas sobre ese territorio, por varios motivos interrelacionados, y es que un día que estaba aburrido empecé a darle a los reyes de España hacia atrás (en realidad reyes de Castilla y León), viendo de quienes descendían, hasta que llegué a alguen cuya madre era de Borgoña. Hablamos de un año, que no recuerdo cuál, en el que no andaría lejos la redacción del cantar de los nibelungos, los cuales vivían (hablamos ahora de muchos siglos atrás) en Burgundia, que es Borgoña. Pensar que en España ha habido reyes con sangre niflunga me pone los pelos de punta y pensar que una amada mía es de la región suiza que entra en Borgoña también.

Uriel dijo...

Interesante entrada Hans, es bueno volverte a leer. Como bien demuestra esta historia, si el pueblo es bien tratado quedaras en su gloria y te defenderá siempre, aunque hayas muerto.
Un Saludo, y espero que no pase tanto tiempo hasta la próxima entrada.
Uriel

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