19 sept. 2010

Tudorock

Previously on Camelot...dije que no veía muchas series. Bueno, pues fue decirlo en público y empezar a verlas. Y es que por vicisitudes de la vida ahora estoy muy ocupado, y tengo muchas cosas que hacer, incluyendo el estudio, y como dijo el poeta, no hay nada como tener muchas cosas que hacer para que cualquier chorrada te parezca un deber impostergable. El caso es que aparte de lo que vea en seriesyonkis.com en streaming, me he vuelto a ver junto a Jude, la GRANDÍSIMA Roma, en deuvedé original, que para eso me la regalaron con la National Geographic (pagando un módico sobreprecio). Mientras tanto he estado siguiendo las dos primeras temporadas de Los Tudor en la televisión pública, tropecientos años después de que todo el resto del planeta la haya visto ya. Que por cierto, TVE la ha usado para salvar los meses de verano hasta la vuelta de su producto estrella, Águila Roja, demostrando porqué este país no levanta cabeza. El caso es que Los Tudor se toma licencias históricas, como Roma, pero bastante más gordas. En la misma Wikipedia hay un listado. Pero no estoy en contra de ciertas libertades en series, películas o novelas. Son ficciones, buscan entretener, y no es conveniente pretender aprender mucho de ellas, sino que es mejor no tomárselas demasiado en serio; pero una cosa es cierta, cuanto mejor documentadas, más gustirrinín dan. Pero no voy a poner verde a Los Tudor, porque su grandeza, al igual que en Roma, está en que las licencias afectan a fechas y personajes concretos, pero los trasfondos históricos se notan bastante currados. Así que hoy toca hablar elogiosamente.

Cosas que me gustan de Los Tudor:

La transición monarquía medieval-moderna: al principio de la primera temporada aparece Buckingham, un noble bastante medieval, que espera del rey un arbitraje que ponga orden entre sus nobles, pero si no, actuará por su cuenta. Su cuello no pasa del segundo episodio. Antes de eso, intenta convencer a Bolena para actuar en contra del todopoderoso canciller Wolsey, pero Bolena sabe que las cosas no son como antes: la mejor forma de medrar es ganarse el favor regio en la corte y ponerlo en contra de quien te estorbe. El resto de intrigas se resuelven de puertas para dentro.

Rey ¿absoluto? Aunque las monarquías modernas sean conocidas como absolutas, y en teoría el rey sólo respondía ante Dios, lo cierto es que tenía un montón de limitaciones, si no teóricas, si de facto, además, la corte estaba llena de corrientes y facciones encontradas que llevaban los asuntos prácticos del reino. Jonathan Rhys-Meyers (que interpreta condenadamente bien) hace de un Enrique VIII que trata la política como si fuera el patio de su casa, de forma muy personal y autoritaria, pero en la práctica, ni se entera de que lo mangonean cuando quieren (aunque esto tenga sus riesgos). El rey no se entera de la misa la mitad.

Las políticas matrimoniales: rara vez suelen permitirse en la serie licencias con el tema de las mujeres, que en la corte ocupaban el papel de moneda de cambio en relaciones internacionales y triquiñuelas políticas. Sí, los femeninos son personajes centrales de cada episodio, pero la realidad es que al final las decisiones las toman otros y ellas pagan las consecuencias.

El tratamiento de la Reforma: a mí el catolicismo romano me da retortijones, pero en la serie no sabe uno muy bien a que carta quedarse. El Papa (O'Toole) es una sabandija más interesada en que nadie le lleve la contraria que en los motivos o no de Enrique VIII por divorciarse, pero tampoco se intenta demonizar a los católicos, es imposible no sentir simpatía por la reina Catalina de Aragón, mientras que la Reforma protestante se presenta como lo que fue, una herramienta política muy útil, de la que de paso, algunos sacan provecho.

El Imperio: los españoles no aparecen demasiado (aparte de Catalina y su hija), pero después de ver en el cine bodrios como Elizabeth, esperaba encontrarme con lo que suele ser el Imperio Español en los productos anglosajones, una suerte de villanos subnormales y tristes. Aquí no. La reina es encantadora, la escena con el primer embajador español que aparece (Mendoza), entrañable, Carlos V es un tío majete y con sentido del humor...pero cuando toca son unos hijoputas tan listos como todo el mundo en esa serie: si hay que conspirar se conspira, y si hay que matar se mata. Además está el embajador imperial, el saboyano Chapuys, mi secundario preferido.


Esta mujer:
Maria Doyle Kennedy. Que además de haber sido Catalina de Aragón, es cantante y estuvo viviendo en Andalucía hace un par de años. Y me resulta un encanto. De hecho, conste mi apoyo oficial si desea usurpar el trono de España. La imagen la he sacado de su MySpace.

Cosas que no me gustan:

El tratamiento del sexo. En Roma había ingentes cantidades de sexo, pero aunque importante, no era lo principal en la trama, los personajes de Roma no se movían ni siquiera por riquezas, sino por poder y prestigio. Y la verdad es que reflejaba muy bien la mentalidad de las elites romanas.
En Los Tudor no. Mientras veía Los Tudor tenía todo el rato la mosqueante sensación de que los destinos de la humanidad dependían fundamentalmente de la entrepierna de las gentes de la corte.

Vale...una cosa son licencias, y otra muy distinta los gambazos monumentales: siempre que sale un plano del Vaticano vemos la hermosa columnata de Bernini en la Plaza de San Pedro. Precioso. Si no fuera porque cuando Enrique VIII se muere, Bernini ni siquiera había nacido.

Y ya está. Sólo una cosa más. Todo ganaría en sordidez en la serie con banda sonora de Rick Wakeman. Un hecho objetivo es que todo es mucho mejor con Rick Wakeman y su ¡TUDOROCK!:



Y ahora a seguir viéndola ilegalmente, al
Águila Roja le pueden ir dando.

7 comentarios:

VSG dijo...

Jajajaja, es verdad, ten algo que hacer obligatoriamente y tu mente se distraerá con cualquier chorrada que aparezca en tu camino, todo lo contrario de cuando no tienes nada que hacer y de hecho, sigues sin hacer nada.
Bueno, pues por eso no he visto aún la serie, entre que mi tele es gobernada por películas de Steven Seagal y yo no tengo ganas de ponerme a ver una serie, ahí está, esperandome, como la primera temporada de Galactica. Así que tocará esperar para comentarla, quizá el invierno, odiado por muchos, pero amado por mí me de las ganas de verla suficientes

Jude dijo...

La verdad es que me costó engancharme porque se me hacia muy raro ver a Jonathan Rhys Meyers en el papel de Enrique VIII, para mi siempre será Brian Slade, el protagonista de "Velvet Goldmine" y me costó mucho disociarlos, pero una vez que me puse vi las 4 temporadas del tirón.

Orko dijo...

Dos grandísimas series, Roma y los Tudor. Roma me la chasqué del tirón y a Enriquito me lo tengo que terminar (*///*) un día de estos.
Me parece abominable que no me haya fijado en la columnata de Bernini, gracias por abrirme los ojos a mi, oh ignorante.

Grupo NT dijo...

El final ÉPICOOOOOOOOO del artículo me parece excepcional. God saves the king of progressive¡¡

Selene dijo...

Comparto las opiniones sobre las dos series. A mí me engancharon las dos, y desde luego, de Águila roja, paso muchísimo. Por cierto, muy buena la canción.

HansHelm dijo...

Selene: si le gusta el tito Oldfield y no le ha hecho ascos a una canción de Rick Wakeman, puedo decir que es usted una mujer con criterio musical, proclamo.

Selene dijo...

Hans Helm, el tito Mike me gusta desde que era una cría, y aunque mis gustos musicales han llegado a ser muy amplios, siempre vuelvo a escuchar Tubular Bells (preferiblemente la primera) y otras joyas como Amarok, Ommadawn, etc.

Un saludo y que siga usted deleitándonos con sus post.

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