13 jul 2010

Coincidencia mística: Camelot

No soy particularmente aficionado a las series de televisión, y de esto me arrepentiré pasado un tiempo, porque parece tópico decir que vivimos en su edad de oro, pero es que va ser que es verdad. Y más cuando uno va al cine, y el sentimiento mayoritario que inspiran las pinículas es pena, o sería pena si las neuronas encargadas de sentir no estuvieran bien echándose una siesta, bien inmolándose en aras de morir con un mínimo de dignidad. Pero si no sigo ninguna serie, y más desde el fin de Perdidos, es porque me da pereza plantarme delante del ordenador (¿a quién engaño si digo televisión?) a seguir una. La culpa no es de ellas, es que no estoy muy por la labor, qué se la va a hacer, son rachas. Pero es que hay una serie que sí que tendré que ver: se llama Camelot y la cadena propietaria es Starz, que se espera la emita a principios de 2011. Esta cadena americana ha encontrado un filón en las series históricas, está emitiendo Espartaco: sangre y arena, sobre la vida del conocido tore...eerr gladiador (¡Dios!¡era tan fácil!¡no podía contenerme!) y este verano se espera que comienze a emitir la adaptación de Los pilares de la tierra. Y con ese nombre, (¡CAMELOT!) que espero que atraiga internautas incautos a este mi blog por error (¡mwaaajajaja!) dirán ustedes que yo tengo que verla, pero ya hay una serie por ahí de Merlín que no me llama nada la atención, y por lo que sé, de mito artúrico tiene el nombre, y no la sigo.
Pero en este caso pasa que el tema de las adaptaciones del mito artúrico al cine fue motivo de conversación hace ya tiempo entre mi amigo, Captain Charisma (cuyo blog está arrancando pero les prometo que no les decepcionará) y yo, y en nuestra particular y soñada versión, a la hora de hacer el reparto logramos consenso para varios personajes, de los cuales les revelo uno: Eva Green sería Morgana. Pues bien: Eva Green será Morgana en Camelot.
Esto no es noticia novedosa porque se supo hace ya algún tiempo, y este blog no es de actualidad, pero tenía necesidad de dejar constancia escrita de una coincidencia mística como ésta, además que para eso es para lo que se inventaron estas cosas,
¡hombre ya!

2 jul 2010

La sociedad de los tres órdenes

Vamos ya con el motivo principal de este blog, que no es otro que hablar de temas de candente actualidad, tales como:

La sociedad medieval.

Vale, supongo que quien entra en un blog llamado Camelot encabezado por un dragón sabe donde se está metiendo.

En realidad no trata tanto sobre la sociedad medieval como de la percepción teórica de la sociedad que tenían en la Edad Media.

¿lo he arreglado?

Por supuesto, si quisieran vuesas mercedes saber algo sobre la sociedad medieval, antes que meterse aquí se irán a la Wikipedia, la versión 2.0 del fuego de Prometeo, y listos. Pero aquí de lo que se trata es de llamar la atención sobre cosas no siempre tenidas en cuenta, o interpretaciones que aporten algo a las ampliamente aceptadas. Esto no quiere decir que vaya a apuntarme a la primera teoría conspirativo-novelesca que publique Dan Brown o cualquiera de sus clones sobre los Templarios y su relación con los perros de Tíndalos, o la espada +10 contra caótico-malignos custodiada en el Archivo Secretérrimo del Vaticano.

Pero por ejemplo, probablemente les suene el esquema tripartito de la sociedad medieval, uno que se dividía en tres órdenes:
oratores, bellatores y laboratores. Que explicado en los libros de texto, quedaba tal que así:

Oratores: la función eclesial, el clero; alto, bajo, regular o secular, su función consiste en orar, para con sus rezos, salvar las almas de los otros dos grupos. Por supuesto, como su función era la más importante, (eso decían) les correspondía, además, dirigir a los otros dos órdenes.

Bellatores: "los que guerrean", la función militar, es decir, la nobleza, cuya legitimidad les viene en principio de ser los defensores armados tanto de los oratores como de nuestros siguientes invitados.

Laboratores: y aquí es cuando todo el mundo pensaba en la masa de campesinos puteados. Que encima tenían que estar contentos y dar gracias por tener su alma salvada gracias a los oratores y gozar del brazo protector de los guerreros.

¿O no?

Repasando La Civilización del Occidente Medieval de Le Goff, todo un clásico, y un ejemplo de que se puede escribir una obra científico-social sin ser un coñazo (cosa de la que debería ir aprendiendo), descubro otra forma de ver esto.

Esta visión de la sociedad la elabora la Iglesia a finales del siglo IX, que es más o menos cuando empieza a consolidarse el feudalismo, y tiene importancia que quién la elabore sea la Iglesia: en primer lugar porque no es casual que escojan el término "orden" para referirse a cada estamento: es una palabra eclesiástica que viene a decir que este sistema es el querido por Dios y por tanto es inalterable. Si bien los "laboratores" parece que quedan supeditados a lo que le manden los otros dos, la verdad es que no es menos importante que en realidad los oratores también le están diciendo a la nobleza que ellos son los que mandan. Es la derrota del valor guerrero frente al poder sacerdotal.

Pero durante mucho tiempo se pensaba que por la función económica, la que alimenta a las otras dos, los laboratores, entendían el conjunto del campesinado.
Pues no: la palabra "labor" significaba originariamente una conquista agraria, y en los textos los laboratores no son campesinos corrientes, son los mejores de entre ellos, los que tienen los suficientes recursos como para tener sus propia yunta de bueyes, sus propios aperos y poder roturar nuevas tierras: la elite del campesinado. Este esquema, de lo único de lo que hablaba era de las elites. Está dejando claro cual es el papel de las elites en el mundo, y de paso subraya que si hay alguna que mande más que las otras dos, esa era la Iglesia, o eso pretendía.

Llama la atención el vacío que le están haciendo a todos los demás campesinos (los puteados) y la burguesía: comerciantes y usureros, que siempre estuvieron muy mal vistos por el clero. Así que cuando entre la segunda mitad del siglo XII y el XIII el auge de las ciudades y de la burguesía se hizo ya imparable, la Iglesia tuvo que olvidarse de vender esta visión de las cosas y admitir que en la sociedad cabía más variedad. Pero nunca se lo tomó muy bien del todo, así que renunciando a esta sociedad ideal y querida por Dios, se dedicó a calificar a la nueva sociedad emergente como "del Diablo", y a establecer para cada grupo, que ahora ya no son órdenes sino "estados", lo que llamaríamos pecados específicos. Así se hizo popular el tema de "las hijas del Diablo" que aparece en este sórdido poema del siglo XIII:

El diablo tiene nueve hijas, a las que ha casado
a la simonía… con los clérigos seculares

a la hipocresía…con los monjes

a la rapiña…con los caballeros

al sacrilegio…con los campesinos

a la simulación…con los alguaciles
al fraude…con los comerciantes

a la usura…con los burgueses
a la pompa mundana…con las matronas
y la lujuria, a la que no ha querido casar, pero que ofrece a todos
como amante común.

Un brillante ejemplo de como en el siglo XIII ya sabían lo que verdaderamente unía a la humanidad.

Si, en fin, han leído hasta aquí sólo puedo darles mi enhorabuena por haber aguantado, y recompensarles ¡prometiendo más!

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