12 mar. 2013

De elecciones papales

Ahora que se habla de modernizar el procedimiento para elegir papa, podemos recordar que los inicios de la Iglesia de Roma fueron difíciles, y los procedimientos bastante menos «civilizados». Amiano Marcelino, el último gran historiador pagano de Roma, describe las luchas entre Dámaso y Ursino por alcanzar el episcopado de Roma mediados del siglo IV. Un momento en el que ni siquiera podía ser considerada la principal de todas las iglesias desde el punto de vista jurídico.

El clero reunido pidió como obispo sucesor de Félix, muerto el 22 de noviembre de 365, a Dámaso, mientras que Ursino fue consagrado a su vez por el obispo Pablo de Tivoli. Hubo pues, dos obispos a la vez en Roma. Entonces Dámaso demostró que sabía jugar al Juego de Tronos;

en las Gesta inter Liberium et Felicem hay varios casos de compra y soborno por su parte:
  1. Reunió a sueldo a todos los cocheros de las cuadrigas del circo, a la plebe y a los gladiadores, a los que compró con grandes sumas de dinero. Era fundamental en la lucha contar con los gladiadores, puesto que eran los únicos que tenían armas en Roma.
  2. Sobornó al juez de Roma, de nombre Vivencio, y al prefecto de annonae, Juliano. Pretendía de ellos que exiliaran a Ursino, que había sido consagrado obispo de la ciudad antes que Dámaso.
  3. Sobornó a todo el palacio imperial para que sus crímenes no llegaran a oídos del emperador que, desconocedor de los crímenes de Dámaso, desterró a Ursino. Y fue por el apoyo imperial que Dámaso salió vencedor. 
San Dámaso I, papa
Dámaso I.
Fuente.
El texto continúa así:


«[Dámaso] reúne a sueldo a todos los cocheros de cuadrigas y a la plebe inculta y armado con bastones irrumpe en la basílica de Julio y durante tres días se entrega a una desenfrenada matanza de fieles. Siete días después, acompañado de todos los perjuros y de gladiadores que había comprado con grandes sumas de dinero, ocupó la basílica de Letrán y fue ordenado allí obispo. Después de esto, comenzó Dámaso a reducir con bastonazos y matanzas de todo tipo a la plebe romana que no quería entregarse.
Así pues, se reunía la plebe en la basílica de Liberio y clamaba diciendo: «Cristiano emperador, no se te oculta nada. Que vengan a Roma todos los obispos; que se abra una investigación; Dámaso ha causado ya cinco guerras; fuera los homicidas de la sede de Pedro». Así pues, el pueblo de Dios solicitaba con súplicas insistentes que se reuniesen los obispos para que, mediante una justa sentencia, expulsasen a éste, manchado con tanta impiedad, que era famoso porque las matronas le amaban tanto que era llamado escarbaorejas de las matronas.»
«El emperador [Valentiniano], desconocedor de lo que Dámaso había hecho, promulga un edicto para que, manteniéndose a Ursino en el exilio, no se produzcan el lo sucesivo nuevos enfrentamientos funestos entre el pueblo. Entonces el obispo Ursino, varón santo y sin pecado, tras consultar a la plebe, se entregó en manos de los malvados y el 16 de noviembre, por mandato del emperador, se encaminó espontáneamente al exilio. Pero el pueblo, temeroso de Dios y que no cedía a ningún tipo de persecuciones, no tuvo temor del emperador, ni del juez (el prefecto de la ciudad), ni del mismo autor de los crímenes, el homicida Dámaso, y en los cementerios de los mártires celebraba reuniones sin la presencia de clérigos. Por ello, habiéndose reunido muchos fíeles en Santa Inés, Dámaso irrumpió armado con sus satélites y acabó con muchos mediante una matanza devastadora. (traducción de R. Teja). [1



Arriba hemos visto que para esta fecha, Roma no era la principal de todas las iglesias; en Oriente el predominio de Constantinopla parecía claro, sólo discutido por otras sedes como la de Antioquía. Roma ni siquiera parecía ser la principal de Occidente, ya que Milán se había convertido en sede de los emperadores occidentales y su iglesia se beneficiaba de esto. Pues bien, fue este Dámaso (que no lo he dicho, pero era hispano) el que una vez en el poder como Dámaso I (366-384) hizo valer los derechos romanos. En un sínodo celebrado en Constantinopla en 381 (al que no le invitaron, por cierto) se estableció que puesto que Constantinopla era la «segunda Roma», su obispo debía ostentar un rango inmediatamente inferior al de Roma (pero por encima de Antioquía o Alejandría).

No contento con esto, Dámaso quería más: afirmó que la primacía de Roma no se debía a lo que ningún sínodo dijera, que sus poderes procedían directamente de Jesucristo y que había sido la primera sede del apóstol Pedro, por lo que desde entonces comenzó a utilizarse el título de sede «apostólica», afirmando que el Nuevo Testamento daba primacía al apóstol. Algunos contemporáneos como San Agustín se pusieron en contra, considerando que había hecho una lectura interesada de las escrituras. Pero para bien o para mal, el pontificado de Dámaso marcó un hito en la historia del Papado. [2]


[1] Blázquez Martínez, José María, «El soborno en la Iglesia antigua» en G. Bravo y R. González Salinero (eds.) La corrupción en el mundo romano, 2008, Madrid.
[2] Barraclough, Geoffrey, El Papado en la Edad Media.

1 comentario:

Ángel Luis Robles Álamo dijo...

Interesante. La historia primitiva de la Iglesia en Occidente es interesante. Tanto como la de Oriente.

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