25 oct. 2010

Los pueblos germánicos

Una de las cosas que tiene la historia con la que hay que andar con más cuidado es que ésta se reinterpreta constantemente según las ideas dominantes en el presente. Por eso nunca está de más ser más bien escéptico. El caso de los bárbaros es muy típico. Por ejemplo, el siglo XIX es el siglo de los nacionalismos, y una de las cosas que suele tener cualquier movimiento nacional es la necesidad de legitimarse a través de la historia ¿cómo? buscando una "esencia patria" que haga único a un pueblo y tratando de demostrar que esa esencia se mantiene inalterable con los siglos, y cuanto más antigua sea, mejor. Europa siempre lo ha tenido chungo para identificarse con el Imperio Romano: deja fuera a toda la Europa nórdica y un antepasado común era incómodo para las naciones del XIX cuyo pasatiempo favorito era rivalizar unas con otras. Así que encontraron en los diferentes pueblos germánicos (godos, francos...) a sus perfectos candidatos.
En el caso de Francia y Alemania, no es casual que durante mucho tiempo historiadores de uno y otro lado se metieran en absurdos (e inútiles) debates sobre si Carlomagno era más francés que alemán o al revés. Hoy, tenemos la Unión Europea, y Carlomagno ha pasado a ser visto como el primer impulsor de un proyecto europeo. Y
francamente, creo que Carlomagno se hubiera reído bastante con unos y otros.

La verdad es que los pueblos germánicos tenían más cosas en común que diferenciadoras, misma cultura, misma religión, mismas costumbres, mismo todo. Pero fragmentados en tribus, con el paso de los años y por necesidad, esas tribus se iban reuniendo en grandes agrupaciones o confederaciones mayores que con el tiempo crearon una identidad grupal.

Vamos a ver un poquito de esta gente:

Lo primero es el escenario, al sur de la taiga siberiana de abedules se extiende la zona de las estepas, hasta Manchuria. Ha sido recorrida por pueblos de origen indoeuropeo, turco o mongol en busca de pastos para sus animales, imponiéndose el ritmo de vida del ganado a los hombres. En verano se produce una huida a las zonas altas en busca de pasto, bajándose en invierno. Su alimentación se basa en productos lácteos, y su arte en motivos animales sobre placas de bronce. El de las estepas es un jinete excelente que se apoya en el arco y el lazo, la huida fingida y la persecución envolvente. Aquí es donde viven originalmente los pueblos de las estepas:
ávaros, hunos, alanos y sármatas.

La zona de las estepas finaliza en los Cárpatos, donde la tierra se llena de bosques y ciénagas, poblada por pueblos indoeuropeos más sedentarizados (practican el nomadismo rural), estos pueblos pertenecen a dos grupos lingüísticos:
los eslavos y los germanos.

Eslavos: al norte de los Cárpatos, entre el Vístula y el Dniéper. Su origen está en la cuenca del Pripet en Polesia (región pantanosa entre Bielorrusia y Ucrania) Estos bárbaros son más ganaderos (ganadería ovina y porcina) que agricultores, se dedican también a la pesca y la agricultura. Su paganismo es una copia casi idéntica del sármata, veneran al sol cuyos símbolos son el gallo y el caballo, y a la gran diosa en calveros con el árbol sagrado, el abedul.

Germanos: ocupan la Europa del norte y la zona del Vístula al Rin, y al sur hasta el Danubio. No son un pueblo cohesionado sino dividido en grupos con relaciones frecuentemente hostiles. A finales del siglo IV se dividían en:

Francos en la desembocadura del Rin.

Alamanes en el río Main.

Marcomanos/bávaros, cuados, suevos y turingios en el alto Danubio.

Burgundios/borgoñones en Europa centro-oriental.

Lombardos/longobardos en el curso medio del Elba.

Vándalos (asdingos y silingos), al norte de Hungría.

Más al norte, en las islas entre la desembocadura del Rin y el Elba:
frisones, jutos en la actual Jutlandia, y anglos y sajones en el bajo Elba.

Al otro lado del báltico, en Escandinavia, la fuente de todas las migraciones germánicas, se encontraban los
noruegos, suecos y daneses.

Los godos comenzaron a emigrar en el siglo II d. C. desde el sur de Escandinavia, cruzando el Báltico. En el siglo III están instalados a orillas del Mar Negro y reciben la influencia de los indoeuropeos de las estepas (eslavos y sármatas) y de los grecorromanos. Más adelante se dividieron en dos grupos, los ostrogodos se asentaron en Ucrania fundando un reino de cierta entidad, mientras que otro grupo, los visigodos derrotaron al emperador romano Valente en Adrianópolis en 378 y ocuparon los Balcanes. Como se ve en el siguiente mapa:


Europa en 378


La fuente fundamental para conocer la historia de los godos es la Historia de Jordanes, a la que pueden echar un ojo aquí.

Tácito, en la Germania señala como principal diferencia del paisaje germano la ausencia de ciudades o pueblos. Aunque acierta en esto, si que había aldeas de considerables dimensiones, de más de 40 granjas y más de 10 personas en cada una, frecuentemente rodeadas de obras defensivas como empalizadas y fosos. Había dos tipos de granjas: la más común era rectangular, tripartita, con pórtico, vivienda y establos con otras pequeñas dependencias para telares, almacenes, cocinas... la granja aristocrática se dotaba de obras defensivas y disponía de una gran sala rectangular, el hall, donde desarrollaba su vida el señor rodeado del
gefolge (séquito guerrero).
El individuo no tiene existencia más que en el seno de la comunidad, de la que la familia, patriarcal, es la célula base, formada por marido, mujer e hijos y sus dependientes, esclavos y libertos. La mujer participaba de todos los ámbitos de la vida del hombre acudiendo a la batalla a animarles y curarles, y en caso de necesidad, entrar en combate. Aunque el
mund era la autoridad total del padre sobre la mujer e hijos. La mujer germánica podía alcanzar un papel importante en el grupo. Los niños se sometían al mund hasta los 10 o 15 años en que en presencia de guerreros se les cortaba el cabello y pasaban a formar parte del gefolge.

La mayor parte de las leyes germánicas muestran que el germano no es sólo un guerrero sino también un campesino, símbolo de ello es la francisca, un tipo de hacha utilizada a la vez como herramienta de roturación y arma arrojadiza.
La agricultura y la ganadería estaban equilibradas en grado tal que sorprendió a los romanos, más agrícolas. El arado era parecido al romano en principio, pero al ser tierras más duras tuvieron que crear un arado pesado para que la reja pudiera profundizar. El cereal era esencial en su dieta, fundamentalmente la cebada, seguida de la avena y el centeno, y por último el trigo. La propiedad privada estaba muy metida en esa sociedad, aunque es verdad que había campos comunes para la ganadería, en la que destacaba el ganado vacuno, una raza pequeña que daba leche principalemente y carne.

Eran maestros en la metalurgia armamentística. El acero germánico era de mejor calidad que el romano, y la siderurgia germana un préstamo del mundo céltico, gozando los herreros de gran popularidad.


Europa en el año 400


Fuentes de las imágenes
:

La Historia con mapas

Cuadernos de Historia Medieval de la Universidad Autónoma de Madrid


Euratlas.net


19 oct. 2010

Otra entrada más sobre la caída de Roma

La mayoría de los que comentaron el post anterior se sumaron a la idea de una decadencia romana, algunos, con las lógicas reservas. Aquí no vamos a resolver lo que pasó, pero el caso es que con decadencia o sin ella, lo que sí está claro es que el Imperio había cambiado. Muchas veces se tiene la sensación de que el Imperio Romano fue una cosa inmutable puesta ahí por Octavio Augusto en 31 a.C. que se mantuvo básicamente igual (pero decadente) hasta que en el siglo V unos señores bajados del norte le pusieron fin. Cuando la política o la sociedad romana sí que variaron con el paso de los años. El mismo palabro "Imperio" es engañoso: imperio era para los romanos la potestad que algunos cargos tenían para mandar tropas, así que el emperador tenía "imperium", pero un cónsul, un procónsul o un praetor también eran técnicamente "emperadores". En realidad, Augusto y sus sucesores se llamaban a sí mismos "Príncipes", por aquello de que aunque tuvieran un poder casi absoluto, en teoría tan sólo eran "el Primer Ciudadano" (que pechá de comillas llevo puestas).
Por eso a los dos primeros siglos o Alto Imperio se los llama también Principado, el siglo III es de inflexión en la historia romana (la Anarquía), y al Bajo Imperio de los siglos IV y V se lo llama a veces Dominado porque el Princeps deja de andarse con chiquitas y empieza a intitularse Dominus (Señor), lo cual, aunque sea simbólico, ya indica un cambio de mentalidad, porque desde Constantino además, la religión cristiana les viene muy bien para afirmar que actúan como vicarios de Cristo en la Tierra y en consecuencia permitirse actuar con unas formas más despóticas.

A lo largo de la historia de Roma, además de cambiar eso cambian otras muchas cosas, por ejemplo la sociedad y la economía. Durante la República y el Principado, mucha gente al oir la palabra "Imperio" y "conquista", tiene la imagen de que detrás de las legiones venía una tropa de recaudadores de impuestos, censores, gobernadores, burócratas y civiles a asentarse en el territorio y despojar a los vencidos sistemáticamente de su cultura y su todo, pero en realidad la Administración romana no funcionaba así, sino que más bien practicaba un "dejar hacer". A las elites senatoriales lo que les interesaba era hacer negocio sin complicarse mucho la cabeza, sin voluntad de asimilar a nadie. En principio.
Pero estaba el tema del derecho, un municipio conquistado seguía regiéndose por su propia costumbre como si nada hubiese cambiado: aparte de satisfacer un
tributum una comunidad indígena podía ver pasar años desde la conquista sin que su vida variase sustancialmente. Pero si a ese municipio se le otorgaba el ius latii, el derecho romano, obtenía importantes privilegios, principalmente fiscales, además de que las elites indígenas podían especular con hacer carrera política, incluso quién sabe, en Roma (y de hecho, la tendencia terminó siendo la aparición de emperadores hispanos, galos, árabes...) La clave para conseguir esta distinción era parecer más romano que los romanos, así que la famosa "romanización" no fue un proceso consciente impuesto desde Roma: era algo de lo que mucha gente podía sacar tajada. Por la fuerza hubiese sido imposible mantener unido tanto territorio tanto tiempo.
Mientras tanto la explotación de minas, impuestos y demás riquezas se concedían a sociedades privadas o
publicani, que podían dedicarse a forrarse mientras pagasen puntualmente en Roma. Aunque Augusto ya crease un cuerpo de funcionarios, la confusión de lo público con los negocios privados fue una constante durante mucho tiempo.

Entonces llegó el siglo III:

El siglo III fue una racha más bien mala para el Imperio, para empezar, en el exterior se le acumulaban los enemigos, principalmente los persas (en 260, el emperador Valeriano fue derrotado por el persa Sapor I, victoria que quedó reflejada en una estela con Sapor pisando al emperador romano).Pero el mayor problema en el siglo III era la economía: un aumento galopante de la inflación que se intentó corregir bajando la cantidad de plata en las monedas y así poner más dinero en circulación, con un resultado: la inflación se disparó aún más.

Una soldadesca con problemas adquisitivos por lo caro que se estaba poniendo todo, y con un protagonismo desmesurado debido a que eran más necesarios que nunca en las fronteras provocaron una época de guerras civiles constantes que duraron todo el siglo III, en que prácticamente todo cristo aspiraba a ser nombrado emperador por la guarnición de su pueblo.

A finales del siglo, el emperador Diocleciano vino a arreglar un poco las cosas, o eso pretendía, porque a mí siempre me han contado que Diocleciano era una mente preclara de la política cuando lo que vino a hacer fue liarlo todo aun más.

Sin dejar de ser emperador, nombró "César" (285) y luego "Augusto" (286) a Maximiano que tendría control sobre el occidente, mientras que el propio Diocleciano se reservaba la que ya era la parte más jugosa del Imperio: la oriental. En 293 nombró otros dos "césares": Constancio Cloro bajo la tutela de su "Augusto" en occidente y Galerio en Oriente bajo tutela de Diocleciano. Para reforzar aún más la lealtad mutua cada uno de los césares se casó con las hijas de sus respectivos augustos.
Se supone que las cosas debían haber funcionado así: los dos augustos controlan directamente unos territorios, el resto, se lo reparten los dos césares, cada uno de ellos supervisado por su superior. En 305 los dos augustos tendrían que retirarse y dar paso a sus dos césares, que pasaban a su vez a ser augustos.

La Tetrarquía, como se la conoce, no duró ni dos días (se veía venir): hay una serie de chanchullos entre Augustos y Césares y...bueno, en lugar de reforzarse la unidad del Imperio, lo que provoca es un montón de guerras civiles en las que se suceden emperadores por todas partes hasta que sólo queda uno:
Constantino, después de derrotar a Majencio en la Batalla del Puente Milvio (312) supuestamente gracias al símbolo cristiano que pintó en los escudos de su ejército.

El siglo IV

Y ya con Constantino nos metemos en el siglo IV. Se puede poner el reinado de Constantino como punto de partida de la "cristianización" del Imperio, a pesar de que él mismo fue pagano hasta sus últimos días, permitió "oficialmente" la existencia del Cristanismo dentro de sus fronteras, y convocó el Concilio de Nicea en 325 para poner fin a las disputas entre las diferentes facciones de la Iglesia, condenar la llamada herejía arriana (que era la religión de los germanos) y en fin, el Imperio empezó a ser un Imperio cristiano. (Aquí la polémica que se generó en el magnífico blog HistoriaClásica.com con motivo de Nicea).

Constantino es además famoso por haber fundado Constantinopla y haber puesto allí la capital imperial, confirmando así que el centro del Imperio se trasladaba a Oriente.

Pero el emperador que realmente hizo del Cristianismo religión oficial del Imperio fue Teodosio en 380 con el Edicto de Tesalónica. Además, Teodosio es también conocido por ser el último emperador de un Imperio unificado, a su muerte, se divide entre sus dos hijos: Arcadio en Oriente y Honorio en Occidente. A partir de entonces la historia de Occidente, será la de las invasiones hasta la extinción definitiva de la dignidad imperial. A la parte Oriental todavía le quedaba un largo camino por recorrer hasta 1453.

El imperio estaba dividido teritoralmente en prefecturas, subdivididas en diócesis presididas por un vicario. A su vez, cada diócesis se dividía en provincias, gobernadas por un cónsul o procónsul. Las provincias en conventus, y los conventus en municipios.


Sociedad y economía

A mí siempre me ha dado la sensación de que al Imperio le terminó llegando lo que a otros, una crisis de expansión. Mientras hubiese nuevas tierras que conquistar, nuevas remesas de metal llegando a Roma y nuevos mercados que abrir, todo bien, pero detenida la conquista y su efecto dinamizador de la economía, llega el estancamiento, y la principal consecuencia suele ser la inflación. Lo que supone pérdida de poder adquisitivo y de bienestar para las clases "medias" y por tanto, inestabilidad social. Pero también una bajada en los ingresos de la Administración: ¿qué medidas toma para compensar? pues desde Diocleciano, básicamente dos:

1) La falta de movilidad: tanto física como laboral, prohibir por ley el cambio de residencia y que un hijo tomase otra profesión que no fuese la de su padre. Así se aumentaba el control sobre la población y se ponía más difícil la evasión del fisco.

2) Aumentar la burocracia para asegurarse el cobro de los impuestos, con el inconveniente de que una burocracia más pesada es más cara de mantener, así que a su vez hay que ir aumentando los impuestos para sostener un estructura que a su vez se tiene que hacer más gorda para poder seguir controlándolos...¿me siguen?

Así que al final el efecto conseguido fue justo el contrario: la elites que podían pagar pero no querían fueron emigrando al campo convirtiéndose en auténticos señores al margen del Estado, en ocasiones con ejércitos propios, y los más humildes de la ciudad se fueron también al campo a ser "protegidos" del Estado por esos señores. En la ciudad cada vez queda menos gente y el Estado tiene cada vez menos recursos.

Claro que es una opinión mía: que los siglos bajoimperiales estuvieron caracterizados por el anquilosamiento del Estado y la inflación es un hecho, yo sólo me apunto a la opinión de que esto fue lo principal, otros le echarán la culpa a la presión militar en las fronteras, etc. Y al final lo de siempre:
¿presión en las fronteras aprovechándose de la decadencia?¿Decadencia por culpa de soportar la presión en las fronteras? He aquí uno de los grandes problemas que se encuentran los historiadores de todas las épocas en cualquier parte: el del huevo y la gallina.

Y yo no lo voy a resolver, así que dejo ya en paz al Imperio, que ya les llega el turno a mis amigos los bárbaros.

7 oct. 2010

La caída de Roma y el fin de la civilización

Hace poco me terminé La caída de Roma y el fin de la civilización (2005) de Bryan Ward-Perkins. Y me ha gustado. Me ha gustado mucho a pesar de que el libro defiende una idea central de la que no ha logrado convencerme. Eso sí, por el camino dice muchas otras cosas valiosas, y todo muy bien defendido, muy bien citado, y...y...¡maldición!, que cuesta trabajo llevarle la contraria.

Aparentemente Ward-Perkins defiende justo lo contrario a lo que decía Pirenne en su día: vamos, que vuelve a la idea de una extinción brusca y dramática del Imperio Romano.
Aparentemente, porque en realidad ambos defienden lo mismo en muchas ocasiones, la continuidad de muchos aspectos notables del Imperio en los reinos germánicos. El problema que tengo con Perkins no es lo que dice para el después de la caída, sino para el antes.

A ver, en los últimos tiempos algunos historiadores defendieron una visión muy rosa de la desaparición del Imperio como unidad política, sin violencias de ningún tipo y con muy buen rollo todo. La reacción vino en 2005 con dos británicos que recuperaban una visión más tradicional: Peter Heather y La caída del Imperio Romano y el señor que nos ocupa hoy.

Ward-Perkins defiende que el Imperio Romano fue brillante hasta los últimos momentos antes de la caída, que el nivel de bienestar de la gente era enorme hasta sus últimos días, que el campesino más humilde tenía acceso a productos de calidad, y que todo cambia por un único factor externo, chispa de todos los internos: las invasiones germánicas. Y que si Occidente cae y el Oriente no, es por mala suerte (como suena) y unos pocos errores de gestión. Vamos, ni decadencia ni causas sociales: conquista pura y dura.

Esto, que dicho así suena muy mal, lo defiende admirablemente bien y con sentido del humor: se nota que Ward-Perkins viene del mundo de la arqueología, y acude a una herramienta utilísima que todo estudiante de historia aprende a odiar con toda su alma: los putos cacharritos de cerámica. Con ellos demuestra una bajada dramática de la población a principios de la Alta Edad Media, un descenso en el comercio y en general en el nivel de vida.

Pero hasta que todo se acaba de golpe y porrazo, el Imperio se conservaba con una salud envidiable, como diría uno que yo me sé: Roma va bien.

Cosas que opongo:

Siglo III: el Imperio entró en una anarquía política y militar de 75 años en que hasta la guarnición del último pueblo de Britania nombraba a su propio emperador. Cuando se recupera el orden ya en el siglo IV lo hace Diocleciano partiendo el Imperio en 4 trozos, Constantino lo reunifica después, pero a partir de ese día, la división no hará sino agrandarse.
Vale, son cosas de política que en principio no tienen porque afectar a la población, pero después de 200 años de paz, que de repente se líen a guerras civiles por todas partes tiene que ser síntoma de algo.

Bacaudae y herejes: bandas de campesinos desheredados que sacuden todo occidente desde el siglo III. Como dice Ward-Perkins, en el siglo V las derrotas militares a manos de germanos alimentaron el descontento de estos grupos sociales y leyéndolo, da la sensación de que los bacaudae aparecen el mismo tiempo que los bárbaros, pero no llega a afirmarlo claramente. No lo afirma porque el caso es que los descontentos ya estaban ahí de antes. Puede que se hagan notar más con las sucesivas derrotas imperiales, pero en un Imperio donde, como defiende, el bienestar seguía llegando a todas las capas de la población, no se forman bandas de salteadores. Hace falta un descontento muy grande previo a la llegada de nadie desde fuera.

El avance del latifundismo: desde la anarquía del siglo III muchos habitantes de las ciudades y muchos pequeños propietarios que ya no podían pagar sus impuestos se ven obligados a ceder sus tierras a un gran propietario que los "protege" (en el sentido de "proteger" de El Padrino) mientras ellos seguían trabajando, pero ahora, como colonos.

Y, en general, la propia experiencia histórica: hay montones de ejemplos de Imperios que siempre tienen la misma presión en la frontera, pero que sólo se hace insoportable cuando se colapsan ellos solitos por dentro.

Ahora bien, tiene cosas muy interesantes:

Los romanos tuvieron la inmensa suerte de que sus invasores, si algo sentían por ellos, era admiración, y lo único que buscaban era participar de la riqueza material del imperio. Eso facilitó mucho las cosas para una posterior coexistencia de unos y otros, y la fusión de ambos pueblos. No dice lo mismo de los romanos, de los que cuenta que despreciaban a los germanos, y éstos, que tontos no eran, se daban perfecta cuenta, dando un par de testimonios interesantes al respecto:

En 393, el aristócrata romano Símaco llevó a Roma un grupo de prisioneros sajones con intención de que se matasen entre sí públicamente, en unos juegos gladiatorios que iba a celebrar en honor de su hijo. Sin embargo, antes de que los exhibieran, veintinueve de ellos se suicidaron del único modo que tenían a su disposición: estrangulándose unos a otros con sus propias manos. Para nosotros, su terrible muerte supone un valiente acto de desafío. Pero Símaco entendió su suicidio como la obra de un «grupo de hombres más viles que Espartaco» que había sido enviado para ponerlo a prueba.

Además señala un aspecto para mí fundamental en la derrota militar del Imperio: la sociedad romana estaba hiperespecializada, los romanos compraban su cerámica a talleres profesionales, las ciudades importaban los productos agrícolas de un campo especializado y confiaban su defensa a un ejército profesional. Los germanos no tenían esta especialización, así que mientras todo varón (y si era necesario toda mujer) germano era un guerrero en potencia, una vez desmantelada una legión romana no era tan fácil de reponer, y lo mismo ocurre con lo demás: acabar con la industria de un sólo lugar suponía dejar sin abastecimiento a regiones muy alejadas incapaces de producir por sí mismas incluso los bienes más básicos. Los pueblos menos complejos eran los más autosuficientes. Imaginen si eso ocurriese hoy: el Ikea consistiría en tener que ir al bosque a cortarse los maderos uno mismo. Un drama.

Pero en fin sigo pensando que hubo decadencia previa. En cuanto a las causas de ésta...un estudioso alemán se dedicó en 1984 a glosar todas las posibles causas de la decadencia que se habían ido alegando en la historiografía: reunió 210. Incluyendo las más chorras como la ¡impotencia! (Cipolla hace buena burla de esto en Allegro, ma non troppo). Y yo, como todo hijo de vecino, tengo mis propias opiniones...pero las veremos en el próximo episodio que ya me estoy colando.

Entretanto los invito a que opinen: ¿decadentistas o rupturistas?

1 oct. 2010

Googlum

Hay algo que tengo que confesar: no sé latín.

Debería, pero el plan de Ciencias Sociales que tuve años ha no incluía el latín. Intenté ponerme a ello en la facultad, pero las vicisitudes de la vida (en concreto un profesor con menos ganas de trabajar que el sastre de Tarzán) lo impidieron. Eso sí, me regalaron hermosos créditos por no hacer NADA. Si aquel día alguien de ciencias me hubiera dicho que los de letras no hacemos nada, hubiera tenido que salir corriendo humillado hasta el día del Juicio Final. Afortunadamente esto no fue así siempre. Que mis buenos malos ratos me llevé en la carrera.

Hace un tiempo el centro asociado de la UNED de mi ciudad hizo renovación de fondos de su biblioteca, Jude se enteró, y junto con otras cositas interesantes (una Historia de Bizancio y una Historia Moderna de Asia) tuvo el detalle de traerme un manual de latín bastante reciente, de 2008. Se pusieron a regalar libros, y los que no colocaran me temo que fueron a parar al cielo de los libros. Así que como es posible que lo necesite en un futuro no lejano, ahí está, esperando que me ponga con él en plan autodidacta, cuando pueda, claro.

El caso es que desde ayer el traductor de Google ¡ya está disponible en latín! Foreros del mundo, ya podéis insultar en latín, ¡qué digo insultar! ¡podéis convocar Cruzadas!

Estos traductores supongo que suelen fallar mucho, y yo no puedo darme cuenta, así que para probarlo he escogido una frase interneteira que no suele tener problemas si va con faltas gramaticales:

"Necesito su número de cuenta"

Egeo vestri ratio numeri

Pero tampoco debe ir muy mal si al poner esto:

De furore normanorum liberanos domine

sale esto:

"De la ira de los normandos, oh Señor, líbranos"

Pero en general supongo que puede llegar a ser una herramienta útil, y un paso más de Google en su carrera por dominar el mundo.
Y tras este interludio, la próxima entrada, continuación de la anterior sobre la caída del Imperio Romano, de dimensiones épicas, está ya lista. Así que ya mismo la pondré por aquí.
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