Nos habíamos quedado por 1140: los normandos están firmemente instalados en el trono deseando ver como se escriben historias que les agraden, y falta poquito para que aparezca Leonor de Aquitania patrocinando trovadores, y esto es importante, porque así es como se introduce uno de los elementos más importantes de los romances artúricos: el Amor Cortés.
Vamos a seguir con Campbell, que subidivió esta última etapa de desarrollo del mito, en otras cuatro:
1) Épica patriótica anglo-normanda 1137 - 1205.
2) Novelas corteses francesas 1160 - 1230.
3) Leyendas religiosas del Grial 1180 - 1230.
4) Épica alemana 1200 - 1215.
Los alrededores de 1140 son la fecha de inicio de todo porque es cuando se publica la Historia Regum Brittanniae de Geoffrey de Monmouth. Que como dice el propio título es una obra "histórica". Lo que ocurre es que es historia adornada con muchos elmentos fantásticos. Como las series de Showtime. O como los libros de César Vidal.
Sea como fuere, en Geoffrey ya está casi todo, narrado en prosa latina: Arturo ya no es un caudillo sino un rey feudal hecho y derecho, Merlín el mago está presente, y no olvidemos que gran parte del éxito de Merlín en las leyendas se lo debemos a Geoffrey de Monmouth, están el brutal Uther Pendragón, Gawain, Excalibur, y la infidelidad de Ginebra...con la diferencia de que aquí el amante de la reina es...¡Mordred!
Sí, Mordred. Lanzarote, y su hijo Galahad son los últimos añadidos medievales a la leyenda. En concreto son un invento francés posterior, mientras que caballeros como Gawain o Yvaín son trasuntos de héroes solares célticos mucho más antiguos. Lo que me hace recordar que en cierta película que se vendía como "la verdadera historia tras la leyenda" salían Lancelot y Galahad sin falta.
Así que aquí sigo, esperando que algún día alguien investigue al verdadero personaje histórico tras el Príncipe Valiente, o tras Darth Vader, por ejemplo.
Pero aunque Geoffrey de Monmouth sea el responsable de terminar de dar forma al cuento, el pistoletazo de salida para la difusión de todo esto por Europa es otro: Wace, que traduce la prosa latina de Geoffrey al verso francés para el rey Enrique II Plantagenet, marido de Leonor de Aquitania, y como sus dominios se extendían por toda Europa pronto la Materia de Bretaña se iba a poner de moda en todo el continente.
Romances corteses franceses (1160 - 1230)
Los que pulieron el mito. Inventaron a Lancelot/Lanzarote y al singracia de Galahad, que muy pronto veremos. Destaca un nombre: Chrétien de Troyes.
Chrétien es sobre todo conocido por su Cuento del Grial y por Lanzarote o el Caballero de la Carreta. Sin embargo, mi obra preferida de él es Yvain o el Caballero del León. Un libro cortito donde encontramos:
Apuestos caballeros.
Apuestos caballeros luchando entre sí.
Un león mágico.
Un dragón con su fuego y todo.
Un anillo que vuelve invisible al portador.
Amor.
Aventura.
¡Y que esto aún no haya sido llevado al cine!
Pero ya en serio, es normal que el neófito piense en los romances caballerescos como en historias de pijos enfundados en hojalata, damiselas cuya única función en la vida es esperar a ser rescatadas y tufillo a cuento ñoño. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, a diferencia de muchos guionistas actuales, Chrétien tenía claro lo que importa en sus historias: los personajes. Los dilemas, las meteduras de pata y la preocupación por los propios actos son una constante en la obra de Chrétien, hasta en las mujeres, que ocupan un papel importante y activo en la historia.
En sus historias, los personajes cobran vida, carisma y resulta fácil sentir simpatía por ellos. Hasta por los villanos, siempre es curioso descubrir que el caballero sobrenatural que aterroriza al bosque de turno, tiene detrás una familia que lo quiere y echa de menos.
Las leyendas religiosas del Grial (1180 - 1230)
Aquí entran los poemas de Robert de Boron sobre José de Arimatea o Merlín, el Perlesvaus y, sobre todo la Vulgata artúrica.
Ya Chrétien tenía su propia historia sobre el Grial con Perceval como protagonista. Perceval es un héroe bastante penco que poco a poco y a costa de errores se va perfeccionando hasta resultarnos carismático. El Grial es un objeto mágico indeterminado cuyo significado queda oculto ¡porque la dejó inconclusa!
El ciclo de la Vulgata se divide en tres partes: el Lanzarote en Prosa (recomendable), la Queste o Demanda del Santo Grial y la parte final o Morthe d'Arthur (MUY recomendable). Todas ellas editadas por separado en la actualidad.
La Queste del Grial incluída en la Vulgata es completamente diferente a las desventuras de sir Perceval que Chrétien puso en verso. Aquí, todo Camelot parte en busca del "Santo" Grial, una vil excusa para meternos dosis ingentes de imaginería eclesiástica. Y presentarnos a un nuevo héroe: el meapilas de Galahad/Galaz, una figuración de Jesucristo y el caballero con menos carisma de toda la Tabla Redonda. Viene al mundo sin pecado,todo le sale bien, y triunfa sin problemas donde todos los demás van fracasando.
Otro autor de esta fase es Robert de Boron, cuya poemas no están editados, pero sí los de sus imitadores en prosa, que ofrecen grandes dosis de épica muy recomendables.
Épica alemana (1200 - 1215)
Aquí destaca Wolfram von Eschenbach. Coge el Perceval de Chrétien, lo adapta al alemán, añade cosas de su cosecha y le da fin: el resultado es Parzival, una joya de la literatura alemana. Esotérico y lleno de encanto como él sólo. Nada más que merecería la pena por la magnífica introducción con la vida de Gahmuret, padre de nuestro héroe griálico favorito.
Finalmente...
Nos falta un autor importante, pero muy posterior: Thomas Malory (siglo XV). Su Muerte de Arturo es lo más parecido al megalibraco artúrico que decía el otro día. En ella se basa el Camelot de T.H.White, del siglo XIX, y a través de él las películas Excalibur o The Sword in the Stone con notables licencias. Pero Malory, a pesar de ser inglés, sólo se inspira en los autores franceses, ello se nota en personajes como sir Gawain, que mientras en obras inglesas es un caballero ejemplar, en Malory, como en Chrétien, es un tío un poco bruto, aunque de noble corazón. Además Malory añade cosas de su cosecha, como la historia de Balin y Balan.
La versión legendaria de Malory no es mi preferida, pero hay que reconocerle que escribía estupendamente bien, que es lo que cuenta. Un rasgo típico suyo es la impronta del destino en sus personajes: no hay buenos ni malos, cada cual tiene sus motivaciones, y hasta Mordred resulta ser en última instancia un individuo razonable, pero la fatalidad de los acontecimientos es la que al final termina precipitando las cosas. Porque ni siquiera el rey que fue y que ha de volver
se libra de la Rueda del Destino.


Sí, Mordred. Lanzarote, y su hijo Galahad son los últimos añadidos medievales a la leyenda. En concreto son un invento francés posterior, mientras que caballeros como Gawain o Yvaín son trasuntos de héroes solares célticos mucho más antiguos. Lo que me hace recordar que en cierta película que se vendía como "la verdadera historia tras la leyenda" salían Lancelot y Galahad sin falta.
Así que aquí sigo, esperando que algún día alguien investigue al verdadero personaje histórico tras el Príncipe Valiente, o tras Darth Vader, por ejemplo.
Pero aunque Geoffrey de Monmouth sea el responsable de terminar de dar forma al cuento, el pistoletazo de salida para la difusión de todo esto por Europa es otro: Wace, que traduce la prosa latina de Geoffrey al verso francés para el rey Enrique II Plantagenet, marido de Leonor de Aquitania, y como sus dominios se extendían por toda Europa pronto la Materia de Bretaña se iba a poner de moda en todo el continente.
Romances corteses franceses (1160 - 1230)
Los que pulieron el mito. Inventaron a Lancelot/Lanzarote y al singracia de Galahad, que muy pronto veremos. Destaca un nombre: Chrétien de Troyes.
Chrétien es sobre todo conocido por su Cuento del Grial y por Lanzarote o el Caballero de la Carreta. Sin embargo, mi obra preferida de él es Yvain o el Caballero del León. Un libro cortito donde encontramos:
Apuestos caballeros.
Apuestos caballeros luchando entre sí.
Un león mágico.
Un dragón con su fuego y todo.
Un anillo que vuelve invisible al portador.
Amor.
Aventura.
¡Y que esto aún no haya sido llevado al cine!
Pero ya en serio, es normal que el neófito piense en los romances caballerescos como en historias de pijos enfundados en hojalata, damiselas cuya única función en la vida es esperar a ser rescatadas y tufillo a cuento ñoño. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, a diferencia de muchos guionistas actuales, Chrétien tenía claro lo que importa en sus historias: los personajes. Los dilemas, las meteduras de pata y la preocupación por los propios actos son una constante en la obra de Chrétien, hasta en las mujeres, que ocupan un papel importante y activo en la historia.
En sus historias, los personajes cobran vida, carisma y resulta fácil sentir simpatía por ellos. Hasta por los villanos, siempre es curioso descubrir que el caballero sobrenatural que aterroriza al bosque de turno, tiene detrás una familia que lo quiere y echa de menos.
Las leyendas religiosas del Grial (1180 - 1230)
Aquí entran los poemas de Robert de Boron sobre José de Arimatea o Merlín, el Perlesvaus y, sobre todo la Vulgata artúrica.
Ya Chrétien tenía su propia historia sobre el Grial con Perceval como protagonista. Perceval es un héroe bastante penco que poco a poco y a costa de errores se va perfeccionando hasta resultarnos carismático. El Grial es un objeto mágico indeterminado cuyo significado queda oculto ¡porque la dejó inconclusa!
El ciclo de la Vulgata se divide en tres partes: el Lanzarote en Prosa (recomendable), la Queste o Demanda del Santo Grial y la parte final o Morthe d'Arthur (MUY recomendable). Todas ellas editadas por separado en la actualidad.
La Queste del Grial incluída en la Vulgata es completamente diferente a las desventuras de sir Perceval que Chrétien puso en verso. Aquí, todo Camelot parte en busca del "Santo" Grial, una vil excusa para meternos dosis ingentes de imaginería eclesiástica. Y presentarnos a un nuevo héroe: el meapilas de Galahad/Galaz, una figuración de Jesucristo y el caballero con menos carisma de toda la Tabla Redonda. Viene al mundo sin pecado,todo le sale bien, y triunfa sin problemas donde todos los demás van fracasando.
Otro autor de esta fase es Robert de Boron, cuya poemas no están editados, pero sí los de sus imitadores en prosa, que ofrecen grandes dosis de épica muy recomendables.
Épica alemana (1200 - 1215)
Aquí destaca Wolfram von Eschenbach. Coge el Perceval de Chrétien, lo adapta al alemán, añade cosas de su cosecha y le da fin: el resultado es Parzival, una joya de la literatura alemana. Esotérico y lleno de encanto como él sólo. Nada más que merecería la pena por la magnífica introducción con la vida de Gahmuret, padre de nuestro héroe griálico favorito.
Finalmente...
Nos falta un autor importante, pero muy posterior: Thomas Malory (siglo XV). Su Muerte de Arturo es lo más parecido al megalibraco artúrico que decía el otro día. En ella se basa el Camelot de T.H.White, del siglo XIX, y a través de él las películas Excalibur o The Sword in the Stone con notables licencias. Pero Malory, a pesar de ser inglés, sólo se inspira en los autores franceses, ello se nota en personajes como sir Gawain, que mientras en obras inglesas es un caballero ejemplar, en Malory, como en Chrétien, es un tío un poco bruto, aunque de noble corazón. Además Malory añade cosas de su cosecha, como la historia de Balin y Balan.
La versión legendaria de Malory no es mi preferida, pero hay que reconocerle que escribía estupendamente bien, que es lo que cuenta. Un rasgo típico suyo es la impronta del destino en sus personajes: no hay buenos ni malos, cada cual tiene sus motivaciones, y hasta Mordred resulta ser en última instancia un individuo razonable, pero la fatalidad de los acontecimientos es la que al final termina precipitando las cosas. Porque ni siquiera el rey que fue y que ha de volver
se libra de la Rueda del Destino.

Incunable de Morthe d'Arthur de Malory. El ejemplar digitalizado completo puede verse aquí.
Sobre temas griálicos, una obra rigurosa y completa es El Santo Grial de Richard Barber.
Si alguno tuviera interés en el tema, dos obritas muy recomendables son la Historia del rey Arturo y de los nobles y errantes caballeros de la Tabla Redonda de Carlos García Gual y el Breve diccionario artúrico de Carlos Alvar. Dos autores que se dedican a la difusión pero con seriedad (y agradable lectura, ojo).
Sobre temas griálicos, una obra rigurosa y completa es El Santo Grial de Richard Barber.