12 mar. 2011

Espadas en la montaña



Sverd i fjell (Espadas en la montaña) es un monumento situado en el fiordo de Hafrsfjord, a las afueras de la ciudad de Stavanger (Noruega). Fue creado por el escultor originario de Bryne, Fritz Røed e inaugurado por el rey Olav V en 1983.

Básicamente son tres espadas descomunales de clara factura vikinga, clavadas en un promontorio rocoso, asomado al fiordo. Yo, que siempre me he declarado filonórdico (y ahora con más razón que nunca), me emociona pensar en un monumento con semejante fuerza, épica, y criterio, sobretodo cuando donde yo vivo, a lo más que aspiro es a ver esto:

Efectivamente, con esto ilustro lo que es para mi no tener criterio a la hora de erigir un monumento.

Sverd i fjell conmemora la batalla de Hafrsfjord, en la que el rey Harald el Rubio unificó el territorio de la actual Noruega bajo una única corona, la fecha de la batalla se acepta tradicionalmente como la fundacional del Estado noruego. Durante mucho tiempo se consideró que ésta había tenido lugar en 872, sin embargo, revisiones posteriores no lo tienen tan claro y la fijan en algún momento entre los años 80 del siglo IX y el 900. La espada más larga representa a la del victorioso Harald, mientras las otras dos representan a los dos reyes rivales. Al estar clavadas en la roca, de donde no pueden ser movidas, las espadas representan también la paz. Después de la batalla de Hafrsjord Noruega entró en un edad dorada después de un siglo IX de guerras constantes.






ÉPICO.

Aquí, la página web de la ciudad de Stavenger con un vídeo en el que aparece el monumento.

1 mar. 2011

Justas y torneos

Torneo. Ese bonito deporte medieval consistente en dos caballeros estampándose lanzas mutuamente hasta caerse del caballo. Bueno no, originalmente no:

Gran parte de la pompa de la vida cortesana medieval se asociaba al torneo. Un deporte de entretenimiento en el que dos equipos de caballeros realizaban un simulacro de combate según unas normas acordadas. (Pamela Porter, La guerra medieval en los manuscritos).

El objetivo de esta mini-batalla era hacer prisioneros, no matar a nadie, lógicamente. Para ello, los golpes se daban retenidos, y buscando el derribo del adversario, que una vez inmovilizado era hecho prisionero, ¡pero como es broma todo! pues no, a la hora de pagar rescate sí que se lo tomaban en serio, el vencido debía entregar su armadura, su caballo y dar su parole o palabra de honor de pagar un rescate. Dicho de otra forma, en los mundiales podría hacerse lo mismo con los equipos vencidos, y hoy España no tendría crisis...bueno, ahora que lo pienso mejor no.


Ilustración perteneciente al Codex Manesse, donde se ve como se trata de agarrarar al oponente para tomarlo prisionero.

A pesar de estas condiciones, en los primeros tiempos los torneos eran algo violento, y los accidentes proliferaban, así que se fueron puliendo las normas introduciéndose las "armas corteses": espadas embotadas, mazas de madera, lanzas de justa (un tipo de lanza de punta de madera roma y hueca por dentro), etc. De hecho, el francés Geoffroy de Preuilly fue el autor, en el siglo XI del primer tratado-reglamento sobre el tema.

El torneo tenía varias partes, al principio los dos equipos cargaban a caballo, después del choque, y los que aguantaban en la silla, se giraban (torneaban) para perseguir al contrario, entrando en el cuerpo a cuerpo o meleé. Al igual que en la vida real, se apreciaban los ardides, como pretender que no se iba a participar para luego unirse por sorpresa al equipo correspondiente cuando se hallaba exhausto. Hay noticias de torneos ante los reyes carolingios en el siglo IX, en el 1100, simulacros de combates eran populares en Francia, y cuando Geoffrey de Monmouth escribe la Historia de los Reyes de Britania en 1138 están plenamente consolidados en Inglaterra.

Pero la imagen que tenemos en mente de pelis como Ivanhoe en realidad corresponde a una justa, que es una práctica algo más tardía: en el siglo XIV la justa era un enfrentamiento dos contra dos, hasta que en el siglo XV pasaron a ser de uno contra uno. En la justa cargaban los contendientes a caballo con el objeto de romper la lanza contra el rival, así hasta seis ocasiones máximo, pasadas las cuales un juez proclamaba vencedor al caballero que hubiese roto más lanzas (o derribado al otro caballero). Como lo de dirigirse a caballo uno contra otro no dejaba de tener sus riesgos, se acabó implantando la toile, que es esa barrerita de madera que aparece en las pelis. Después de la justa comenzaba el combate a pie con armas corteses.

Torneos y justas fueron un deporte enormemente popular, en primer lugar porque todo lo que implicara armas era algo que gustaba a la nobleza por lo que conllevaba en honor y gloria, en segundo lugar porque también era un negocio: normalmente los organizaba un señor, con varias semanas de antelación, y por medio de heraldos se anunciaba fecha, lugar y sitio, el organizador estaba comprometido a alojar y aprovisionar a los participantes. Costaba un dinero sí, pero al mismo tiempo, en torno a la liza se formaba una feria que atraía a multitudes: juglares, mercaderes y mendigos. La actividad económica que se formaba era muy rentable para cualquier señor... y por supuesto, para los vencedores en forma de los rescates cobrados.

Así, entre los siglos XII y XIII un personaje como Guillermo el Mariscal podía dedicarse a vivir como caballero errante, de torneo en torneo por el norte de Francia.

En la Historia regum Anglicarum de Guillermo de Neufbourg (siglo XII) se cuenta como fueron introducidos en Inglaterra:

...los ejercicios de caballería, es decir, los combates de armas que corrientemente se llaman torneos, empezaron a difundirse en Inglaterra; el rey [Ricardo Corazón de León] así lo quería y percibía una pequeña suma de dinero (un impuesto) de cada uno de los que querían luchar...

Lo dicho, era un negocio. Quizás por eso, la Iglesia, que con este entretenimiento nobiliario no obtenía oficio ni beneficio se empeñó en condenarlos, con nulo resultado. Los Concilios de Letrán II (1139) y III (1179) los condenaron, en 1312 el papa Clemente V puso en interdicto (imposibilidad de administrar sacramentos en todo su territorio) a los señores que los organizaran... y todo ello con la efectividad que tienen las leyes impopulares: ninguna.

Porque aunque algún rey se sumó a la condena al torneo, por lo general, como nobles que eran, les podía el gusanillo caballeresco. Por ejemplo, en 1282 la Corona de Aragón y los angevinos se disputaban el control de Sicilia, Carlos de Anjou planteó resolver sus diferencias con Aragón a la manera caballeresca, a través de un torneo entre cien caballeros de cada parte, en territorio neutral bajo la jurisdicción de Eduardo I de Inglaterra, en un palenque de Burdeos el 1 de Junio. Muy bonito. Al final no acudió nadie al lugar de la cita, cosa que no les impidió arrogarse cada uno la victoria por su lado. Y acto seguido pasaron a la guerra convencional, claro.

Pero el porqué de su éxito no sólo está en el negocio que generaban o la pura cuestión ideológica, también tenían una utilidad práctica. Suele decirse que en la Edad Media no había estrategia de ninguna clase en el campo de batalla, y de hecho, frente a otros ejércitos como el romano, en la guerra medieval se valoraba el arrojo individual y la gesta heroica por encima de la disciplina de grupo. Algo que queda muy bien en las novelas pero en la práctica se corre el riesgo de acabar en masacres.

Sin embargo, y en contra de lo que se pudiera pensar, por norma general el ejército medieval era bastante disciplinado durante la batalla, el sirio del siglo XII Usamah dijo de los europeos que "son de todos los hombres los más cautos en la guerra".

Esto se lograba gracias a que durante la batalla se combatía en pequeños grupos o conrois, agrupados en torno a un estandarte, muchas de estas unidades tácticas formaban un batallón que se mantenía en formación compacta, resistía las provocaciones del enemigo y cargaba en línea recta. Pero la base de todo era el conrois, en esencia un grupo de amigos entrenados en troneos. Para muchos jóvenes caballeros, el torneo era una experiencia bélica previa que los acostumbraba a combatir en pequeños grupos en los que había que mantenerse unido para no hacer el imbécil y provocar el exterminio de toda la unidad.

Con el paso del tiempo se fueron sofisticando cada vez más, se diseñaron incluso armaduras exclusivas para la justa y a partir del siglo XVI se puede decir que tenían un carácter más ritual o de espectáculo que de entrenamiento para el combate real. Sin embargo, aún en 1559 el rey de Francia, Enrique II murió durante un torneo contra Gabriel, Conde de Montgomery, celebrado con motivo de la boda de su hija Isabel con Felipe II de España. Fue gravemente herido por la lanza del conde en un ojo, muriendo al poco tiempo. Shit happens.

Aquí dejo un vídeo del Canal de Historia (al que por cierto no soy muy aficionado, pero tiene alguna cosilla curiosa).



Related Posts with Thumbnails